miércoles, 18 de abril de 2012

Cena - Capitulo 7.


Triland Port, 4 de mayo


En el momento en que Sam supo que Leanne iría a la cena de Steve enloqueció de alegría y olvidó por completo el pequeño percance que habían tenido en la mañana.
 Leanne le preguntó si le prestaba algo de ropa apropiada para la ocasión, pero Samantha se negó rotundamente:
—De ninguna manera, Leah. Esta es una salida especial, por lo tanto tendremos que ir de compras. —le había respondido emocionada
Leah simplemente se dejó arrastrar por el entusiasmo de su amiga y estuvieron practicamente tres horas recorriendo las mejores tiendas del centro de Triland.
El resto de la tarde Samantha lo dedicó a arreglar y peinar a Leah hasta dejarla hecha una maravilla, y para cuando Steve volvió al apartamento ambas estaban listas.
—Oh, creo que me he equivocado de puerta —bromeó al entrar—. Guau, chicas, ¿de verdad son ustedes? Están preciosas.
—Vamos, no exageres.
—No lo hago. De verdad se ven hermosas. —respondió, más serio esta vez.
 Cuando se bajaron del auto de Steve frente al restaurante Leanne quedó atónita. Agradeció al cielo por dejar que Sam la obligara a comprarse ropa nueva, porque evidentemente nada de lo que tenía en su armario se veía adecuado para tal lugar. Era una edificación enorme, de estilo victoriano y sumamente refinado.
Se preguntó a que le llamaría «elegante» Steve, porque le había dicho que no se vista de gala pero sin lugar a dudas este lugar lo requería y también él venía vestido acorde a la situación. Estaba realmente encantador con una camisa azul y una chaqueta negra encima, luciendo un enorme y hermoso reloj de plata en la mano derecha.
El maítre los dirigió a una mesa en el piso superior donde ya los esperaban al menos cuatro personas. Al verlos llegar una chica de cabello rubio y ojos oscuros se puso de pie para abrazar a Steven, y luego se sentó a su lado.
Jenna, supuso Leanne.
Leah se sentó en el extremo opuesto a Jenna, al lado de Sam, y frente a dos chicos que hablaban tranquilamente. Uno era de aspecto desgarbado, de cabello castaño claro y ojos miel al que Steve había presentado como Lyon, y el otro, Kellan, mucho más fornido, de ojos oscuros y una cabellera despeinada de color carbón. También había otra chica de mirada nerviosa y pelo risado llamada Katia, que no le sacaba la mirada de encima a Steve. Ninguno de ellos parecía superar los veinticinco años.
 Todos comían, bebían y reían animadamente, mientras contaban anécdotas de forma divertida o hablaban de personas a las que Leah no conocía. Pero sin lugar a dudas el centro de atención era Jenna. No paraba de alardear de sus viajes a Londres, Amsterdam, Estocolmo, Verona, Paris, etc, y todos la escuchaban atentamente, cautivados. No se podía negar que tenía una elegancia y carisma naturales. No le sorprendía que Steven fuera su novio, ni mucho menos que hablara de casarse con ella. Pero aún así había algo en Jenna que no le terminaba de gustar. Su mirada era fría y arrogante. Por un segundo creyó estar viendo a Donna en persona y un escalofrío la recorrió. En un momento dejó de escuchar sus largas historias y su voz aguda, y le pareció escuchar la voz metálica de Donna:
—«No te engañes. Ian nunca llegará a ser nadie junto a alguien como tú. No lo arrastres contigo al fracaso, Leanne. Él merece algo mejor
El solo imaginarlo la hizo dar un golpe con el puño a la mesa, y al instante todos abandonaron sus respectivas conversaciones para fijar sus desentendidas miradas en Leah.
—¿Está todo en orden, Leah? —preguntó Steven, preocupado.
—Si, lo siento. Creo que saldré a fumar un cigarrillo. —se excusó, poniéndose de pie y caminando mareada hasta la terraza.
Las copas de champán y el whisky que había bebido se le empezaban a subir a la cabeza.
Abrió la puerta de cristal que daba a la terraza y la brisa gélida de la noche la golpeó en la cara. Se aproximó hasta la barandilla y encendió un cigarillo.
 Había sido perturbador «ver» a Donna y por un minuto se preguntó si había cumplido su promesa. Quiso convencerse de que así era.
Se preguntó que era de la vida de los hermanos pequeños de Ian, y deseó con todo su corazón que no sufrieran demasiado si su madre enfermaba más o moría. Eran niños tan especiales y valiosos. Especialmente Molly. La niña más encantadora que había conocido. Intentó imaginarla dentro de unos años, cuando se convirtiera en una adolescente y más tarde en una mujer, y se le encogió el corazón al pensar que nunca más la podría ver.
 Los Higgins habían marcado su vida para siempre. Nunca conocería una familia igual a la de Ian. Aunque luego pensó que ella hubiera adorado a su familia aunque fuera cualquier otra. Él era el que la hacía especial.
—¿Bonita noche, eh? —oyó que decía un muchacho a su lado, y tardó unos segundos en darse cuenta que era Kellan y que le hablaba a ella.
Leah se limitó a asentir con la cabeza. Le molestaba de sobremanera que interrumpieran sus pensamientos, y además no tenía ganas de hacer sociales con los amigos de Steven, a los que ni siquiera conocía.
—¿Eres de esta ciudad? —preguntó, insistiendo en entablar conversación.
—No. Bueno, sí. Mas o menos. A decir verdad vivo aquí, pero no hace mucho.
—Lo imaginé.
Leanne enarcó una ceja. No comprendía.
Él la miró y rió ante su cara de confusión.
—Tienes acento sureño. Se nota que no eres de aquí —aclaró—. ¿Dónde vivías?
Caviló por un momento. No sabía si tenía ganas de contestar esa pregunta.
—Remembranzas —soltó finalmente, con un gusto amargo en la boca.
—Hmm, he estado por ahí un par de veces. Es un bonito lugar. Muy tranquilo. Libre del ajetreo de las grandes ciudades.
—Así es.
—Yo nací en Vercega, al éste de Monte Mercuccio. Aunque ahora vivo aquí.
Un chico con dinero, pensó Leah al tiempo que le daba la última calada a su cigarrillo.
—¿Y porqué te mudaste? —preguntó ella, arrepintiéndose enseguida de haberlo hecho, ya que seguramente él se lo preguntaría a ella después.
—Digamos que me aburrí. Tanto Vercega como Mercuccio son dos ciudades enormes y llenas de posibilidades, con lugares deslumbrantes y toda la cosa. Pero cuando terminé la universidad me di cuenta de que ése no era un sitio para mí. Se podría decir que cuando vives por años rodeado de gente arrogante y superficial tienes dos opciones: convertirte en uno de ellos o huir. Y ya vez, preferí huir.
—Dudo que en Triland sea muy diferente —observó Leanne.
Kellan soltó una pequeña carcajada.
—¿Alguna vez visitaste Vercega?
—A decir verdad no. Pero me es difícil imaginar una ciudad peor que esta.
—Vete a vivir a mi ciudad un par de años y cuando vuelvas a Triland Port te sentirás en el paraíso —sugirió con una sonrisa.
—No, gracias. Ya me es bastante malo vivir aquí para conocer un lugar peor.
—¿Y tú porqué te mudaste? —preguntó Kellan, formulando la pregunta que Leah no quería responder.
Para su suerte, el suave sonido de la puerta de la terraza distrajo la atención de ambos, salvándola de contestar.
Steven se acercaba a ellos.
—Vaya, nos han abandonado en la mesa, ¿tan bien se está aquí? —preguntó, mirando a Kellan— Kell, ¿te molestaría ir a suplantarme un momento allá dentro?
Kellan entendió que quería que los dejara solos y asintió con la cabeza, mientras se alejaba.
—Veo que le has caído bien a mi amigo —comentó Steve con tono insinuante.
—Tú no tendrías que estar aquí. Tus invitados están dentro.
—No todos...
—Entro en un momento. Necesitaba tomar aire.
—Vamos, Leah, solo hace tres meses que te conozco y hasta yo puedo darme cuenta de que algo no va bien. ¿Qué sucede?
—No sé de que hablas —respondió Leah, fingiendo no entender.
—No te hagas la tonta conmigo. Vi muy bien la forma en que reaccionaste cuando Jenna hablaba. ¿Qué pasa? ¿No te cae bien?
—Por Dios, Steven, estás paranoico. No es nada de eso.
—Oh claro, ahora estoy loco.
—En absoluto, aquí la loca soy yo. No hay lugar para dos locos en el décimo piso —repuso Leanne, bromeando e intentando desviar la conversación.
—Entonces debes ser tú la que me tiene loco—insinuó con doble sentido, bajando la voz.
—Oh, siento interrumpirlos... —intervino de pronto Jenna con voz cortante.
—Jenna...—murmuró Steve, temeroso de que su novia lo hubiera escuchado, al tiempo que los dos se volteaban para verla, sorprendidos.
—Maldita sea, Steven. Tienes tan poca decencia que coqueteas con cualquiera en mis narices y encima la invitas a nuestra mesa.
—No, mi amor, esto de verdad es un malentendido.
—¿Crees que no te escuche? —preguntó, apunto de estallar en cólera— ''Entonces debes ser tú la que me tiene loco''—continuó, imitando con tono burlón la voz de Steven— ¿Te piensas que soy imbécil? Eres un bastardo, Steven. Y maldigo la hora en la que te perdoné que me fueras infiel.
 Leanne estaba atónita. No sabía si quedarse o salir corriendo. Tenía ganas de que se la tragase la tierra. No podía creer que Jenna pensara que Steve la engañaría con alguien como ella. No se sentía a la altura de Jenna, ni mucho menos.
—Estás equivocada, Jen. Por el amor de Dios, calmate. Estás armando un escandalo.
—No puedo creer que me hicieras esto de nuevo...—dijo con la voz quebrada, ahogada por las lágrimas.
 Jenna estaba mal de verdad, y Leah lo notaba. Ahora no se parecía nada a Donna. Sus ojos reflejaban el más puro dolor.
—Oh no, no, no. Amor, de verdad, yo no he hecho nada.
—¡No has hecho nada porque he llegado antes! Aún no puedo creer que te importe tan poco humillarme delante de todas estas personas.
—Cariño, porfavor, escuchame, puedo explicarlo...—suplicó Steven con voz acongojada.
—Te escuché durante un año entero, Steven. Un año. Te perdoné que me mintieras, que me engañaras, que me hicieras sufrir, y siempre estuve contigo. Me prometiste que cambiarías por mí. Me dijiste que me amabas y que te casarías conmigo, y ahora me doy cuenta que solo eran más mentiras. No quiero escucharte más. No quiero volver a verte. No dejaré que me hagas más daño.
 A Leah se le encogió el corazón al ver la penosa imagen de Jenna y la agonía de sus palabras. Quería acercarse y explicarle todo, pero eso solo empeoraría las cosas.
—Porfavor, Jen, dame un minuto y te lo explicaré todo. No es nada de lo que tú piensas. —respondió Steven desesperado, acercandose para abrazarla.
—¡Alejate de mí! —gritó Jenna entre lágrimas e hizo que las demás personas que estaban en la terraza se voltearan a verlos— No quiero que me toques.
—Estás muy alterada. Mejor te llevo a tu casa y hablamos.
—¡Yo no iré contigo a ningún lado!
—Cariño, estás exagerando. Yo no estaba haciendo nada.
—¿Entonces quién es ésta? ¿Porqué la has traído a la cena?
—Ella es Leanne, una amiga. Vive con mi prima.
—Vaya, eso explica muchas cosas. Ahora entiendo porque te querías ir a vivir con Samantha y no conmigo cuando Ryan te echó de tu casa.
—¡No, Jenna, no! Estás entendiendo todo mal.
—Apuesto que te acuestas con ella todas las noches, ¿a que si?. Eres un hijo de puta, Steven.
—Jen, amor, no me hagas esto. Por favor. Es mi cumpleaños, ¿recuerdas?
—¡Oh, claro, es tu cumpleaños! Lo olvidaba. Pues tengo un regalo para ti. —dijo Jenna, al tiempo que se sacaba un anillo del dedo anular y lo dejaba en la palma de la mano de Steven.
—Este es el anillo de compromiso que te regalé...—murmuró él, titubeando.
—Venga ya, que listo eres.
—Jenna, este es tu anillo. —repitió.
—No, a partir de hoy es tu anillo. Yo ya no lo quiero, ni lo necesito.
—¿Estás rompiendo conmigo?
—¿Qué crees? —inquirió acomodándose la cartera en el hombro.
—Oye, tú no puedes...
—Oh, si que puedo. Claro que puedo. Hasta nunca, mi amor. —concluyó, dándose media vuelta y encaminándose a la puerta.
—Jen, te llamaré más tarde, ¿vale? Tú y yo tenemos que hablar. Esto no quedará así. —farfulló en voz alta Steve antes que ella desapareciera.
—Púdrete Steven. —soltó al tiempo que cruzaba la puerta.
 Después de lo sucedido ambos entraron en silencio y se sentaron nuevamente en la mesa, ante los ojos expectantes de todos los presentes que seguramente habían visto a Jenna marcharse como alma que lleva el diablo. Nadie hizo preguntas, solamente se limitaron a terminar la cena en silencio. Todos estaban de acuerdo en que la fiesta había terminado por esa noche.
Samantha no pudo contener más su curiosidad y estalló cuando iban camino al apartamento en el auto de Steven.
—¿Pero que rayos pasó allá fuera? Madre mía, ¿han visto como se fue Jenna? Esa chica estaba echa una furia.
No obtuvo respuesta por parte de Steve, por tanto intentó sacarle información a Leah, que iba sentada a su lado.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Alguien me quiere decir?
—Si serás pesada... —resopló Leanne, poniendo los ojos en blanco—. Steven y Jenna han discutido. Nada más. —continuó en voz baja.
—¿Qué se han peleado? —preguntó casi en un grito de emoción— ¡Felicidades, Steven! Ya venía siendo hora de que te quites de encima a esa arpía.
—No es gracioso, Samantha.
—¡Claro que lo es! Vaya regalo de cumpleaños. Esta vez si que se ha portado la chiquilla.
—¿Quieres continuar lo que queda de viaje a pie?
—Hombre, que amargado me has salido. Relájate Steven, por Dios. Al fin y al cabo es tu cumpleaños, y no es justo que esa estúpida lo arruine.
—No hables así de ella.
—Solo digo la verdad. Esa chica no era para ti, escucha lo que te digo. Es demasiado hueca. ¿Es que acaso no la has escuchado hablar? Yo creo seriamente que le faltan unos cuantos caramelos en el frasco.
Steven detuvo el auto en seco.
—Donde me sigas fastidiando te bajas del coche.
Samantha soltó una carcajada.
—Anda, ¿de verdad? —preguntó con voz burlona.
—No me desafíes...
—Bueno, entonces venga, obligame a bajar.
—No quieres que lo haga. Sam, es mejor cerrar la boca y nos ahorramos la molestia ambos.
—Pues no, no cerraré la boca.
—Eres odiosa. —masculló Steven, fulminándola con la mirada por el espejo retrovisor, mientras volvía a poner en marcha el auto y Samantha se carcajeaba.

15 comentarios:

RoCiio dijo...

HOLAA!
*_* ¡WOOOOW! Dios, no tengo palabras...Que super capítulo *-* Me encanta, me ha encantado, escribes tan...Perfecto, al igual que tus capítulos :) me encanta tu novela, por favor síguela pronto :P, jeje.
Y gracias por pasarte por mi blog :D
BESOOOS ;)

MeriiXún dijo...

Me encanta, sé que sonaré repetitiva, pero es que todos los capítulos son geniales :) besoos ^^

marymaria dijo...

Hola, realmente da gusto leer una historia que se publica tan seguido, asi no esperamos demasiado para leer lo que sigue y no nos olvidamos de la trama.

Esa Jena es una histerica, si creo que la fracesita de Steven fue suficiente para que se enojara, pero armar tremendo escandalo me pareció demasiado.

Espero el sgte cap.

Noa dijo...

ksdhivsopbifhb
¡Ésta Samantha es la caña, Lucía!. :3

La verdad es que Jenna me ha parecido una tía demasiado ''histérica''. Me alegro que haya terminado con Steve, aunque solo fuese por un malentendido.

¡Jolín!, ¿por qué son tan intensos?. Me encantan.

Đēβởởгαα! dijo...

ME ENCANTAA! :D Jajaj me hizo gracia Sam jaja xD Publica pronto! :) Un besazo! :D

Milagros, la androide. dijo...

Que hermoso texto, es genial!

Luna Violeta dijo...

Pues menuda cena! XD Ya me parecia que Jenna no duraria demasiado! En cuanto a Leah, uhy que momento incomodo por dios!Yo que ella me tiraba por la terraza ._. Y me he matado de la risa con sam, esa chica es mi idola!
Otro capitulo precioso!
Un beso :D
P/D: Pasate por mi blog que te espera una linda sorpresa para ti!

victoria dijo...

woaaw!!!!! que capitulo!!! pobre leah!! Dios que pena!! jaja me dio mucha risa Sam jaja. tu muy bien ;) espero el suiente capitulo cuidate, besos


victoria<3!

Nancy dijo...

Me encanta!
Tienes que seguir escribiendo ehhh!
Un abrazo♥!

camy dijo...

Lu perdo por no darte señales de vida con mis comentarios,en unos dias prometo y te lo prometo ke dejare comentarios en las cap que no comente,te lo re...prometo.
Un beso grandote.
Camy...

Orne dijo...

Hola! cuando puedas, pasate por mi Blog que te deje un jueguito ;)

Nancy dijo...

Veo que ya te lo dieron pero tienes un premio en mi blog♥!

Mas duro que el Cielo dijo...

Holaaaa, al fin pude volver, pero voy a comentar lo mas rápido que pueda así puedo seguir leyendo y no dejar capitulos sin leer :P

AMO la novela, es demasiado genial, a mi tampoco me caía bien la novia de Steven así que mejor que se pelearan :P jajaja
Samantha me hizo reír en la ultima parte :P jajajaajjaa

Bueno nada sigo leyendo, no podes tener tanto talento para escribir, ame los dialogos y todo, fue geniaaaaal y sobre todo fue genial que Steven le insinuara cosas a Leanne :B

sunshine dijo...

yo sabiia q le gustaba!! xq lo dijo cn doble sentido y ps si esta bn q jenna se molestara pero tampoco que armara ese escandalo...
amoo tu nove:D no he podido parar d eleerla jaja me pondre al dia!!

Mariana dijo...

Qué ganas de desaparecer me provocaría estar en medio de esa discusión! O mejor dicho, ser la causa de esa pelea...
Ah, hola!
No comente el capítulo anterior porque quería leer enseguida este a ver que pasaba, y mira lo que me encontré!
Me cae bien Steve es simpaticón pero Jenna, es tan... Donna!
Coincido con Sam en todo lo que dijo! Y eso de los caramelos en el frasco me encanto!
Me encantaron ambos capítulos! Seguro que digo esto en cada capítulo no? Pero es pura verdad!
Voy a seguir leyendo!
Un beso!