lunes, 9 de abril de 2012

Poesía - Capitulo 2.



Remembranzas, 17 de febrero
Cuatro días antes...

—«Niña de frente pura como un cielo sin nubes y ojos de sueño y dicha, aunque la ley del tiempo a los dos nos separe la mitad de la vida, acoge como ofrenda este mágico cuento con una amable sonrisa. ¡Cuánto tiempo sin ver tu mirada radiante ni oír tu risa fina! Sé que en tu joven vida no habrá de pervivir ninguna imagen mía. Más no importa: me basta que escuches ahora el cuento que mi pluma te envía...»
Ian recitaba el poema con voz suave y cantarína, mientras descansaba cómodamente en el regazo de Leanne. 
Leanne, por su parte, escuchaba atentamente y jugaba con el lacio y despeinado cabello de su novio.
 Él apartó el libro por un momento y la miró fijamente, como si fuera la primera vez que la veía.
— ¿Porqué te detienes? —preguntó Leanne, dedicándole una sonrisa.
— Por nada en especial. Solo estaba pensando que te he leído tantas veces este poema que creo que ya lo debes saber de memoria. 
—«...Un cuento que iniciamos en los días brillantes de aquel cálido estío, una simple canción que a acoplar nos servía nuestro remar a un ritmo, cuyos ecos perduran por más años celosos que nos sugieran olvido»—recitó ella, confirmando su sospecha, y ambos se echaron a reír—. No sé porqué será —continuó—, pero me gusta más cuando lo lees tú.
Ian se incorporó y se quedó sentado a su lado, sobre las hierbas, mientras ambos contemplaban el paisaje que los rodeaba.
El silencio que los acompañaba era inquebrantable. El sol casi se ponía y los colores se empezaban a mezclar en el cielo, reflejados en el agua del lago.
Todo era demasiado perfecto. 
 Leanne abrazó a Ian y pensó que podría pasar así el resto de su vida. Con él no necesitaba más. Y sabía que él pensaba lo mismo.
—¿Sábes porqué me gusta tanto ese poema? —inquirió Leanne, rompiendo el silencio— Porque me recuerda a este lugar. Especialmente en estas horas de la tarde, cuando miro el lago puedo imaginar la barca de Lewis Carroll con las tres niñas. Las puedo ver a las tres niñas empujando los remos. Las imagino impacientes por escuchar el cuento de él. Veo la ansiedad en la mirada de la pequeña Alice Linddell. Sus ojos brillosos. Su mente viviendo cada aventura que escucha —se detuvo para tomar aire y miró a su alrededor—. No me parece extraño que en un lugar así Carroll haya ideado semejante historia. Creo que aquí cualquiera es capás de dejar volar su imaginación.
Ian la miró con ternura, mientras le acariciaba el cabello y asentía. Estaba acostumbrado a escuchar las ensoñaciones de Leanne. Le encantaba esa manera que tenía para expresar claramente todo lo que pasaba por su mente. Siempre le había admirado eso. Él nunca había logrado hacerlo bien.
Y Leanne no esperaba que él respondiera algo. Lo conocía como a la palma de su mano y sabía por descontado que los silencios conformaban una gran parte de la personalidad de Ian. Pero esto no la molestaba. Sabía que si él no hablaba demasiado no era por falta de interés, si no porque expresarse no era su fuerte.
 Uno era complemento del otro. Con el tiempo se habían convertido casi en la misma persona. A tal punto que con una sola mirada podían saber exactamente que pasaba por sus mentes. El amor y la confianza que se tenían mutuamente había podido superar cada obstáculo que se les había interpuesto en el camino, y a esa altura creían que nada podía separarlos.
 Él volvió a recostarse en su regazo y retomó la lectura, pero esta vez Leanne casi no le prestaba atención. Estaba distraida observando por milésima vez cada una de sus facciones. La línea de la mandíbula perfectamente dibujada. Los grandes ojos claros. Su piel suave y trigueña. El pelo castaño claro que llevaba despeinado como siempre, y que con la luz del atardecer se veía casi dorado. Era hermoso. Realmente hermoso.
Se preguntó una vez más porqué razón él la había elegido a ella entre tantas otras.
—«...Y aunque sin duda, dentro, la sombra de un suspiro lata bajo esta historia, por los felices días de aquel verano ido y el paso de su gloria, no ajará con su aliento la mágica delicia que de este cuento brota.»—concluyó Ian, terminando el poema.
Luego se volvió a incorporar y la miró con aire pensativo, mordiéndose el labio inferior. Un gesto que hacía inconscientemente cuando quería decir algo importante.
—¿Qué sucede?—preguntó Leanne.
Ian guardó silencio por unos segundos, buscando las palabras.
—Mamá está empeorando. —soltó de pronto en voz baja, con tristeza en los ojos.
 Ian se esforzaba por no dejar entrever su desdicha, pero no podía ocultarlo ante los ojos de Leanne.
—No puede ser posible...—susurró ella.
—Lo es. —respuso, con la voz quebrada.
—¡Oh, Ian! ¿Porqué no me lo has dicho antes? Yo aquí, hablándote de estupideces y reteniéndote cuando tú solo tendrías que estar cuidando de tu madre.
Él negó con la cabeza y puso sus manos en las mejillas de Leanne.
—No digas tonterías, Leah —ordenó—. Sabes bien que el único momento en que puedo olvidar mis problemas es aquí, contigo. —dejó caer sus manos y tragó saliva, desviando la mirada. Pero no pudo evitar que Leanne notara las lágrimas que asomaban en sus ojos. 
Miró al cielo como buscando consuelo, y continuó:
—Luego vuelvo a casa y es más de lo mismo: llantos, gritos, y peleas de niños pequeños, y una madre que constantemente olvida quién soy. Facturas impagadas, una tubería rota, una gotera en el techo, una bisagra oxidada... Cualquier cosa es una responsabilidad. Todo cae sobre mí —bajó la mirada cuando ya no podía retener las lágrimas—. No es que reniegue de ello. Es más, cumplo con gusto lo que me corresponde hacer. Invierto todas mis fuerzas en mi familia, pero a veces creo que no es suficiente. A veces sólo tengo ganas de quedarme en mi cama y no volver a despertar. A veces simplemente pienso que no puedo seguir, que no puedo esforzarme más. Pienso que todo está perdido y ahí apareces tú para demostrarme lo contrario. Haces que mi vida recobre el sentido. Me das fuerza y un motivo latente por el cual seguir. Y eso jamás te lo podré compensar, Leah. Nunca dejaré de darte gracias por estar conmigo.
 Leanne, conmocionada, le apretó suavemente las manos y lo miró fijamente, con los ojos llenos de lágrimas.
—No, por Dios, no tienes nada que agradecer.
—Por supuesto que tengo que agradecerte. 
—En absoluto. Ni en mil años te dejaría. Eso nunca pasará. Jamás. Nada hará que me aparte de ti. Y aunque me dejaras de amar yo seguiría aquí. Te seguiría hasta el fin del mundo si fuera necesario. 
—¿Lo juras?
—Te lo juro —afirmó Leah, dándole un rápido beso en los labios—. Estos problemas son pasajeros, cariño. No dejes que te desanimen. Un día todo se solucionará y podrás seguir con todos tus planes. No es el fin del mundo, Ian. Sabes que estamos juntos en esto.
Ian se acercó más y la abrazó con fuerza, como si quisiera fundirse en ella. Quería creerle. Quería tener la misma seguridad de que eran problemas pasajeros, de que todo se solucionaría. Pero especialmente quería creer que cuando todo pasara iba a poder seguir con sus sueños y cumplir sus metas. 
 Desde que era niño había soñado con dedicarse a la música. Cuando a los ocho años su padre le regaló una guitarra clásica todos estuvieron de acuerdo en que ése era su don. Pasaba horas encerrado en su cuarto con la guitarra, tocando melodías sencillas que con los años fue perfeccionando. Se enamoró de la música. Se enamoró de la guitarra y de cada uno de sus sonidos. Le trasmitía una paz y una satisfacción que él no era capás de expresar. Con trece años ya sabía que quería volcar toda su vida a la música. Vivir por y para eso. No existía nada más. Todo lo demás era secundario. 
Tomaba clases con un viejo amigo de su padre, Hutch Winick, que se encargó de enseñarle por más de seis años todos y cada uno de los secretos de una guitarra. Le inculcó prácticamente su misma obsesión a Ian. Y el muchacho, en la flor de su vida, absorbía toda la información como una esponja. 
Un día, cuando los crueles vientos del invierno azotaron Remembranzas, arrasaron con un viejo galpón donde Ian tomaba las clases. Fue entonces cuando Hutch le propuso continuar las lecciones en su casa. 
Él nunca había estado allí y cuando llegaron una jovencita de ojos risueños y melena oscura que le caía en cascada sobre los hombros les dio la bienvenida. Saludó a Ian de forma cordial pero distante, y cuando vio Hutch cruzar el umbral se colgó de su cuello riendo. 
—Brahian, ella es mi hija Leanne. 
Ian le besó la mano y Leanne se ruborizó, bajando la mirada para luego disculparse y escabullirse de la habitación. Se sintió incómodo. Sabía que tenía que dejar de usar esos modales tan anticuados que su padre le había inculcado. 
Las visitas que otrora eran semanales cada vez se hacían más constantes, y Hutch comenzó a darse cuenta de que el interés de Ian ya no era sólo por la música, si no más bien por la joven musa que allí había descubierto. Más de una vez había tenido que llamar la atención del muchacho, que por momentos se quedaba mirando fijamente a Leanne. Y también la había pillado a ella in fraganti observando a Ian, con ojos brillantes, por encima de su libro de poesías. 
Pasó mucho tiempo antes de que los dos niños se atrevieran a hablarse. No fue antes del cumpleaños número trece de Leanne al que Ian inesperadamente fue invitado. Hasta entonces, siempre que se veían se saludaban timidamente y se limitaban a dedicarse miradas furtivas o sonrisas incómodas, pero ése día Ian había llegado puntual al cumpleaños, con una paquete de color violeta en mano, y púlcramente peinado. Cuando le entregó el regalo, Leanne esperaba resignada que fuera un peluche, o alguna joya, o algún otro regalo predecible. Pero se sorprendió mucho cuando vio que se trataba de un libro. Cien poemas para Peggy.
Ian se apresuró a decirle que si no le gustaba podía regalarle otra cosa, pero Leanne lo interrumpió y le dijo que era el regalo más maravilloso que le habían echo.
Desde ese momento algo cambió. Enseguida ambos comprendieron que habían traspasado la gran barrera de la timidez. En ése momento, y a tan cortas edades —trece y catorce años— tuvieron la seguridad de que iban a ser inseparables.
Dos años más tarde, la muerte repentina de Hutch dejó a todo Remembranzas sin palabras. Nadie entendía porqué a él, un hombre tan bueno y honesto. Nadie le encontraba sentido. Ni siquiera Leanne, que aún no aceptaba que había quedado sola en el mundo. Sola no, con Ian. Pero eso no impidió que la metieran en una casa de adopción. La obligaron a mudarse a otra ciudad con los Covarenni, una pareja adinerada que alojaba adolescentes huerfanas hasta que las adoptaran o cumplieran la mayoría de edad. 
Allí conoció a Annie, Holie, Samantha y Donna. Annie y Holie eran hermanas gemelas, y vivían en la casa desde que tenían doce años. Samantha había llegado pocos días después que Leanne, y compartiendo penas y angustias habían forjado un fuerte lazo. Pero Donna era un caso aparte. Ella había vivido toda su vida allí porque los Covarenni la habían adoptado cuando era una bebé. Donna sentía desprecio por las demás chicas. Dedicaba todo su empeño en amargarles la existencia, tratándolas con desdén y arrogancia. Las humillaba y las degradaba, haciéndolas sentir unas malditas bastardas. Pero especialmente se ensañó con Leanne. La indiferencia que Leanne sentía hacia Donna solo alimentaba su inexplicable odio e intentaba triplicar sus esfuerzos por hacer la vida de Leah miserable, pero no lo conseguía. Había llegado hasta el punto de intentar seducir a Ian cuando iba a visitar a Leanne. Ambos la habían ignorado, sin dar la mínima importancia a las insinuaciones que Donna hacía. Leanne estaba demasiado segura del amor de Ian para pensar que la podría traicionar. 
Cuando cumplió los dieciocho pudo recuperar su antigua casa y los escasos bienes que su padre le había dejado. Terminó la secundaria y desde entonces había trabajado de camarera en un bar de Remembranzas.
 Por su parte, cuando Ian cumplió la mayoría de edad y terminó el instituto ya sabía que lo habían becado en una de las mejores academias de música del país. Lo malo era que quedaba demasiado lejos, por tanto se tendría que trasladar. Le apenaba tener que vivir lejos de Leah, pero buscaría la manera de solucionarlo. Viajaría a verla ni bien pudiera. Todos los fines de semana. Y la llamaría todos los días, y todas las noches. Y cuando no pudiera llamarla le escribiría cartas. Le mandaría postales. Se comunicaría con ella por Internet. Eso ya no era un problema. Solo sería una temporada. Y después tal vez hasta podría mudarse con él por un tiempo. Luego haría algo de dinero en la gran ciudad, y más tarde volvería Remembranzas, junto a ella, el amor de su vida. Pero cuando hacía apenas tres días que Ian se había instalado en su nueva residencia la vida le jugó una mala pasada; el respetable Charles Higgins, el padre de Ian, se suicidó. Y no solo eso, si no que dejó como legado enormes deudas por pagar, de las que su familia no estaba al tanto. Por esto, Ian se vio obligado a volver a Remembranzas, para ayudar a Lina, su madre, con los niños y la casa. 
Empezó a trabajar en una tienda de artículos de pesca, ganando un mísero suelo, mientras su madre se sumía más en la depresión y acariciaba la demencia, y él perdía cada vez más las esperanzas de volver a la vida que tenía...

16 comentarios:

Marie C. dijo...

Joder que el capitulo estuvo de fuerte. Quiero decir, lo que le paso a ella, luego a el. Fuerte, y triste al mismo tiempo.
*—En absoluto. Ni en mil años te dejaría. Eso nunca pasará. Jamás. Nada hará que me aparte de ti. Y aunque me dejaras de amar yo seguiría aquí. Te seguiría hasta el fin del mundo si fuera necesario.
—¿Lo juras?
—Te lo juro —afirmó Leah
Eso fue muy triste): Despues ella se fue. Como quedaria el? Ella lo quiere, eso es seguro. Entonces porque se fue? Tienes que subir un cap sobre eso y sorbe quien coños es Donna, claro aparte de que es una Huerfana que siente molestia hacie Leanne.-. I want moreee;3

Angie dijo...

Hola, muchas gracias por pasarte por el blog! Empezare a leerte mas tarde, se mira interesante :D

Besos

Đēβởởгαα! dijo...

Me encanta la historia :D Espero que sigas asi porque me encanta :) Un beso y publica pronto! :D

MeriiXún dijo...

Uoooh, la historia esta genial, me encantó el capitulo! Yo subí una parte del capitulo 4 de mi historia, mil besos guapa :)

victoria dijo...

hola!!! me gusta mucho tu forma de escribir!! lo haces muy bien. que mal lo de Ian pero aún no comprendo porque lenna se tuvo que ir y dejrlo aprate ella lo juro no?? bueno dice que es por su felicidad le habrá gustado donna?? espero que no :O me gusto mucho el capitulo espero el siguiente.cuidate

pd: tengo un nuevo capi pasate cuando puedas :D

tamaritap dijo...

Hola me gusto mucho el capitulo alucinada escribes muy bien me encanta como escribes esta muy chebre tu novela espero que escribas pronto el proximo capitulo chaiitoo cuidate :::DDDD=)))):=):=)besosXOXO

-Big.Small.Big.Small- dijo...

Acabo de leer el primer capitulo y segundo, me ha gustado mucho, me ha sorprendido porq siempre la historias son como más simples, y tú estas costruyendo aunq una historia con un guión normal, muy buena y adictiva! :D
Te sigo!

Mas duro que el Cielo dijo...

Chan chan me puse al día :B
No solo eso si no que casualmente leí este cap con My Inmortal de Evanescence y quede como o.O jajaja Se me puso la piel de gallina mas de una vez :3
Bueno a todo esto, AME el cap, por lo tanto la nove, sumamente genial desde la primer oración hasta la última :B
Que lindo encontrar a alguien con quien una pueda complementarse de esa manera, super dulce :B
Que historia interesante que tienen ambos, pero tristes :S, quiero saber mas sobre ellos...y sigo sin entender porque Leanne se alejo de Ian -.- Bueno lo asoció con algo de la música, pero no lo se...Que lindo, yo también soy una apasionada de la música así que lo comprendo, espero encontrar mi mussa :P jajaja

Bueno linda, gracias mil veces por pasar por mi blog y leer la nove, sos una dulce, quédate tranqui que voy a hacer otra nove seguramente así podes comenzarla de principio :P...La música como dije antes es todo en mi vida, especialmente el rock, me alegro que te guste, sobre todo que te guste Nirvana :B Y La Renga en Junio voy a un recital de ellos, ya muero de emoción jajajajaja bueno nos hablamos, lindo conocer a alguien con gustos como los míos ¿Qué música te gusta aparte de Nirvana y La Renga? así se mas sobre vos :B besos divina, nos leemos (En el primer cap también comente)

Luna Violeta dijo...

NOOOOOOOOO!!! No me puedes dejar asi en medio del sufrimiento de Ian!
Me encanto el capitulo! Y la parte cuando él lee poesia *-* Dije:-Esto es demasido bueno! No se porque pero los capitulos se vuelven más adictivos! :D *Y en mi mente se escuchaba una voz que decia:-¡¿ Que fue lo que ocurrio para que Leah se alejara ian D:?!*
Has armado una novela preciosa, Siguela!
Un beso :)
P/D gracias por tus comentarios, es un placer que mis entradas sean de tu gusto! :)

Helen dijo...

Es fuerte y triste, una combinación potente y frágil a la vez..
Está bellísimo tu blog querida. Te sigo sin dudas :)

Noa dijo...

OMG. Qué talento que tienes escribiendo niña :O.
Sin duda éste capítulo incluso me ha impresionado más que el primero. ¿Sabes?, creo que Ian, en un fondo sabe expresarse perfectamente :B.

RoCiio dijo...

HOLAA!
*_* ¡Dios...Mio! ¡¡¡Es preciosa la novelaa!!! Muy triste :S pero...Wuaaa que imaginación tienes. Me encanta tu novelaa, ¡voy a seguir leyendo ya! :)
BESOOOS ;)

Kyrha dijo...

Me encanta la historia!!!
Bua es super triste pero te intriga y te dan ganas de saber mas y maas muajajaj asii que me voy a leer el cap 3!
Nos veeemos guaaaapa!
besos

camy dijo...

Ho..!!!ke trISte por dios ke es muy.. triste la vida de ambos pero ya odio a DONNA que desgraciada..
A seguir leyendo que se pone interesante kada vez más..
BesOs
cAMY...

sunshine dijo...

wow escribes muy bien, que fuerte la historia :S pero me gusta mucho me intrigo bastante , ohh ellos realmente estan enamorados *_* parece un amor de esos que pueden con todo pero entonces quisiera saber xq ella se va y quiero q todo termine bien ajaj pero suppngo q eso sera despues
saludos!!

Mariana dijo...

Después de esa promesa cómo dejo a Ian así??
Donna intentando seducir a Ian? Ja! Qué tenga suerte!
La vida de ambos es bastante compleja, y problemática, Ian abandonando lo que más le gustaba, debe haber sido difícil, y la muerte de sus padres...
Voy a leer el tercero!
Un beso!