jueves, 12 de abril de 2012

Determinación - Capitulo 4.

Ville Navarra, 18 de febrero

 En las primeras horas de la mañana Leanne se tomó un autobús que la llevaría 26 km al éste, a la ciudad vecina de Ville Navarra.
 Trataba de convenserce de que ésa era la única posibilidad que tenía de ayudar a Ian, porque de no ser así jamás lo haría.
Se encargó de memorizar palabra por palabra lo que le diría cuando la tuviera enfrente, aunque temía que llegado el momento la mente se le quedara en blanco, como le solía ocurrir.
 Al llegar a la estación bajó del autobús y aspiró profundamente. Observó el paisaje urbano que la rodeaba. Había cantidad de enormes edificios, y mucho tráfico, y casas demasiado ostentosas. Nada de árboles, ni flores. Nada de verde naturaleza. Nada parecido a Remembranzas. Se sentía practicamente en otro mundo.
Hacía tanto tiempo que no visitaba Ville Navarra que casi olvidaba lo poco que le agradaba.
 Apresuró el paso por unas cuantas calles y llegó finalmente a su destino. Sintió que los músculos se le entumecían al saberse parada enfrente de aquella hermosa casa que conocía muy bien.
 Sentía que la boca se le secaba y tragó saliva. Rogó interiormente poder salir con su dignidad intacta.
Se obligó a tocar timbre y se repitió que todo esto era por Ian. Fue suficiente recordar la expresión desolada de él la noche anterior para llenarse de coraje.
 Tocó el timbre por segunda vez.
Una mujer baja y rechoncha, con apariencia de criada, le abrió la puerta.
—Buenos días, señorita ¿En que puedo ayudarla?—dijo la mujer, dedicándole una afable sonrisa.
—Busco a la señora Covarenni —repuso enseguida Leah, devolviéndole la sonrisa.
—¿De parte de quién?
—De...una vieja amiga.
La mujer abrió del todo la puerta y le hizo una seña para que entrara hasta el recibidor.
—Espere aquí un minuto —ordenó, desapareciendo por una puerta.
 Al cabo de segundos la misma puerta se volvió a abrir.
Leanne, que esperaba ver a una mujer arrugada y de pelo cano, con la cálida mirada que recordaba, se sorprendió mucho al encontrarse de frente con los gélidos ojos de su antigua adversaria, que le sonreía cínicamente, aunque sin poder disimular la sorpresa.
 De pronto, se sintió estúpida por no imaginar que ''señora Covarenni'' también podía ser Donna.
—¡Qué grata sorpresa, Leah! —exclamó Donna, acercándose y besándola en las dos mejillas.
—Si, perdón por no avisar de mi visita. Tampoco yo esperaba venir —farfulló torpemente.
—De todas formas no creo que hayas venido solo a verme, ¿me equivoco?
—En absoluto. En realidad, buscaba a Sharon. No me di cuenta que señora Covarenni también eras...
—¿A Sharon? ¿Mi madre? ¡Oh no, querida! Ella falleció hace un año.
Leanne quedó congelada.
—Oh, lo siento mucho, yo no sabía que...
—No te preocupes. Pero ven, pasemos a la sala y charlemos —dijo simulando amabilidad, tomando del brazo a Leah y dirigiéndola a la sala que ya conocía muy bien.
 Si no supiera que Donna en el fondo aún la odiaba, pensaría que se encontraba con una vieja amiga. Donna disimulaba demasiado bien el rencor que aún le guardaba a Leanne, aunque Leah no entendía porque se esforzaba en hacerlo. ¿Querría ver a que venía para luego humillarla y echarla a la calle? Seguramente.
Pero para su pesar, Donna seguía siendo la única forma de ayudar a Ian, y tendría que intentarlo aunque fuera lo ultimo que hiciera.
 Ella estaba muy al tanto de que Donna siempre había estado obsecionada con Ian. Sabía que era en parte por fastidiarla y en parte porque Ian era el típico chico del cual era fácil enamorarse.
 Tal vez al contarle la historia de la madre de él y en la situación que se encontraban llegaba a tocar su vena sensible y los ayudaba.
 La verdad era que los Covarenni eran una familia muy poderosa. Bastaría con que chasquearan los dedos para que la madre de Ian estuviera internada en el mejor centro de rehabilitación y atendida por especialistas profesionales. Leanne se aferraba a esa esperanza. Por eso había venido. Y si Donna era una Covarenni hablaría con ella, aunque le doliera en el orgullo.
 Quizá Donna había madurado y había dejado los resentimientos atrás. Tal vez se compadecería de ellos y les brindaría su apoyo. Era todo lo que necesitaba.
—Gisselle, tráenos dos cafés, por favor —ordenó en voz alta Donna, mientras le indicaba a Leanne que se sentara en el sofá.
 Sentadas frente a frente ambas se observaron por unos minutos.
Donna se encontraba tal y como Leanne la recordaba, pero más estilizada y con un porte más elegante.
El peinado y el maquillaje perfectos, y la ropa carísima la hacían parecer una muñeca Barbie.
Leanne se sintió insignificante frente a ella, y enderezó su espalda para mejorar la postura.
Donna era hermosa. Tanto que la hacía sentirse fea. Más que eso, horrible. Le entraron ganas de salir corriendo y escapar de los ojos fríos y escrutadores de ella.
—¿Qué tal está Ian? —preguntó con un tono de voz insinuante que casi hizo que Leanne apretara los puños.
Le daba rabia el solo echo de que ella pronunciara su nombre.
—Bien —soltó secamente.
—Me enteré de lo de su madre...—comentó como quien no quiere la cosa, al tiempo que Gisselle dejaba la bandeja con las tazas en la mesita ratona y se retiraba.
Se quedó sin palabras.
—¿Cómo? —alcanzó a murmurar.
Donna rió divertida.
—El terapeuta de Lina es un gran amigo mio, querida. Se todo sobre su enfermedad. Por cierto... lo siento mucho —respondió con falso pesar.
Leanne estaba atónita. No se esperaba esto. Como había previsto, su mente se quedó repentinamente en blanco, sin dejarla pronunciar palabra.
Donna tomó un sorbo de café y la miró pensativa. En el fondo todo esto la entretenía. Leah lo sabía.
—Intuyo que tu visita tiene que ver con eso, ¿verdad?—dijo Donna, más como una afirmación que como una pregunta.
Asintió con la cabeza, buscando las palabras adecuadas.
—¿Me dices que conoces al doctor Darwin Milanno? —inquirió Leanne, por lo bajo.
—Así es, ¿no lo sabias?
—No. No lo sabía.
—Hmm, ya veo. Entonces tal vez intuí mal —respuso Donna.
Leanne suspiró.
—A decir verdad...—farfullo, nerviosa— no, no intuiste mal. Estás en lo cierto.
Donna sonrió autosuficiente.
—Entonces...¿qué es lo que puedo hacer por ti, querida?
—Donna...ya sabes que Lina está algo enferma y...puede que haya que internarla. También sabes que el padre de Ian se suicidó hace dos años y desde entonces se ha echo cargo prácticamente él solo de su madre y sus hermanos pequeños —tragó saliva—. Él no puede permitirse pagar todas las medicinas de su madre, ni mucho menos el centro de rehabilitación. Si lo hace no podría mantener a sus hermanos, y tendrá que vender su casa, y...
—¿Y te a pedido a ti que vengas a pedirme dinero? —interrumpió Donna, con los ojos entornados y voz indiferente.
—No, por supuesto que no. Es más, él no se puede enterar que vine. Me mataría.
—¿Entonces?
Leanne resopló fuertemente. Veía que Donna no se lo pondría fácil.
—Escucha, Donna —dijo firmemente—, vine a pedirte que lo ayudes. Y si el doctor Milanno es tu amigo solo facilita las cosas. Sería cuestión de que hables con él y le encuentre un lugar en su centro para Lina. Ni siquiera te estoy pidiendo dinero, por el amor de Dios. Te estoy pidiendo que ayudes a Ian. No a mí —se detuvo para tomar aire—. Si quieres puedes ayudarlo, o echarme ahora mismo. Pero si harás esto último te pido que no me hagas perder tiempo y me lo digas sin rodeos.
Donna guardó silencio por unos segundos, con una expresión casi de satisfacción.
—No te alteres —respondió al fin, con voz imperturbable—. Te diré algo: yo podría hacer mucho más que eso por Ian. No solo le podría encontrar un lugar en el centro de rehabilitación a su madre, si no que podría conseguirle todas sus medicinas sin que Ian tenga que gastar un centavo. También podría hacer que él continuara sus estudios en la academia de música si así lo desease, ¿no es lo que siempre soñó?
Ella asintió en silencio, observándola con recelo.
—Lamentablemente, querida Leanne, yo no hago favores —continuó triunfante—. Porque no creerás que las personas como yo hemos conseguido todo lo que tenemos por ir regalando cosas por la vida, ¿verdad?
«Tienes todo lo que tienes gracias a tus padres», pensó Leanne, pero se mordió la lengua y la dejó continuar.
—Creo que negociando ambas podríamos quedar conformes, ¿no es así?
—¿Me chantajearas? —le espetó Leanne, sin poder evitar fulminarla con la mirada.
—Oh, no. Por supuesto que no. Chantaje es una palabra muy fea, Leah. Digamos que simplemente podemos llegar a un acuerdo para que las dos salgamos ganando.
La observó cavilante. Sabía que debía esperar cualquier cosa de Donna, pero no se le ocurría qué. ¿Qué podría tener ella que Donna quisiera?
—A ver, ¿qué quieres? —soltó de pronto, sin vacilar.
—Quiero que te vayas.
—¿Perdona?
—A París, a Londres, a Nueva York, a Tailandia si quieres. A donde sea. Sólo vete y le daré a Ian todo lo que necesita.
No daba crédito a sus oídos. No pudo más que soltar una corta carcajada.
—¿Qué rayos estás diciendo, Donna? —preguntó incrédula, aunque había entendido muy bien.
—Lo que has oído, Leanne. Aléjate de Ian para siempre y tendrá todo lo que desea.
—Eso es imposible. —murmuró consternada.
—Bien, entonces si esa es tu ultima palabra no tenemos nada más de que hablar —sentenció Donna, fríamente, poniéndose de pie—. Sólo te diré una ultima cosa...será mejor que tú y Ian no se tomen tan a la ligera la enfermedad de Lina. Ella no está «algo enferma», está muy enferma. Y sin los tratamientos y cuidados necesario en cuestión de tiempo morirá.
Leah la miró fulminante.
—No juegues con eso. —rugió, poniéndose de pie frente a Donna.
—¿Crees que lo digo en broma? —respondió tranquilamente—. Lina padece una enfermedad llamada Demencia por cuerpos de Lewy y sí, se podría decir que es terminal. Solo empieza olvidando cosas simples, cosas cotidianas. Su estado de ánimo es cambiante; de alegría a enojo, de enojo a tristeza, etc. Luego comenzará a tener alucinaciones cada vez más frecuentes. Perderá la memoria a largo plazo, y también perderá el razonamiento crítico. Y no solo eso, también sus funciones corporales se irán desvaneciendo hasta convertirla en nada. Es una enfermedad que ataca los lóbulos frontales, por tanto, pasado el proceso dejará de ser por completo quien es, para convertirse en un cuerpo inútil y más tarde... la inevitable muerte.
Leanne negaba con la cabeza. No quería creerle. Quería taparse los oídos y salir de allí, como si nada hubiera escuchado.
—¿Cómo sabes todo eso? —se oyó preguntar.
—Soy la única persona con la que Darwin habla de sus pacientes. Esta es toda información confidencial, por supuesto. Lo será hasta que decida decírselo a Ian.
—¿Y cómo es que Ian no lo sabe aún?
—Darwin es un profesional, querida. Como todos los doctores sabe cuanta información compartir con sus pacientes, y en que momento.
—Eso es injusto. —susurró Leah por lo bajo, con un nudo en la garganta.
—Tal vez lo sea, pero es un tema que no me concierne.
Se dejó caer en el sofá nuevamente, con las manos en la cara. Donna se sentó a su lado.
—Será muy duro para Ian aceptarlo cuando lo sepa, ¿verdad? —le dijo en voz baja a Leah— Luego del suicidio de su padre quedó devastado... sólo imagina como se sentirá luego de que su madre muera. ¿Crees que podrá superarlo? Imagina qué pensaría él si se enterara de que su novia perfecta sabía de la enfermedad de su madre mucho antes que él, y pudiendo salvarla no hizo nada...—suspiró— ¿Cuánto te ama Ian, Leah? ¿Lo suficiente como para perdonar que hayas dejado morir a su madre?
—¡No es mi culpa que esté enferma! —gritó Leanne, sin poder controlar las emociones que la dominaban.
—No es tu culpa que enfermara, pero si dejas pasar la única oportunidad de que se salve, entonces será tu culpa cuando muera.
—No sean tan cruel, Donna. Tú también tuviste una madre...—sollozó.
—No soy cruel, soy realista. Y mi madre me abandonó en un orfanato, así que mejor no hablemos de ella —espetó con desdén—. Leanne, yo podría darle todo a Ian. Todo lo que tú ni en mil años conseguirías. Yo puedo cumplir sus sueños, Leah. Si tú no lo lograste en tantos años deja que otra persona lo intente. Ian es un chico talentoso, y si da con las personas indicadas puede llegar muy lejos. Sabes mejor que nadie que él merece ser feliz...¿Crees que lo será si su madre muere? ¿Crees que lo será si se tiene que quedar completamente solo criando a tres niños pequeños? No te engañes. Ian nunca llegará a ser nadie junto a alguien como tú. No lo arrastres contigo al fracaso, Leanne. Él merece algo mejor. Y si no es así...¿Qué puedes darle tú?
Leanne se enjugó las lágrimas y la miró fijamente.
—Amor. Eso puedo darle. —respondió con voz torturada.
Donna rió amargamente.
—¿Amor? No me hagas reír, Leanne. ¿Podrá salvar a su madre con amor? ¿Mantendrá a sus hermanos con amor? ¿Pagará sus facturas con amor? —soltó otra carcajada— No lo creo.
—Yo lo amo. Y saldremos adelante. Sé que es así...—contestó débilmente, como una niña encaprichada.
—¿Lo amas? ¿Estás segura de eso?
—Por supuesto que sí.
—¿Y qué tanto lo amas, Leanne? Quiero que me lo digas...¿Lo amas tanto como para anteponer su felicidad a la tuya? ¿Tanto como para querer un buen futuro para él, aunque éste no sea contigo? ¿O eres tan egoísta que preferirías hundirlo contigo por el simple echo de tenerlo junto a ti?





17 comentarios:

MeriiXún dijo...

Me cae muy mal Donna, tanto le cuesta ayudarlo sin más? Es cruel y mala persona....besos

Noa dijo...

¡Ésta Donna!, podría meterse el dinero por donde yo sé. ò_ó
En serio, qué manipuladora me ha parecido ésta muchacha, pobre Leanne. u.u

Por cierto, gracias por tu comentario tan extendido y con sabor a razón. Es cierto, tenemos que hacer lo que se pueda en ésta vida, ya sea que tengamos más o no, ¡hay que darlo todo!. ¿Y sabes?, das mucho con tus palabras pequeña <3

Yo también, espero volver a leerte pronto. ¿Te has fijado en mi e-mail de contacto?. Escríbeme cuando quieras, tengo un nosequé de que me puedes caer genial. :)

Y por cierto, ¡me encanta lo guaperas que parece Steven Cacciatore. ;) JAJAJA. Espero leerlo pronto en tu historia.

Algo más xDDDD. Yo también escribo historias, pero, normalmente en mi blog no los coloco. Algún día, si hablamos, me gustaría que me dieses tu opinión ;). Un besiiiito grande, ¡GRANDE!.

Ainnoa♥ dijo...

Me ha gustado el capitulo ^^
gracias por tu visita

victoria dijo...

hola!! como siempre me encantó el capitulo xD!!! ash si ya me caia mal Donna ya me cae peor, porque no lo puede ayudar asi sin más??? pobre Leanne D:.
yo creo que Steven esta un poco mas guapo que Ian ñ_ñ
escribe pronto!!
cuidate,besos

Đēβởởгαα! dijo...

Mee encantaa! :D Pobre Leanne y que mala persona es Donna la verdad es que por desgracia hay gente como ella en la realidad. Un beso! Y publica pronto! :)

RoCiio dijo...

HOLAA!!
O_o ¡¡Madre...Mía!! Que supermega capitulazo *-* me dejaste sin palabras, hasta me e puesto a leer las partes de Leah en voz alta, como si estuviera actuando, escribes taaan bien :) me encanta tu novela, es...Fantástica :D
BESOOOS ;)

tamaritap dijo...

Me facinoo el capitulo estuvo GENIAL me encanta espero que escribas pronto chaiitoo cuidate :DDDDD
Pdta: ya quiero leer el proximo :=)

♥ destellσ dijo...

El diseó de este blog es una PASADA, me encanta chica, de verdad.
Muchas gracias por pasarte y seguirme, pero lo siento, hasta vacaciones no creo que tenga mucho tiempo para seguir una historia (ya me he comprometido con varias), y para compensarlo, recomendaré tu blog en mi próxima entrada ;)
Gracias.

Marie C. dijo...

asi que esa es Donna no? Una bruja y una perra.-.
Los hermanitos de Ian, por dios son tiernos y no se que decirte. ahora solo se que quiero un proximo capitulo pronto, por favor. quiero saber a donde se va Leah y en serio ella tendria que volver a Remembranzas, no deberia dejar a Ian. Eso tiene que ser devastador para el
Aun sigo como o-o No se al imaginarme alguien que eralmente sea como Donna, es como no se. Estresante. Pobre Leah, pobre Ian y pobre de sus hermanitos.
Besos guapa

marymaria dijo...

Oh!!! esto se pone interesante... desgraciada Dona. No tengo más que decir sobre ella. Y Lea creo que debiera tocar un millón de puertas antes dejar a Ian, pero tú eres la escritora así que tu decides. =)

Un abrazo y espero el sgte. cap.

Milagros, la androide. dijo...

—Yo lo amo. Y saldremos adelante. Sé que es así...—contestó débilmente, como una niña encaprichada.
—¿Lo amas? ¿Estás segura de eso?
—Por supuesto que sí.
—¿Y qué tanto lo amas, Leanne? Quiero que me lo digas...¿Lo amas tanto como para anteponer su felicidad a la tuya? ¿Tanto como para querer un buen futuro para él, aunque éste no sea contigo? ¿O eres tan egoísta que preferirías hundirlo contigo por el simple echo de tenerlo junto a ti?

QUE HERMOSO TEXTO!

Luna Violeta dijo...

Hola! Fue por lejos unos de los mejores capitulos hasta ahora! De veras ahora puedo decirlo: ¡Donna eres una maldita hija de p****...
He quedado odiando a donna ¬¬ y pobre Leah!
Por cierto, los personajes son geniales *-*... y lo confieso ese Dante Blaird se me ha quedado rondando en la mente...
Un maravilloso capitulo!
De verdad, escribes genial!
Un beso, y considerame una fan incondicional de Remembranzas! :D

camy dijo...

HAY!!!! KE MALA Y CRUEL KE ES POR FAVOR COMO UNA PERSONA PUEDE SER TAN MACABRA..
NOS VEMOS ARRIBA..
Camy...

Mas duro que el Cielo dijo...

Por un momento pensé que iba a pegarle un puñetazo a la pantalla jajajajaja Donna la detesto con todo mi ser -.- no tengo palabras para describir lo mucho que la detesto jajajajaja Maldita zorra :B
Bueno, ahora entiendo porque Leanne se fue dejando solo a Ian, era una pregunta que quería resolver en mi cabeza jajaja
Ame el último párrafo, cuando cuestiona su amor hacia Ian, por mas mal que me caiga Donna tengo que admitir que muy inteligente -.- jajaja Bueno sigo leyendo porque me quede emocionada jaajaja AMO TU NOVELA!

sunshine dijo...

maldita donna que cruel!! pobre leanne , ella lo ama tanto que solo quiere lo mejor para el aunque eso signifique alejarse de el lamentablemente hay muchas veces que parece que el amor no es suficiente y el maldito dinero si q se necesita pero aun asi ni todo el dinero del mundo compra el amor y ellos se aman aww q triste :(

sunshine dijo...

pienso que leah debio buscar mejor a los hermanos de ian en vez de la donna esa :/

Mariana dijo...

Donna es una... una... no tengo ninguna palabra para describirla...
Pero sakdjhfkdsjfh que rabia!
Quiero leer el que sigue♥
Pero debo irme a dormir :(
Un beso!