lunes, 16 de abril de 2012

Noches - Capitulo 6.

Triland Port, 4 de mayo

 Mientras su cabello bailaba con el viento, cerró los ojos por un segundo e intentó imaginar un entorno tranquilo a su alrededor, pero no tuvo éxito. Era difícil ignorar todos los edificios que la rodeaban, y el molesto murmullo de la calle. Ya hacía poco más de tres meses que estaba en Triland Port y aún no se acostumbraba del todo.
Sentía el olor del humo de cigarrillo impregnado en la nariz. Fumar era otro hábito que había copiado de su amiga. Apagó el consumido cigarrillo y miró hacia abajo, a la calle abarrotada de vehículos cuando apenas pasaban las 6 de la mañana.
Diez pisos la separaban del concreto.
 «¿No se a preguntado nunca que ocurriría si toda el agua del río desapareciera y se viera el fondo cubierto por los rostros de los que han buscado descanso allí?», recordó, citando una frase de uno de sus libros favoritos.
Trató de imaginar la calle repleta de los rostros de los que habrían pensado en acabar con su vida en la misma azotea en la que ella se encontraba.
Se preguntó a que clase de persona se le cruzaría por la mente tirarse de un décimo piso. Habiendo tantas formas de morir justo elegían una de las peores. Claro que sería peor prenderse fuego, o algo así... pero terminar escrachado contra el pavimento no era una linda perspectiva. Muy poco elegante. Demasiado desagradable.
Intentó recordar cuantas veces se le había ocurrido quitarse la vida desde que terminó con Ian, mientras se palpaba las largas y oscuras cicatrices que le surcaban las muñecas.
Unas quince al menos, se respondió en su fuero interno.
Si no hubiera sido porque tenía a Sam con ella seguramente lo hubiera hecho. No le cabía la menor duda.
 Leanne había odiado toda su vida el cigarrillo. Especialmente cuando el que los fumaba era Ian, aunque lo hiciera esporádicamente.
Se rió sola al pensar que ahora también ella era una viciosa. Incluso fumaba más que Samantha.
Sabía cuanto daño hacía la nicotina en sus pulmones, pero que más daba.
 Ya todo carecía de valor para ella.
Su depresión había empeorado desde que llegó. Lo sabía. Pero sin embargo se había hecho más llevadera.
Sentir dolor la hacía sentirse viva, y supuso que eso al menos era algo positivo.
Leah, en sus días más críticos, pasaba horas en esa misma azotea, sumida en la más negra depresión.
Su amiga le aconsejó que visitara a un psicólogo, pero Leanne se negaba rotundamente.
«Una persona especializada en problemas mentales no podrá curar las heridas que tengo en el corazón.», repetía siempre dándole fin a la conversación.
Sam también había intentado presentarle otros hombres, pero las pocas veces que Leanne aceptaba terminaba hartando a sus pretendientes con su indiferencia y su carácter esquivo; dos cosas que en los últimos meses se habían acentuado a su personalidad.
 Leanne no había vuelto a besar a nadie. Ni siquiera podía pensar en encontrar atractivo a alguien más. El solo hecho de pensar en otro hombre que no fuera Ian le generaba rechazo. Al menos «siendole fiel» se sentía mejor consigo misma. Era como un castigo que ella misma se había impuesto. Pensaba que si no estaba con Ian no estaría con ningún otro hombre jamás.
 En su edificio la conocían como «la loca del décimo piso», y aunque Sam se enfurecía cuando oía que la llamaban así a Leanne le daba absolutamente igual.
En el fondo pensaba que tal vez tenían razón y sí estaba un poco loca. Era difícil no estarlo cuando tenía tanto tiempo libre para autodestruirce psicológicamente.
 Observó como los maravillosos colores del amanecer se mezclaban en el horizonte.
¿Cuántas veces había observado el amanecer al lado de Ian?
Había perdido la cuenta.
Podían pasar horas observando el cielo, deleitándose de su mutua compañía.
Ian siempre hablaba de cuanto amaba la noche. La oscuridad, la tranquilidad, la Luna y las estrellas. Decía que no había nada más hermoso que eso. Nada excepto ella. Leanne se reía siempre que él le decía eso, y él le aclaraba que estaba hablando en serio. Luego poco convencida asentía y lo besaba.
«—A mí me gusta más el día —insistía ella—. Todo es menos misterioso a la luz del día, menos desconocido. La oscuridad, en cambio, me da miedo—»
«—El día es muy bello —había respondido—, pero dura demasiado. La noche es especial. La tienes y cuando vuelves a mirar ya no está. Es como un regalo para aquellos que se quedan con ella, observándola en lo alto. Oscura, fuerte, hermosa, silenciosa, fugaz...»
«Si vas a temer, que no sea la noche...», le había susurrado él una vez, y esa frase —como tantas otras— había marcado su memoria.
 Ya no le tenía miedo a la oscuridad. Después de que la negra y oscura agonía se apoderó de su vida aprendió a vivir con ella. Incluso a quererla. Pero la quería porque le recordaba a Ian. Porque él era como la noche; misterioso, tranquilo, fuerte, silencioso, especial, hermoso,...incluso fugaz.
«...La tienes y cuando vuelves a mirar ya no está.»
Eso había pasado con él. Había desaparecido como la noche. Había desaparecido con la noche. Ian se había llevado la noche y solo le había dejado de ella la oscuridad. Oscuridad que tomó forma de tristeza. Oscurísima tristeza. Más negra que cualquier noche. A su lado la noche no parecía oscura, no parecía negra ni misteriosa. A su lado, la noche, era como una mujer mulata, como una mezcla de la noche y el día. Ya no era noche. No aquella noche que había conocido con Ian. Aquellas noches hermosas. Esas noches habían quedado atrás. Ahora su única noche era la tristeza. La noche más oscura y más amarga de todas.
Se preguntó si en el cielo de Remembranzas la noche seguía siendo hermosa como siempre.
Supuso que sí. Quería creerlo. No quería que Ian conociera las horribles noches que habían en Triland. Tal vez si las conocía dejaría de amar su noche, porque vería cuanto daño le hacian éstas otras a Leah.
Pero las de Leah no eran dignas de llamarse noche. Solo era la tristeza disfrazada. Era como un cuervo negro intentando ser mirlo. Un cuervo que la atormentaba. Que picoteaba su ventana sin cesar hasta que, resignada, lo dejó entrar. Pero un día se iría. Se daría cuenta de que ser mirlo no era cosa de cuervos, así como ser noche no es cosa de tristeza.
Ian y la noche eran la misma cosa. Pero la noche bella. La noche que representaba alegría, felicidad, amor, futuro, vida. La noche que guardaba en sus recuerdos. Las noches de Ian. No la tristeza vestida de noche. Aunque se pusiera sus mejores galas seguiría siendo tristeza. Seguiría siendo cuervo. Solo Ian podía ser noche, y solo él sería noche para siempre. Lo sería para ella. Su noche, su Ian, su mirlo.
«Mirlo en cien versiones de mirlo, pluma muy fina, pincel de pino para pintar de perfil, uno en mil...»
Recitó, recordando un poema de Eduardo Milán.
Mirar el mar. Imágenes que no son lo real de su aridez. Sus aristas no son graves, ni son el dolor de la forma por la arena que no termina de nacer...—continuó con un ronco susurro.
Se rió amargamente al escucharse hablarle a la nada.
Tú te acompañas, viajas acompañado de ti mismo. Y te conversas. Eso es lo peor, cuando empiezas a hablar solo por lástima de ti mismo. Y te atormentas.—soltó, rompiendo el silencio nuevamente, citando las palabras de Attys Luna.
Pensó que no había nada más bello y exacto que la poesía. Solo había que saberla entender. Poder sentirla. Indentificarse con ella. Incluso se le ocurrió que en ese momento la poesía era lo más preciado que tenía. Especialmente porque de alguna manera la conectaba con Ian. No había poema o libro que Ian hubiera leído que ella no conociera ya. Era una de las muchas cosas que tenían en común.
 De pronto sintió un peso sobre sus hombros que la alejó de sus cavilaciones. No tardó más de un segundo en notar que se trataba de una manta, y sintió como la cálida mano de su amiga se posaba suavemente en su espalda. Leanne la miró por encima del hombro e intentó sonreirle, pero no dijo nada.
—Creo que no es bueno que pases la noche aquí arriba, Leah. —susurró Samantha.
Leanne se encogió de hombros y volvió su vista a la calle.
—Gracias por la manta. —respondió intentando sonar amable.
—Sería bueno que entres. Te vendría bien comer algo, darte una ducha y dormir hasta tarde.
No obtuvo respuesta.
—Leah, por favor. Te enfermarás aquí fuera.
—Qué más da.
—¿Qué más da? —repitió consternada, poniéndose a su lado y mirándola fijamente, aunque sabía que Leah no la miraba—. Nada se arregla diciendo «qué más da».
—No hay nada que arreglar, Sam.
—No puedo creer que te des por vencida tan fácilmente.
—Deberías intentar ponerte en mi lugar.
—¡Claro que lo hago, Leanne!
—No, no podrías. No lo entiendes.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
Leanne le dirigió una mirada cansada.
—Porque a ti nunca te pasó. —soltó fríamente.
—Por Dios, Leah. No te ahogues en un vaso de agua. No es tan grave.
—¿No es grave? Sam, hablas como si no conocieras mi vida. Soy de lo peor.
—No, no es así.
—Sabes tengo razón.
—Pues no lo creo.
—¿Entonces cómo justificas lo que le hice a Ian? ¿Cómo justificar que le arruiné la vida?
—No le arruinaste la vida. Te fuiste porque era lo mejor para él. Lo hiciste por amor, Leanne. No hay nada más noble que eso.
—A la mierda con la nobleza. No tengo perdón —sentenció, apartando la mirada con crudeza.
Samantha guardó silencio por unos segundos, mientras encendía un cigarrillo y buscaba las palabras apropiadas.
—¿Te arrepientes de lo que hiciste? ¿Te sentirías mejor si la madre de Ian muriera a cambio de tu felicidad?
—Te escuchas exactamente como Donna, Samantha. —respondió Leah con odio en la voz pero sin mirarla.
—Solo te lo estoy preguntando.
—Y por más que me arrepintiera, ¿de qué serviría, eh? ¡Maldíta sea! ¿De qué mierda sirve ahora? —rugió, con ira en la mirada— ¡Ian me odia! ¿Entiendes? Y no quiero vivir en un mundo donde ya no me queda nadie. No quiero vivir si la única persona importante en mi vida me detesta.
—Pues gracias por lo que me toca, amiga. —resopló con sorna, dandole énfasis a la última palabra. Soltó una última bocanada de humo y se marchó.
Intentó detenerla, pero Samantha la ignoró.
 Sabía que la había herido. Dejó caer la cabeza entre sus manos, fatigada. Tendría que disculparse con ella más tarde. No era la primera vez que hacía un comentario inoportuno y lastimaba a Samantha. Su amiga parecía una chica dura, pero en el fondo era alguien muy suceptible y era muy fácil dañarla.
 Leanne, con toda la parsimonia del mundo, se dignó a entrar. Le dolía mucho la cabeza, y además quería intentar hablar con Sam antes de que se fuera a trabajar.
Al pasar por la puerta del apartamento se observó por un minuto en el espejo de la entrada y sintió un espasmo al ver su aspecto. Tenía unas enormes ojeras negras y profundas, y su piel estaba cenicienta. Parecía muerta. Y tal vez lo estaba un poco. Miró sus ojos, buscando en ellos algún indicio de la chica feliz que había sido alguna vez, pero no tuvo éxito. Sus ojos azules habían tomado un color gélido y triste. Estaban vacíos, como ella.
 No encontró a Samantha y soltó una maldición. Tendría que esperar hasta la tarde, o quizá hasta la noche para hablar con ella.
 Encendió un cigarrillo y se dejó caer en el sofá, cerrando con fuerza los ojos. Tenía frío y sentía las extremidades entumecidas por pasar toda la noche quieta y a la intemperie. Sin embargo, no tenía sueño.
 Tomó un libro que estaba sobre la mesita ratona y lo abrió por la página que estaba marcada. Al leer las primeras líneas recordó que hacía algunos días Sam le había comentado sobre el libro «super-interesante» que había empezado, y aunque ahora no recordaba el nombre suponía que era ése.
«Sólo porque una vez uno pase por dificultades, eso no quiere decir que esté condenado para siempre. La gente sobrevive. La gente lo supera. La gente vuelve a florecer...», leyó para sus adentros. Quería creerlo. Quería pensar que ella tampoco estaba condenada para siempre. Pero sin embargo, tenía la amarga certeza de que nunca volvería a florecer.
Dejó el libro a un lado y volvió a cerrar los ojos. No quería pensar en nada. Necesitaba tener la mente en blanco. Cada vez que Sam se iba a trabajar la soledad la abrumaba. Generalmente no le molestaba, ya estaba acostumbrada. Pero al pensar que Sam se había ido enojada y dolída por culpa de ella la hacía sentirse peor.
Pero el ruido de una puerta al abrirse le recordó que no estaba sola ese día.
—Buenos días. —dijo Steven con voz ronca, dedicándole una sonrisa mientras se acercaba a ella.
Había olvidado por completo que Steven se estaba quedando en el apartamento con ellas desde los últimos dos días.
Él era el primo de Sam, pero ésta lo quería como si fuese su propio hermano. Se habían criado practicamente juntos, hasta el día en que murieron los padres de Samantha y la trasladaron a Ville Navarra. Estuvieron incomunicados muchos años, y cuando Sam salió de la casa de los Covarenni se mudó a Triland Port porque sabía que Steven aún vivía ahí. Convivía con su hermano tres años mayor que él, pero por culpa de una estúpida pelea hacía unos días lo había echado de la casa y Samantha lo había alojado con ellas hasta que consiguiera otro sitio. Cuando Sam le preguntó si le molestaba que Steven estuviera unos días allí Leah respondió que le daba igual. Lo conocía desde que había llegado de Remembranzas y ahora eran buenos amigos.
Ella creía que Steven era un hombre encantador, pero sin embargo no lo podía ver como algo más que un amigo, por más atractivo que fuera. Ni a Steven ni a ningún otro hombre. Se lo debía a Ian.
La tenía tranquila el hecho de saber que Steven tenía novia formal. No quería que tampoco él confundiera las cosas.
—Buenas...—respondió, sonriendole amablemente.
—¿Puedo hacerte compañía? —preguntó, señalando el sofá.
—Por supuesto —repuso ella de buena gana.
Él no sabía bien porque Leah estaba allí, pero se notaba a leguas que estaba pasando por un duro momento. Y aunque le costaba contener su personalidad bromista y espontánea intentaba respetar los silencios y los momentos de soledad de Leah. Ella estaba echa una antisocial, pero sin embargo, no se podía escapar del encanto arrebatador que Steven inconscientemente ejercía sobre todos.
Steven tenía veintitrés años y trabajaba por las tardes en una librería. Tenía el cabello oscuro y unos ojos azul cielo que le daban una mirada de niño bueno que seguramente pocas podían resistir. Era alto y esbelto, con un cuerpo que delataba una juventud llena de deporte y constante ejercicio.
Ahora, sentado al lado de ella, permanecía con los ojos entrecerrados y semblante tranquilo, mientras ambos guardaban silencio. Estaba despeinado, descalzo, y solo tenía puesto el pantalón que usaba para dormir. La sombra gris que empezaba a notarse en su rostro dejaba en evidencia que no se había afeitado.
—Si sigues observandome así voy a sonrojarme. —dijo él, divertido, y Leah apartó la vista avergonzada. No había reparado en que lo estaba mirando descaradamente.
—No te observaba a ti. —mintió y ambos rieron.
—Dejaré que me mires cuanto quieras si después puedo hacer lo mismo. —repuso él, en tono seductor.
A Leah no le sorprendían las galanterías de Steven. Se había dado cuenta que era algo que él no podía controlar, y no era de extrañar; con lo atractivo que era cualquier chica moriría por sus flirteos. Pero ahora que tenía novia, Leah sabía que lo hacía en broma y por mera costumbre.
—No coquetees conmigo. —dijo ella, sonriendo con malicia.
Steven soltó una carcajada con una sonrisa que en otra vida la habría dejado sin respiración.
—¿Cómo me crees capás de semejante cosa? —preguntó él con fingido dramatismo y luego ambos echaron a reír.
Era increíble lo mucho que Steven le cambiaba el humor. Era un chico maravilloso.
—No cenaste ayer con nosotros —protestó él de pronto.
—Lo siento...
—¿Qué hiciste en tu ausencia? ¿Fiestas, descontrol, lo de siempre? —bromeó Steven, sabedor de que Leah practicamente no pisaba la calle.
Leanne rió.
—Lo de siempre. Otra enriquecedora experiencia en la azotea —agregó, siguiéndole la corriente.
—Pues lamento comunicarte que esta noche tendrás que suspender tu exilio.
—¿Porqué lo dices?
—Hoy iremos a cenar fuera con Sam, Jenna, y un par de amigos más, y tú vendrás con nosotros.
—No lo dices en serio...
—Por supuesto que sí. Y no te lo estoy preguntando.
—Oh, Steve, yo...
—No aceptaré un no.
—Lo pensaré.
—Vamos, Leah, no seas aguafiestas —dijo Steven, poniéndose de pie—. Yo no estaré en todo el día, le prometí a Jenna que pasaría por su casa antes de ir a trabajar, pero cuando vuelva espero que estés pronta. No necesitas ponerte nada demasiado elegante. La situación no lo requiere. —concluyó con una sonrisa.
—Pero Steven...—intentó protestar ella.
Steven puso los ojos en blanco y suspiró.
—Está bien, hagamos un trato: si vienes esta noche con nosotros ignoraré el hecho de que has olvidado mi cumpleaños. —propúso y Leah lo miró sorprendida.
—Oh... ¿hoy es...
—Sí, 4 de mayo. ¿Dónde tienes la cabeza? —preguntó riendo—. Da igual. ¿Entonces qué me dices?
—Pues siendo así creo que no tengo excusa. Ahí estaré.
—Me alegra escuchar eso. Ahora si me disculpas tengo que arreglarme un poco. Jenna me espera. —Hizo una mueca al decir el nombre de su novia y se volteó para entrar en la habitación.
—Ah, Steve, por cierto...feliz cumpleaños.
—Muchas gracias, linda. —respondió guiñandole un ojo para después cerrar la puerta a sus espaldas.
 Leanne se estiró en el sofá y dejó escapar un largo suspiro.
Esta será una larga noche, pensó.


Premio de Victoria

12 comentarios:

MeriiXún dijo...

Me encantó el capitulo! sigue pronto mil besos <2

RoCiio dijo...

HOLAA!!
*.* Me encantóóó!! En serio escribes taaan bien, que los capítos te salen....En una sola palabra...Impresionantes :D me encantaa por cierto que saques la historias de imagenes..O.o me dejas muerta XD y ami también me gusta ese poder ^.^ jeje
BESOOOS ;)

Mas duro que el Cielo dijo...

Estoy hiper feliz, no solo que llegue a ponerme al día, si no que soy uno de los primeros comentarios :B que emoción jajaja
Steven e.e lo amo ajajaja me lo imagino y es como que Babaaaa jajajaja aunque Ian es el mejor :B jajajaja
bueno si el principio fue medio rebuscado pero genial, me encanto la descripción de la noche y el cuervo que quiere ser mirlo, muy profundo de verdad :3
No amo la poesía, prefiero novelas, amo leer, pero no poesías, no encontré nunca una que me atrape tal vez es por eso...

Bueno quiero saber que pasará la noche de cumpleaños de Steven :)
Linda FELICIDADES por el primer premio, se lo que se siente cuando es el primero, es como :O es para mi? jajajaja pero seguro te llegan muchos mas porque sos una escritora sorprendente mente buena :)...

Yo también querría ser invisible jajajajaja Tampoco se la razón...Bueno linda, deje comentarios en todos los caps que leí hoy así que espero que los leas, AMO LA NOVE, eso ya lo dije, pero nunca esta de mas jajajaja Bueno linda, besos y sube pronto porque tu nove es demasiado genial, perdón si me atraso, pero acá estoy y espero seguir al día...Luego te agrego al face :3

mientrasleo dijo...

Pues a mi me ha gustado, la concepción del principio, más reposada y madura, nos ayuda a conocerla mejor.
Besos

♥sarii ツcristal♡ ♪ dijo...

hola pues mira me lei tu blog en una semana y realmente me encamta esta demasiaod bueno ahh escribes geneal chiva y creeeme te mereces ese premio chika me encanto el cpaitulo besitos cuidate

Marie C. dijo...

Ah bueno, asi que tenemos un steven que le encanta coquetear con Leah no? vamos, que es obvio que no lo hace por broma o por mera costumbre, o puede que yo me equivoque y si lo hace por broma y mera costumbre, no lo sexd Lo que si se es que lamente el hecho de que empieces a esudiarxd Solo porque tardaras en actualizar y nooD:
ahora en la parte con sam fue dura, vamos que ella la esta apoyando en todo lo que puede brindándole una casa y una cara amiga y ella como le habla, pero igual pobre Leah, y ni siquiera quiero imaginarme como esta Ian, mi ian, debe estar destrozado. Eso si que si.
felicidades por el premio guapa, que te lo mereces, En mi primer premio casi grito, creo que realmente grite, me emocione mucho jajajajaxd En lo de actor favorito concuerdo contingo, Johnny es simplemente Johnny depp. Y ahora el super poder he? No, yo pediría leer mentes, eso me serviría mucho en el colegio y con mis no amoresD:
Bueno bueno yaxd besos linda, Cuidatee

victoria dijo...

wolo!!! llegué tarde!!! y yo que quería er la primera en ccomentar!!.-. pero no gue culpa mía fue del Inst. salí a las 4!!! o_o y con la tarea! uff!!, pero bueno aqui estoy xD!!.
Linda me gustó mucho el capitulo, siempre nos deleitas con tus capitulos!! super lindos *_* trasmites muchos sentimientos me gusta mucho como escribes >.< y te mereces ese premio y muchoooooss más.

pobre Sam creo que Leah no debe ser asi con ella porque Sam la está apoyando y mucho! auqneu si es dificil estar de buenas cuando adentro estas muy mal y más por un amor D: espero y se arreglen las cosas con Ian, que vuelvan a comunicarse no se pero que no se quede de brasos cruzados un@ tiene que luchar por lo que quiere xD!.
Ahaha Steven que guapo está!!! mmm algo me dic que eso de coquetear va para algo mas ^^ jaja o solo soy yo?? O.o o no lo creo >.<.
Ser invisible? woa!! que padre!! que nadie te vo y hacer malvades! ok'noxD, yo al igual que Marie me gustaría más leer la mente xD!!. Jhonny Deep buena elección el hace peliculas muy buenas!!! :D bueno me despido y que te vaya bien en la escuela ;D
cuidate, besos

victoria<3!

Noa dijo...

¡Weje!, ya me tienes nuevamente por aquí. ¿Sabes?, lo curioso es que estoy al día con tu historia, cosa que antes no era capaz de hacer cuando algún contenido me gustaba. (:

Sí que es cierto que ha sido triste el capítulo de hoy, Leanne está realmente muerta, pero, tiene sentido que se encuentre así. Me he sentido identificada con algunas fases de mi vida, muy personales y... ante su carácter, sus reacciones. Por alguna razón he visto que comparto algo con ella.

Steven me encanta, tanto como Ian pero, ¿he dicho ya que me encanta ,no?.

Lucía, mi nombre en sí es Ainoa, pero no me importa que me llamen Noa. Por cierto, voya cotillear esos blog's que has recomendado y ya de paso, cotillearé ese Flickr tuyo. A mí las imágenes también me inspiran muchísimo.
Seguramente también te agregue en FB.

¡Un abrazo muy fuerte! y.. gracias por la presencia de tus palabras. :P

Lita εїз dijo...

hbjdbdsd me encantó! escribes maravilloso, muy merecido el premio <3

besos

Luna Violeta dijo...

Pues hola! Y perdon el retraso en leer tu (espectacular-genial-maravillosa) Historia!
Steven es bastante tentador *-* *se seca la baba* pobre Leah, tres meses ya sin Ian! Y lo peor es que se odia a si misma. En cuanto a samanthe, esas son amigas de hierro, aunque pobrecilla leah la lastima sin darse cuenta.
Estoy de acuerdo con Marie C. es claramente obvio que steve tiene intenciones con Leah...
Espero ansiosa el proximo capitulo!
Un beso :D

Orne dijo...

Es cierto, al principio es un poco psicolígico, pero me encantó que asi fuera :D y felicitaciones por el premio! Bien merecido que lo tenes!
Qué lindo este capítulo, Lu! segui subiendo :)

sunshine dijo...

aww q mal q se haya puesto tan mal , me cae bn steven :D yo creo q a el le gusta , pero q paso con ian??? y donna cumplio su promesa??
:O