sábado, 14 de abril de 2012

Despedida - Capitulo 5.


Remembranzas, 18 de febrero

 Para cuando salió de la casa de Donna ya había tomado una decisión.
No entendía como Donna había logrado convencerla, pero lo había echo y ya no había marcha atrás. Leanne le había dado su palabra de que se iria lo más lejos posible con tal de que ella cumpliera con lo prometido. Aunque Donna le había dejado claro que sólo cumpliría con su parte una vez que Leanne estuviera fuera de la ciudad.
Leah no tenía ninguna seguridad de que Donna sería fiel a su promesa, pero era un riesgo que tenía que tomar. No tenía ninguna otra opción.
 El acuerdo era que Donna ayudaría en todo lo posible a Ian siempre y cuando Leanne se marchara para no regresar. Y no solo eso, si no que quedaba prohibido intentar comunicarse con él por cualquier medio. 
Ambas pactaron que jamás le contarían a Ian sobre su trato.
 Leanne le había pedido que le diera un par de días antes de irse. Tenía decidir a donde se iría, juntar algunas pertenencias, renunciar a su trabajo, y lo más difícil: romper con Ian. 
 Lo primero que hizo al llegar a su casa fue llamar al bar donde trabajaba. Habló con el dueño y le inventó una historia de porqué se iba de Remembranzas.
 Lo segundo era intentar comunicarse con Samantha, su vieja amiga. Buscó en su agenda y dio con el único número de teléfono que Samantha le había dado.
La atendió una mujer mayor que le comunicó que Samantha ya no vivía allí, pero le pasó otro número para que pudiera encontrarla.
—¿Quién habla? —preguntó del otro lado la voz que Leah conocía tan bien.
—Sam, soy Leanne W...
—¡Leah! —exclamó Sam, interrumpiéndola con alegría— ¡Qué sorpresa! Me alegra escucharte después de tanto tiempo, amiga.
Se mantuvieron hablando durante prácticamente dos horas para ponerse al corriente de sus respectivas vidas. Leanne le contó todo lo que había sucedido con Donna, y Sam practicamente la obligó a que fuera a vivir con ella, al menos durante un tiempo.
—¡Tienes que venir a Triland Port, Leah! Esta ciudad es lo máximo. Te encantará. Lo sé. Sé que está prácticamente a siete horas de vuelo, pero vale la pena. Además, te hará bien tener a alguien más para ayudar a curarte las heridas. 
 Luego de cortar la llamada se preparó un bocadillo y se dispuso a armar su maleta. Extrañaría su casa.
 Unas inmensas ganas de llorar la abrumaron, pero no se lo permitió. Necesitaría las lágrimas para después. 
 Miró por la ventana y notó que estaba por atardecer. Decidió dar un último paseo por la pequeña y hermosa ciudad que la había visto crecer.
Recorrió calles y calles, todas adoquinadas. Miró cada una de las bonitas y modestas casas que se erguían en cada patio. Una al lado de otra. Observó cada árbol y cada flor que había en el parque principal. Paseó por enfrente de los locales y tiendas del centro, admirando la antigua arquitectura que aún se conservaba intacta. Y finalmente llegó a su lugar preferido, las orillas del lago. Todas las casas desaparecían poco a poco a medida que se acercaba al lago, hasta convertirse en un paisaje verde y hermoso. 
Revivió con dolorosa nostalgia los mil atardeceres que despidió con Ian desde que tenía quince años, en ese mismo lugar. Cada tarde en la que se entretenían leyendo poesía, o cuando Ian llevaba su guitarra y le improvisaba canciones de amor. Todas las veces que se quedaron hasta la noche observando el inmenso firmamento.
 Como después de cada día soleado, los colores se empezaron a entreverar en el cielo frente a ella, pintando el lago de dorado.
 Miró nuevamente a su alrededor y aspiró el aire fresco.
«Nunca olvides este lugar, Leah. Pase lo que pase, nunca lo olvides.» se dijo misma, intentando gravar en su memoria para siempre cada detalle.
 No se dió cuenta de que estaba llorando hasta que inconscientemente se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano.
 Suspiró y decidió visitar por ultima vez a los pequeños hermanos de Ian. 
Sabía que no se encontraría con él allí, ya que ése día estaría trabajando hasta tarde. A decir verdad aún no lo quería ver. Todavía no tenía idea de como lo iba a encarar.
Al aproximarse a la casa pudo divisar a Molly sentada en los primeros escalones de la entrada. La niña la vio llegar y corrió hasta ella abriendo los brazos. Leanne la levantó en sus brazos cuando la alcanzó y le dio un beso en la mejilla.
—Ian no está en casa. —se apresuró a decir Molly.
—Lo sé. En realidad vine a verte a ti y a tus hermanos. ¿Dónde están?
—Se fueron a comer pastel a la casa de tía Audie.
Así era como Molly llamaba a Adriana, una vieja amiga de su madre.
—¿Y tú porqué no fuiste?
—Mamá no quería que vaya. —repuso tristemente.
—¿Porqué no?
—No lo sé. 
—Bueno, de todas formas ya está oscuro y no tendrías que estar aquí fuera sola.
—Morgan dice que mamá esta loca. —le susurró Molly al oído, como contándole un secreto.
—Eso no es verdad.
—Mamá grita mucho, y habla sola. Fran dice que tiene un amigo imaginario. 
Leah tragó saliva.
—Será mejor que entres, Molly. Yo ya me iba. —dijo, dejándola en en suelo.
—Está bien. Te quiero Leah. —respondió, dándole un beso en la mejilla.
A Leanne se le encogió el corazón.
—También te quiero, cariño.
La observó entrar en la casa y se dignó a volver a la suya, arrastrando los pies.
Cuando llegó a su casa se sintió desolada. Empezaba a darse cuenta del vuelco que estaba por dar su vida. 
El solo hecho de pensar en lo que le diría a Ian la hacía sentirse aturdida.
Se dejó caer en el sofá y cerró los ojos. Quería que todo fuera una pesadilla. Que cuando despertara todo estuviera bien.
Sin quererlo y abrumada por el dolor se durmió allí un par de horas, hasta que unos golpes resonaron en su puerta y la despertaron.
Se forzó a levantarse y abrir la puerta, y en cuanto lo hizo sintió como una puñalada en medio del estómago al ver a Ian esperándola en el umbral.
Él se acercó y la besó tiernamente. 
Leanne, de forma distante, lo invitó a pasar y ambos se sentaron en el sofá. 
—Parece que Adriana se quedará hoy en casa con los chicos. Podré pasar la noche contigo. —dijo sonriente, pasándole un brazo por la cintura y atrayéndola hacia sí.
Leanne lo observó en silencio, a escasos centímetros de su cuerpo. El pensamiento de que podía ser la ultima vez que estuviera tan cerca de él casi la hace llorar. 
Ian notó enseguida el cambio de su expresión. 
—¿Pasa algo, cariño? —le preguntó, acariciando su mejilla. 
«Claro que pasa algo. Pasa que tu madre está muriendo. Pasa que mañana en la noche me iré y no te volveré a ver.» pensó para sus adentros Leah, incapaz de decirlo.
—No, no pasa nada. —se escuchó decir, para luego acortar más la distancia entre ellos y besarlo apasionadamente. 
No sabía lo que estaba haciendo. Solo se estaba dejando llevar por sus impulsos. 
Eso no estaba bien. No si después tendría que despedirse de él para siempre.
Ian la recorría con sus manos fuertes, dominado por la pasión que lo embriagaba cada vez que la tocaba. Él se separó de sus labios un momento para sacarse la camiseta de un solo movimiento, como lo había echo tantas veces antes y volvió a besarla. 
Leah sentía el calor del torso desnudo de Ian sobre ella, y notó como él buscaba los primeros botones de su blusa.
No podía dejar que continuara. Estar con Ian solo haría más difícil la despedida después. 
Sabía que deseaba tener una última noche con él, pero dudaba que lo pudiera dejar si eso pasaba.
—Ian, espera...—susurró ella.
Él pareció no escucharla.
—Ian. Ian...detente...—insistió— ¡Basta, Ian! 
Ian se apartó de ella y la miró a la cara, desconcertado. 
—¿Qué sucede?— jadeó.
Leanne se deshizo de los brazos de él, que la rodeaban, y se sentó erguida, con las manos en la cara.
—¿Qué ocurre, Leah? ¿Te hice daño?—preguntó, aún con la respiración entrecortada.
Ella negó con la cabeza, sin dejar de cubrirse el rostro.
—¿No quieres que me quede? ¿Estás indispuesta?
—Tengo que hablar contigo. —murmuró insegura, bajando lentamente las manos.
Cuando Ian notó que estaba llorando, se acercó precipitadamente a ella.
— Oh, Leanne, no me digas que tienes un atraso. ¿Estás embarazada? ¿Vamos a ser padres?
—No, nada de eso —se apresuró a decir, haciéndolo a un lado con la mano.
—¿Entonces qué? —inquirió consternado, insistiendo en abrazarla, pero ella lo volvió a evitar.
—No me toques. —ordenó Leanne, esquivando su mirada.
Él la miró sin dar crédito a lo que escuchaba. Se encontraba totalmente confundido.
—Leah, no estoy entendiendo. Explícame que es lo que te pasa, por favor.
—¿Qué es lo que no entiendes, Brahian? —gritó ella, histérica, poniéndose de pie y caminando rápidamente en dirección a su habitación.
Ian la siguió, pero Leanne le cerró la puerta en la cara.
—Oh, por el amor de Dios, Leanne ¿Quieres decirme que demonios está pasando? —preguntó alzando la voz para que lo escuchara desde el otro lado.
No obtuvo respuesta.
—¿Quién es la que se comporta como una adolescente ahora? —continuó— Ya no tenemos quince años, Leah. Dijiste que querías hablar, ¿verdad? Pues entonces abre la puta puerta y hablaremos.
Ella seguía sin contestarle.
—Si no me abres tú la abriré yo. —advirtió.
Segundos después intento hacer girar el picaporte y para su sorpresa estaba sin llave. 
Al entrar se encontró con Leanne acostaba boca abajo, sobre su cama. Ian se sorprendió al ver dos maletas llenas de ropa en el suelo, y el armario vacío.
Cerró los ojos con fuerza y trató de mantener la calma.
—Leah, estoy haciendo una fuerza sobre humana por no perder los estribos en este mismo instante. Será mejor que me expliques que sucede contigo y que significan esas maletas. —farfullo con la voz dominada por la angustia y la cólera.
Leanne se puso de pie frente a él y lo miró fijamente, con los ojos irritados por el llanto. 
—¡Me voy, Ian! ¿Aún no lo comprendes? ¡Me marcho de aquí! —gritó con la voz quebrada. 
—¿Qué? —preguntó él sin pestañear, mientras las manos le empezaban a temblar compulsivamente.
—Me voy de Remembranzas, Ian. 
—Tú no puedes abandonarme.
—Lo estoy haciendo en este momento.
—No, no. No te creo —se llevó las manos a la cabeza, moviéndola de un lado a otro—. ¿Tú estás terminando conmigo?
—Lo siento, Brahian...
—No puedes estar hablando en serio.
—Mira...he estado pensando mucho sobre esto y creo que deberíamos tomarnos un tiempo. Alejarnos. Salir con otras personas. No sé. Por Dios, Ian... hemos sido novios por más de siete años y siendo sincera tú...empiezas a asfixiarme.
Ian la observó perplejo.
—¿Que te asfixio? ¿Dices que te asfixio cuando apenas podemos vernos un par de horas cada tarde?
—Tal vez ese sea el problema. No tienes suficiente tiempo para mí.
—Te estás contradiciendo.
—Sea lo que sea, Ian, es mejor dejarlo así.
—Leah, por Dios, no seas irracional —dijo, acercándose a ella y tomando su rostro entre las manos—. Si quieres que te dedique más tiempo buscaré la manera de hacerlo. No tienes que montar todo este circo.
—No, Ian, no. No estás entendiendo —respondió, alejándose más de él—. Me voy, ¿comprendes? Es un hecho, no una pregunta.
—No te comportes como una niña, cariño. ¿Qué sucede? Ayer todo estaba tan bien...¿Qué fue lo que pasó?
—Abrí los ojos, Ian. Eso fue lo que pasó. Me di cuenta que ya no somos aquellos niños que eramos cuando nos conocimos. No tiene sentido seguir con una relación que debió terminar junto con la adolescencia.
—¿Pero porqué dices esto? Estás diciendo estupideces, Leanne. 
—¿Es que acaso no te das cuenta? ¡Mirate, Ian! Ya eres un hombre. Nunca volveremos a ser los de antes.
—Claro que no volveremos a ser los de antes. Hemos crecido, ¿pero qué hay con eso? Los sentimientos son los mismos, cielo. Y yo por ti siento exactamente lo mismo que sentí el primer día que te dije que te amaba. 
A Leah le dió un vuelco el corazón, pero intentó mantener su aparente firmeza. Sabía que Ian tenía razón: sólo estaba diciendo estupideces. Pero aún así no se podía echar atrás.
—No me refiero a eso.
—¿Entonces a qué? Madre mía, estás haciendo un embrollo que ni tú misma entiendes. A ver, cariño... si lo que quieres es tomarnos un tiempo, está bien, te daré un tiempo. Pero no es necesario que te vayas de Remembranzas. Juro que no te molestaré, pero no es preciso que te marches. 
—Sí, sí es necesario. Tengo que irme de esta maldita ciudad. 
—Disculpa, pero en esta «maldita ciudad» hemos formado cada uno de nuestros planes.
—Por eso mismo, Ian. Tengo que irme lejos. A un lugar donde no pueda verte. En este lugar todo me recuerda a ti, y si quiero acabar con esta historia lo mejor será no volver a verte, ni a recordarte nunca más. Tú también debes seguir con tu vida. Es lo mejor para ambos.
Observó como las lágrimas lentamente inundaban los ojos de Ian, pero él luchaba por no dejarlas salir.
—¡No, Leah, no! ¡Mi única vida eres tú, maldita sea! No puedes irte así como así. No puedes dejarme. Por favor, mi amor, no me abandones. Sabes cuanto te necesito.
Leanne sintió que su corazón se detenía mientras escuchaba las suplicas de Ian. Pero sabía que si quería irse tenía que lastimarlo, aunque le doliera más a ella. De otra forma nunca podría dejarlo. Apretó los dientes y cerró los ojos por un segundo, buscando valor para mostrarse fría y distante.
—Algún día entenderás que tengo razón...
—Nunca lo haré, ¿y sabes porqué? Porque has perdido la razón completamente. ¡Tú me amas, Leanne! ¿Cómo puedes dejarme?
—Ian, yo...
—¡Me amas! Sabes que es así, y si no, atrévete a negarlo.
—No lo hagas más difícil...—dijo ella, con la voz quebrada, mirando al suelo.
—Niegalo, Leanne. Mirame a los ojos y dime que no me amas. Tal vez así pueda comprenderlo.
Leah, torturada, levanto lentamente la mirada hasta encontrarse con sus ojos llenos de lágrimas.
—Ya no te amo. —musitó, y observó como la falsa serenidad de él se venía al suelo. Casi pudo escuchar como algo se partía dentro del pecho de Ian.
—¡Mientes! ¡Estás mintiendo! Maldíta sea, Leanne, lo veo en tus ojos...¿cuándo fue que te convertiste en una hipócrita?
Las palabras de Ian la cortaron como un cuchillo.
—Es la verdad...—sollozó— Perdoname.
—¿Que te perdone?—rugió él— Me estás matando Leanne. Pero lo peor es que al mentirme también te estás destruyendo a ti misma. Puedo amar a quien me mata, ¿pero como puedo perdonar a quien te destruye a ti? Y por favor, deja de llorar. Guarda esas lágrimas para cuando me vaya. Porque te juro que en cuanto cruce esa puerta no habrá marcha atrás.
—Brahian, escúchame. Si hago esto es porque fuiste una persona muy importante para mí y sé que mereces ser feliz. Yo también lo merezco. Y en el fondo ambos sabemos que si me quedo me quedaré encasillada aquí por el resto de mi vida. Yo no quiero eso, Ian. Yo quiero salir de este lugar. Conocer mundo. Conocer personas nuevas, y así tal vez...
—¿Y así tal vez, qué? ¿Así tal vez enganchar algún otro idiota como yo, que se enamore ciegamente de ti? Porque eso fui, un idiota. Y recién ahora me doy cuenta cuan cruel y falsa has sido conmigo.
—No, Ian, no es así...—chilló ella, abandonada al llanto, acercándose a él y besándolo en los labios casi inconscientemente.
Él no la rechazo, pero la besó casi con agresividad. La rodeo con sus brazos fuertemente, apegandola a él, y a Leah le costó terriblemente deshacerse de su abrazo. Cuando se apartó de él vio como se enjugaba las lágrimas con rabia.
—¿Porqué me haces esto? ¿Porqué sigues torturandome?
—Lo siento —comenzó a farfullar torpemente Leanne, en modo de disculpa—, yo no quise hacer eso. 
—Lo haces para que intente detenerte, ¿no es así? Lo haces porque en el fondo no quieres irte. Porque sabes que aún me amas. Pero está bien...Atormentame cuanto quieras. Lastimame, hiéreme, que algún día recordarás lo que hiciste, y el arrepentimiento será tu peor condena.
Leanne estaba rendida. No tenía más palabras. No tenía más fuerza para seguir con aquella farsa. Sabía que todo lo que decía Ian era cierto. Sabía que jamás podría olvidarlo. Sabía que lo amaba. Quería echarse a su cuello y llorar desconsoladamente en sus brazos. Explicarle todo. Quería quedarse con él para siempre. Pero lamentablemente no podía hacer nada de eso.
Ahora solo podía llorar. Sentía el corazón desgarrado. Cuando miraba los irritados ojos de Ian sentía como si le estuvieran abriendo el pecho con una navaja.
Ian, a su vez, conmovido por las lágrimas de ella, llevó una mano a su mejilla pero la dejó caer enseguida y la miró con rencor. 
—No se decirte ni una palabra de consuelo. No te lo mereces. Me has matado. 
—No me digas eso...—susurró Leah con un hilo de voz.
—No tengo otras palabras para ti.
—Si es así entonces vete de una vez. 
—¿Eso es lo que quieres?
—¡Vete, Ian, vete! —gritó ella, dominada por la angustia— Deja de torturarme, por favor. Sólo déjame en paz. 
—Yo no te torturo. Eres tú la que provocó todo esto. Pero si quieres que me vaya lo haré—respondió él, girándose en dirección a la puerta—. Te deseo suerte para cuando tengas que enfrentarte a todos los fantasmas de tu remordimiento. —concluyó, con voz distante y controlada, alejándose lentamente. 
Antes de que saliera de la habitación Leah lo tomó del brazo.
—Espera, Ian...
Él se volvió a ella y la miró con desprecio, pero no abrió la boca.
—Quiero decirte que...aunque ahora me vaya eso no significa que yo no te haya querido. Tú has sido...
Ian movió bruscamente el brazo para liberarse de la mano de ella.
—Hasta nunca, Leanne. —la interrumpió con voz ronca, y cruzó finalmente la puerta. 
 Cuando escuchó el golpe sordo de la puerta principal al cerrarse se tumbó en su cama y se hundió en la más negra depresión.
Todo había terminado.



20 comentarios:

MeriiXún dijo...

Me encanta como escribes....pero es tan triste este capitulo, sube pronto, beso!

RoCiio dijo...

HOLAA!
*_* ¡¡¡WOOOOW!!! ¡DIOS MIO! Me has dejado fascinada, me ha encantado este capítulo, este es mi preferido, de momento, a sido muuuy triste, pero es que....Wuaaa, me a encantado, tanto drama...Me fascinas, me gusta mucho como escribes :)
BESOOOS ;)

Đēβởởгαα! dijo...

Me encantaaaa! :D De verdad me encanta como esbribes y da mucho gusto leer una novela asi :) Este capitulo ha sido muy triste pero me ha encantado! :D Publica pronto! Un besazo! :)

Lita εїз dijo...

Espero más! escribes genial ♥

Te sigo, gracias por pasar por mi blog

Marie C. dijo...

A la mierda con todo! Que se han aguado los ojos joder.-. El ca si que fue fuerte, mierdamierdamierda Leah, ian joder IAN! Pobre ian, estupida Leah debio contarle todo de alguna otra manera podrian haber solucionado todo eso
**Antes de que saliera de la habitación Leah lo tomó del brazo.
—Espera, Ian...
Él se volvió a ella y la miró con desprecio, pero no abrió la boca.
—Quiero decirte que...aunque ahora me vaya eso no significa que yo no te haya querido. Tú has sido...
Ian movió bruscamente el brazo para liberarse de la mano de ella.
—Hasta nunca, Leanne. —la interrumpió con voz ronca
CositaaaD: En serio estoy por odiar a Leah, aunque lo hizo con buenas intenciones hirió mucho a Ian, y eso no se haceD:
Que va, me encato el capitulo, me encanta la manera en que escribes es Como que o-o Joder que sigo queriendo los capitulo prontopronto muy prontojajajaja Bueno guapa, vere la fecha a partir de ahoraxd
Cuidate linda.
Besos

victoria dijo...

D: pobre Ian me mataste!!! pobrecito espero y la perdone si es que se entera por que lo hizo, arggg odio a Donna como pudo hacer eso???? pobre Leanne, pudo decirle a Ian y "cortar"y no contarle nada a Donna pero no aaaa!! sentí muy feo se me "rompió" el corazón por Ian D:. cuidate

Yam♥ dijo...

Es un poco triste este capítulo :( gracias por pasarte por mi blog, también te sigo :D me gusta mucho como escribís... Besos

Luna Violeta dijo...

NOOOOOO! Leah, detenlo! No no... ¡¿por qué?! Bueno si se porque, pero No!
Me ha partido el corazón Ian :(
Un capitulo G E N I A L!!!! Me ha fascinado la escena de la pelea y despedida entre Ian y Leah.
Espero con ansias el proximo capitulo.
Un beso :D

Micaela dijo...

te felicito por lo bello que es el blog, lo mejor para vos. besulisssss ♡

Dany Cheshire dijo...

X.X
Mori
TT-TT
como pudo!!! yo no hubiera podido TT-TT
--------------------
me encanta tu historia *-*

Noa dijo...

Un capítulo más. (:

Me he sentido muy tensa ante esa rotura, no he podido quitar los ojos de todos esos párrafos.

Por cierto, ¿cómo puedo llamarte?.

Me alegra que, mi entrada te gustase y, ya que lo escribí como un autoconsejo; me gustaría que a ti también te sirviese. Si algún día te gustase, me encantaría, aunque fuese por echarnos unas risas hacer una historia contigo. ¿Te gustaría?. Con mi novio, posiblemente lo haga, pero de momento estoy concentrada en una pequeña historia que estoy escribiendo.
Pero lo dicho, me encantaría, de verdad, porque me encanta tu modo de sentir lo que expresas.

Un abrazo muy largo, nos seguimos comentando.

P.D: Miraré mis contactos de e-mail (;.

Esteer dijo...

Hola soy la chica de sonrisasdearcoiris.blogspot.com
Este el nueo blog que has creado?¿

Te estoy siguiendo!...me encanta el diseño, los personajes y el texto.

Abrazooo

victoria dijo...

oyep tienes un premio en mi blog, pasate! ;)

victoria<3

Mas duro que el Cielo dijo...

Oh santa cachucha! jajajaja Que genialidad de capitulo, se nota que amas el drama y te queda perfecto :B me encanto :)

Me dio muuucha pena cuando hablo con Molly que niña mas dulce por favor!
Y al hablar con Ian, o por dios, ame esa parte, aunque me rompió a mi el corazón, me lo imaginaba y me daban ganas de meterme en la novela a abrazarlo :( jajajajaja siempre que veo pelis donde pasa es de que ellas guardan un secreto (En este caso el trato) y no le dicen a la otra persona sobre ese secreto, me suele enojar eso y ahora me pasaba lo mismo o sea, leo y digo ¡Contale igual! jajajaja
Bueno leo el cap que me quedaaaaaa, y tomo en cuenta de lo de las fechas e.e jajajaja

marymaria dijo...

Bueno, fuerte, fuerte... si estuvo, y me gustó. Tu amas el drama, pues yo también (de cierto modo) y te quedó muy bien está despedida dramática, estuve imaginando cada gesto de los personajes con sus palabras!

Voy el sgte. cap, que bueno que los subes tan a menudo!!

marymaria dijo...

Querida alucinada:

A ti no te convence mucho este cap. pero (sin menospreciar los demás) para mi es mi favorito. Lo único es que me marea un poco el párrafo de la noche. Creo que está un poco laberintoso, te recomiendo que trates de no repetir demasiado "noche" por que suena redundante. Por lo demás este capítulo me encanta, la razón: steven. Me gusta ese chico!!!!

Wow, un freno por que me estoy empezando a meter demasiado en tu historia y cuando hago eso...

Un abrazo. Espero el sgte. cap.

marymaria dijo...

Que torpe! se supone que este comentario es para el cap. 6, sorry, me confundí =P

camy dijo...

HO...no no pobre lenna y el también me mato este cap es que el n poder decirle las verdaderas razones por las que se va y el sentirse engañado me dejo x___x no reañmente kede sin palbras.

sunshine dijo...

fanatica eterna del drama *_* pero q triste :( es horrible eso de terminar con alguien cuando lo ams y q s elo tomen mal :S me recordo a algo q me paso y ahora quiero llorar :( :(

amoo tu nove saludos

Mariana dijo...

Desde hoy odio tu fanatismo por el drama.
El peor capitulo que he leído!
Pero no me malinterpretes, escribes increíblemente genial, y eso fue lo peor, casi me pongo a llorar!!
Oh, y esa frase:
"Puedo amar a quien me mata, ¿pero como puedo perdonar a quien te destruye a ti?"
Increíblemente... Triste...
Entiendo lo que hace Leah, de verdad, pero no se como tiene la fuerza para hacerlo...
Mañana leeré el siguiente porque son las tres de la madrugada, y todavía me falta publicar :|
Un beso y gracias por pasarte por mi blog!