martes, 10 de abril de 2012

Problemas - Capitulo 3.


Remembranzas, 17 de febrero

 La noche se abrió paso sobre sus cabezas y ellos se quedaron tendidos en la hierba, observando las estrellas abrazados en silencio. Era uno de esos tantos momentos en los que cualquier palabra sobraba. 
Cuando se hizo tarde, decidieron que era hora de volver a casa. Leanne insistió en que la dejara ir con él a saludar a Lina y a los pequeños, y él a regañadientes aceptó. En el fondo a Ian le daba vergüenza que Leah fuera a su casa. Era una casa hermosa, pero dentro siempre reinaba el desorden, sumado a los gritos de sus hermanos y los delirios de su madre. Era un caos.
 Entraron tomados de la mano, y cuando los niños los escucharon llegar corrieron a ellos, aferrándose a las piernas de Leanne o dando saltitos de alegría.
Ian en total tenía cinco hermanos, de los cuales dos eran mayores que él y vivían en otra ciudad. En la casa estaban Francis, de ocho años, Morgan de diez, y Molly de cinco. Francis y Morgan pasaban peleando. Eran unos diablillos y sacaban de quicio a cualquiera. En cambio, la pequeña Molly era la niña más simpática y dulce de la Tierra.
Los dos mayores revoloteaban alrededor de Leanne parloteando sin parar, y Molly la cinchaba tímidamente de su blusa, susurrando para llamar su atención.
Leah los saludó sonriente, tratando de prestar atención a todos, pero era imposible.
—¿Se quedará a dormir?
—¿Puedo ver películas de terror con ustedes?
—Si se queda puede dormir en mi habitación.  
—Mamá dice que las películas de terror son pertur-no-se-qué, pero...
—No, Molly. Si se queda dormirá con Ian y harán esas cosas que hacen los novios.
—-...es genial cuando a alguien le cortan un brazo y salta sangre...
—Le prestaré a Teddy.
—...pero no me da miedo. Tener miedo a esas películas es de niñitas.
—Si no quieres quedarte con Ian podemos quedarnos toda la noche maquillándonos y hablando de cosas de chicas...
—Ya chicos, denle un respiro —intervino Ian, arrastrando a Leah hasta el living. 
Sacaron los juguetes que copaban el sofá y se sentaron. En la sala había olor a encierro y el aire estaba viciado. Como esas casas en las que no se abre la ventana por varias semanas.
—Perdona a mis hermanos —se disculpó, como si fuera la primera vez que ella visitaba su casa.
—¿Dirás eso siempre que venga?—sonrió— Son encantadores.
—Lo son. Pero pueden llegar a ser muy irritantes.
—Son niños, Ian. 
Él suspiró.
—Lo sé, lo sé. Tal vez sea yo el que esté irritable —dijo con voz condescendiente, cerrando los ojos y masajeandose las sienes.
Leanne lo miró con ternura y le acarició la mejilla.
—Sólo estás cansado, cielo. Nada que una buena noche de sueño profundo no pueda remediar. 
Abrió los ojos y le sonrió seductoramente, agarrándola de la cintura y atrayéndola más hacia él.
—O una noche contigo —le susurró al oído.
—Ya me quedé contigo ayer. Si me quedo tan seguido los niños pensaran cualquier cosa, sabes como son —respondió contorneandole la mandíbula con un dedo.
—Si no se enteran no hay ningún inconveniente.
Leah soltó una carcajada.
—A veces te comportas como un adolescente, Ian. 
—A veces desearía serlo —respuso, besándole el cuello.
Unos pasitos apurados sobre el suelo de madera los hizo separarse.
—¡Ian! —exclamó Molly al tiempo que abría los brazos y se abalanzaba sobre él. 
Ian la sostuvo en el aire y luego la sentó en su regazo, dándole un beso en la frente.
—¿Qué haces aún despierta, Molly? —le preguntó con ternura.
—No podía dormir.
—Aún así tienes que hacerlo —intervino Leah, tomándole la manito.
—¿Me contarás otra historia? —preguntó la niña, observandola con ojos brillantes.
—Por supuesto —resopondió Leanne sin titubear, poniéndose de pié y caminando hasta la estantería de libros que estaba al lado del sofá— ¿Cuál quieres que te cuente?
—No lo sé...—suspiró— No me gustan las princesas.
Ian y Leanne intercambiaron miradas de sorpresa ante tal comentario y sonrieron. Cualquier niña de su edad estaría fascinada con las hadas y las princesas, pero al parecer ella no.
—Bueno, siendo así creo que ya sé que te leeré. —concluyó Leanne con una sonrisa, tomando el libro de Alicia en el país de las Maravillas que habían estado leyendo esa misma tarde con Ian.
Ambas se retiraron a la habitación. Molly se acomodó es su cama y Leanne se reclinó a su costado. Ian, sin embargo, se quedó mirando la escena desde la puerta, inclinado contra el marco, sin intervenir ni hacerse notar.
Las observó con el corazón encogido. Las dos mujeres de su vida.
Claro, él tenía a su madre, y además de Molly dos hermanas más. Pero Molly era especial. La más pequeña. La más linda. Su favorita. Obviamente se guardaba esta preferencia para él, pero sabía que Molly siempre iba a ser su pequeña.
Y luego Leanne. Su primera y única mujer. A la única que había poseído. A la única que quería poseer. Sabía que también ella era suya. Tal vez sonara posesivo, pero no le importaba. Leanne era de él. Sólo de él. Y él era de ella. Ambos se pertenecían. Eran como una única persona.
Observó su perfecta silueta, arrodillada al lado de la cama de su hermana. Su pelo oscuro y brillante caía suelto y salvaje hasta la cintura. Se giró por encima del hombro por una fracción de segundos y le sonrió, para luego volver los ojos al libro. Qué hermosa era. Su musa. Agradecía a Dios todos los días por tenerla con él.
El miedo de perderla le recorrió el cuerpo por milésima vez. No. Eso era imposible. Ella jamás lo abandonaría. Se lo había jurado. Si ella lo dejaba sería peor que matarlo. Sí, prefería que lo despelleje vivo a que lo abandonase. Porque si lo dejaba simplemente moriría. Su alma moriría. Y si no moría, el mismo se quitaría la vida. Sin ella nada tendría sentido. No. No había necesidad de pensar en eso. Ella era suya. Para siempre. Lo sabía.
Leah acarició distraidamente la frente de la niña, que la miraba atenta, y a Ian se le ocurrió que sería una madre perfecta. Los ojos le brillaron al pensar en tener un hijo con ella. Pero no, aún no, era demaciado pronto. Eran demaciado jovenes. Ella apenas tenía veinte años. Habían muchas cosas que hacer antes de pensar en un hijo.
—«...Rudas almas sumidas en furiosas contiendas. Una vida tan pura, tan simple, tan ilegible. ¡Decidme, si gustáis; tales horas son huecas, en balde, malogradas, sin encanto posible!...»—escuchó recitar Ian a su novia.
Un poema precioso, pensó. «¡Clama tú, dulce niña, salva a los corazones hundidos en el tedio que el don no engaña! ¡Ah, qué feliz será quien los más tiernos goces tenga en su corazón y el amor de la infancia!» recordó para si mismo, al tiempo que Leanne lo leía en voz alta.
Cuando volvió nuevamente su vista a Molly la niña dormía profundamente. Leanne dejó el libro en la mesa de luz, le besó la coronilla y salió de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.
En la penumbra del pasillo donde estaban, Ian la besó apasionadamente. La deseaba. Leah lo sabía. Lo notaba en sus manos que la recorrían, en sus caricias febriles.
 Otra voz distinta los obligó a separarse.
—Brahian —tronó una voz severa. Una voz inconfundible. Una de las únicas personas que lo llamaban por su nombre completo. La mayoría de la gente que lo conocía pensaba que «Ian» era su nombre, y no un diminutivo.
—¿Qué sucede, mamá? —inquirió, incómodo por la situación en la que los había encontrado.
—¿Quién es esta ramera? —preguntó con desdén, acercandose más por entre la sombra.
Ian encendió la luz.
—Señora Higgins, disculpe, yo...—intervino tímidamente Leanne.
—Silencio. —interrumpió cortante— Te pregunté a ti, Brahian.
—No es ninguna ramera, mamá. Es Leah. Leanne Winick, mi novia.
—No la conosco. La quiero fuera de mi casa.
—¡Claro que la conoces, mamá! Ella era la hija de Hutch Wi...
—¡Largo! ¡Quiero a esta perra fuera de mi casa ya!
—¡Cálmate, por el amor de Dios, mamá! —exclamó nervioso Ian, sacudiendola suavemente por los hombros.
—¡Suéltame, no me lastimes! ¡Me estás lastimando! ¡Brahian, basta! ¡Llamaré a tu padre si sigues comportandote así!
—¡No te estoy haciendo nada! —gritó indignado. Suspiró —No puedes llamar a papá. Papá está...
—Basta, Ian. Será mejor que me vaya a casa. —susurró Leah, haciendolo a un costado.
—Tú y esta maldita bastarda pueden irse al demonio. —espetó Lina, entrando a su habitación y cerrando la puerta de un golpazo.
Ian se sentó en el suelo, con la cabeza en las manos. Francis y Morgan se asomaban por puertas diferentes en el estrecho pasillo.
—¿Ian a golpeado a mamá?—murmuró Francis, con mirada confundida.
—Claro que no, cariño...—comenzó Leah por lo bajo.
—¡Deja de decir estupideces, Francis!—rugió Ian de golpe, interrumpiendola.
Francis cerró la puerta suavemente, sollozando en silencio. Morgan seguía husmeando.
—Morgan, será mejor que duermas.
—¿Qué está pasando, Leah?
—Mañana Ian se los explicará. Hoy está muy nervioso y cansado. Y también tu madre. Pero mañana todo estará bien.
Poco convencida cerró la puerta.
Leanne se sentó al lado de Ian, imitando su postura, con las rodillas a la altura del pecho.
Él no la miraba. Se tapaba el rostro con las manos y temblaba.
Le pasó una mano por su sedoso cabello, pero él no pareció notarlo.
Se veía tan frágil así. Ian, que parecía el hombre más fuerte del mundo, cuando su coraza flaqueaba se veía tan indefenso que hasta Leah se sorprendía. Pero no le gustaba la lastima. Era muy orgulloso. Así que Leanne tenía que pensar muy bien sus palabras de consuelo.
—Sé que no quieres hablar...—comenzó— por lo tanto estaré aquí hasta que estés mejor y podamos conversar.
No obtuvo respuesta instantanea, pero al cabo de unos segundos él levantó la cabeza y la miró. 
Se veía mayor. Como un hombre que ha sufrído mucho en una larga vida. Unas arrugas de frustración surcaban su frente. Tenía ojeras. Pero no lloraba. Solo temblaba. Un temblor compulsivo que no podía evitar. Tenía los ojos irritados. Se veía fatigado.
Leah acarició su frente, intentando alizar las arrugas de su ceño fruncido, pero no lo logró. Él intentó sonreirle pero apenas alcanzó a elevar la comisura de sus labios por una fracción de segundos. Estaba furioso, Leah lo presentía. Pero no con ella. Ni siquiera con su madre. Estaba furioso consigo mismo. Con su vida. Leah decidió que no hablaría hasta que él lo hiciera. No quería que explotara en cólera.
—Estoy muy cansado...—murmuró como un suspiro apenas audible. 
Ella lo besó en los labios brevemente.
—Esto es mi culpa, no debí venir...
Él le puso un dedo en los labios para hacerla callar.
—¿Quieres quedarte?
—No. Será mejor que me vaya. —contestó poniéndose de pie. 
Él la imitó.
—Entonces te acompaño.
—Es muy tarde. No deberías salir.
—Leah, por Dios, tengo veintiun años, puedo cuidarme en la calle.
—Yo también puedo cuidarme.
—Tú eres una mujer.
—Hmm, ¿machista?
La miró consternado.
—No seas tonta, Leanne. No tiene nada que ver con eso. No hay necesidad de que una mujer hermosa como tú ande sola por ahí si me tienes a mí para cuidarte.
Leah sonrió.
—Tú ganas —suspiró—. Pero una cosa...Creo que le debes una disculpa a Francis.
Él bajó la mirada.
—Lo sé. No fue mi intención gritarle, yo solo...
—Explicaselo a él, cariño... yo si sé lo que pasó.
 Ambos emprendieron camino a casa de Leanne, que no quedaba a más de unas cuantas cuadras y llegaron en cuestión de minutos. Leah pensó que podría haber vuelto sola. Al fin y al cabo Remembranzas era una pequeña ciudad donde todos se conocian y rara vez pasaba algo fuera de lo normal. Pero sabía que no podía hacer nada contra la irremediable sobreprotección que Ian ejercía sobre ella.
 Cuando llegaron se quedaron abrazados un largo rato. Ian no se quería apartar de ella, pero tenía que hacerlo. No quería dejar a sus hermanos tanto tiempo solos con su madre.
 Se separó de ella unos centímetros y la miro fijamente a los ojos. 
 Leanne veía una gran procupación en su mirada. Tenía una sombra que oscurecía sus ojos y una expreción que escondía más que un simple cansancio, pero no lograba decifrar que era.
—¿En qué piensas?—le preguntó.
—Problemas, como siempre —repuso él, desanimado.
—¿Qué problemas?
Suspiró, mordiendose el labio inferior.
Le tomó las manos y las puso entre las de él, sin dejar de mirarla a los ojos.
—Leah, tengo que decirte algo —comenzó, titubeante.
Ella guardó silencio. Esperó a que continuara.
—Hoy en la tarde no pude terminar de decirtelo. Como te había dicho, mamá está empeorando, y...
—No puede ser posible, Ian. El médico había dicho que...
—No, Leah, no. Dejame terminar. Hace tres días volví a hablar con su terapeuta. Ella está grave. Su enfermedad psicológica sigue avanzando y lo seguirá haciendo si no toma las medicinas adecuadas. También me ha sugerido que la interne en su centro de rehabilitación mental. Y no sé que hacer. No puedo dejar a los niños sin su madre, pero tampoco puedo dejarla con ellos. El terapeuta me ha dicho que no es bueno que los chicos la vean en ese estado, pero no puedo separarlos de ella. Son muy pequeños, la necesitan...—su voz flaqueó y bajó la mirada, dejando caer las manos de Leah.
Leanne lo tomó por el mentón y lo obligó a mirarla. Los ojos de él brillaban tristes.
—Oh Ian... no sé que decirte, yo...
—Espera, Leah, eso no es todo —la interrumpió—. Por más que tomara la decisión de internarla no es tan simple. El dinero que gano en esa maldita tienda apenas cubre los gastos de la casa y algunas medicinas, aunque no todas. Voy a tener que ingeniarmelas para conseguir dinero extra, de otra manera jamás podré pagarlo.
—¿Y que hay de tus hermanos mayores, Ian? También son hijos de Lina. Tendrían que ayudarte. Ayudarla a ella.
Ian rió amargamente.
—¿David y Lenna? No lo dirás en serio, linda. En cuanto papá se suicidó ambos se hicieron humo y nunca se molestaron en llamar ni siquiera para saber si al menos seguiamos vivos. No iré a ellos, y menos para mendigarles. Me las arreglaré, Leah, no te preocupes. Yo puedo hacerlo.
—No Ian, no puedes. Ese es el problema, no puedes con todo. Es demasiado para ti ¿Porque no dejas de una vez ese maldito orgullo de lado y lo admites? Déjate ayudar, Ian. No seas obstinado.
Él negó con la cabeza, entornando los ojos.
—Venderé la casa, Leah. Es la única solución.
—¿Qué dices, Brahian? ¿Cómo se te ocurre...
—Es la única solución —repitió—. Con el dinero podré internar a mamá, y yo alquilaré algún apartamento para vivir con los niños hasta que consiga otra cosa mejor. No veo otra salida. 
Leanne lo observó con los ojos dilatados. 
—La solución es hablar con Lenna o David. —insistió.
—No, Leah. Eso no está en discusión.
Resopló disgustada. 
—No puedo creer que vayas a vender tu casa.
—Cariño, creeme que no hay nada, absolutamente nada en el mundo que quisiera más que no tener que venderla. Pero no tengo opción. 
A Leanne le dió un vuelco el corazón al ver la desesperación en los ojos de Ian.
—Tengo ahorros, Ian. Puedo ayudarte con...
Él negó con la cabeza sin dejarla terminar.
—De eso ni hablar. No aceptaré tu dinero.
—No entiendo porque no me dejas ayudarte.
Ian llevó sus manos a las mejillas de ella.
—Me ayudas con el simple echo de estar aquí.
—Eso no es suficiente —repuso decidida.
Él sonrió y le dió un fugaz beso en los labios.
—Claro que sí —contestó, acariciando su mejilla—. Bueno, ya te he abrumado demaciado con mis problemas por un día. Será mejor que me vaya.
 Al cabo de unos minutos él se había marchado y ella volvió a sentirse abrazada por la gran soledad de su casa. Ya estaba acostumbrada a ello.
No dejaba de pensar en la conversación con Ian. Tenía que ayudarlo, pero no sabía cómo. No tenía que engañarse; por más que le diera sus ahorros no serviría de mucho. Tenía que evitar que Ian vendiera su casa. 
Leanne sabía que él amaba demasiado ese lugar, incluso más que a ella, si es que eso era posible. Allí había vivido toda su vida. 
Estaba segura de que si él no estuviera realmente desesperado esa idea jamás se le cruzaría por la mente.
«Cariño, creeme que no hay nada, absolutamente nada en el mundo que quisiera más que no tener que venderla. Pero no tengo opción.», recordó su voz acongojada.
Él la necesitaba y ella no se quedaría de brazos cruzados.
Y de pronto, una idea se le cruzó por la mente. Una idea que la hizo estremecer, pero que probablemente era la unica salida.
 Finalmente, cuando posó su cabeza sobre la almohada, estaba completamente segura de lo que haría al día siguiente. 

15 comentarios:

MariMari dijo...

Me meto todos los dias al blog y resulta, que me meto hoy, y veo que me he perdido el capitulo 2!! te juro que esta tarde me leere los 3 capitulos seguidos, para estar al dia... :)
Yo, en realidad, prefiero que los escribas por partes, en vez de escribir todo el capitulo de golpe, a lo mejor escribirlo en 2 partes, para que no se tarde tanto y dejarnos con mas ganas...

No es una mala idea lo de poner las fotos y descripciones, tambien puedes poner los escritores que te inspiran o cosillas asi :)

MeriiXún dijo...

Genial el capitulo, como siempre. A mi no me molesta que sean largos, porque en realidad una vez comienzo, ya no puedo parar y se me hacen hasta cortos jajaj respecto a lo de los personajes, me parece un brillante idea, así que yo opino que lo hagas. Besos linda!

tamaritap dijo...

HOLA EL CAPITULO ESTUVO GENIAL COMO EL OTRO, A MI SI ME GUSTAN QUE SEAN LARGOS PORQUE SON INTERESANTISIMOS Y ME ENCANTAN ESPERO QUE PUBLIQUES PRONTO CHAIITOO BESOS:DDDD:=D

victoria dijo...

hola!! ya te dije que me gusta como esccribes??? si no pues te digo me encanta como lo haces. pobre Ian, como lo va a ayudar leah? o_o me encantó el capi, mmm sobre los capitulos me gusta que sean largos y a mi tambien me pasa de que por querer seguir leyendo hasta se me hacen cortos xD!! jaja y me parece buena idea lo de las fotos :D bueno espero el otro capitulo con ansias de saber como leah le va a ayudar a Ian. bye cuidate

Luna Violeta dijo...

Hola! *-* awww!! ES genial! Para mi no hay ningun problema con los capitulos largos, es más cada vez se hacen más "cortos", por no decir que me quedo con ganas de leer más!
Me gusta mucho la idea de los personajes, me gustaria conocer a Ian ♥! XD
Un beso! Y espero otro capitulo con ansias! :D
P/D: y aunque sea ya bastante recurrente: adoro como escribes! :)

Đēβởởгαα! dijo...

Mee encantaa!! :D:D La verdad es que así esta muy bien, me gustan los capitulos largos :D Jeje y sobre los personajes me parece muy buena idea que pongas la descripción y las fotos :) Publica pronto! Un beso :)

Noa dijo...

Y por último, el tercer capítulo. A ver, ¿sabes que casi lloro?. Me tenías mordiéndome las uñas ò_ó. Espero que Ian, no cometa la burrada de vender la casa o se puede encontrar en un estado más grave en un futuro.

Los capítulos largos a mí me fascinan, por lo tanto yo dejo claro que no me ha molestado. Respecto a tu pregunta... me encantaría saber cómo son Ian y Leanne :3, why not?.

Me alegra que mi blog te gustase, yo también adoro escribir, aunque últimamente no he tenido el tiempo a mi favor.
Tengo ya ganas de leer un cuarto capítulo, en serio, me encanta. Un besito y ¡yo también te sigo, claro!.

marymaria dijo...

Hola Alucinada, acabo de leerme los tres cap. que vas publicando y déjame decirte que me parecieron muy intensos.

Tu estilo me hace recordar el mio de hace unos años...

A mi si me gustaría una galería con imágenes e info de los personajes para entender mejor quienes desarrollan la historia. Sobre la sinopsis, la verdad que me pierdo un poquito porque no sé exactamente de que se trata. No espero que me resumas toda la novela pero si que cuentes un poquito más de que se trata. =))

PAsaré a leerte cada vez que publiques un abrazo y muchos exitos!!!

Orne dijo...

Hola Lu! esta entrada no me gusta... me encanta :D escribís muy pero muy bien, ya te lo había dicho :)
Son geniales los capítulos, no importa que sean largos ;) y en cuanto a la barra derecha, en mi opinión me parece buena idea que pongas a los personajes :D
Besitos, y gracias por tus comentarios, siempre me sacan una sonrisa :)

mientrasleo dijo...

He llegado hoy, me he sentado a leer y lo primero que agradecí fue que no hubiera capítulos cortísimos que usan la fórmula de dejar todo a medias para enganchar al lector.
Me gusta lo que he visto, voy a seguir la historia.
Besos y gracias por enseñarmela

RoCiio dijo...

HOLAA!!
*-* ¡¡WOOOOW!! Dios que dramatismo, ¡¡¡me encanta tu novela!!!! Está genial, wuuaaa lo tiene todo, amor, problemas, drama..uufff por favor síguela pronto, ya quiero saber lo que pasa. Y a mí me parece que están bien, ni muy largos ni muy cortos :3
BESOOOS ;)

camy dijo...

Estoy impresionada... no tiene una ida nada facil y realmente Ian la ama y mucho...
voy a seguir leyendo..
Un beso...
Camy---

Mas duro que el Cielo dijo...

Es demasiado lo que amo tu novela :B ando ausente en muchos blogs, porque no se sinceramente porque, pero ahora intento pasar y me maldigo a mi misma por no pasar mas seguido por acá, es tan genial...

Pobre Ian :( Igual amo su pareja son tan tiernos, quiero un novio así de tierno y un amor así de sincero jajaja Sus hermanos awwww, son la dulzura hecha niños...
Bueno con respecto a tu mamá :/ que mal, que feo estar en su lugar, espero que encuentren una solución y YA sigo leyendo para ver que hace Leanne :B

No me molesta que los caps sean largos, tal vez tarde mas en ponerme al día, pero son tan lindos que no molesta jajajaja sigo sigo leyendo :B Quedaron re lindas las fotos al costado :3

sunshine dijo...

:O yo amo los cap largos!! y mas si son tan buenos como los tuyos esta historia es super dramatica y super buename dio mucho sentimineto el dolor de ian como q lo siento y amo a esa pareja son tan lindos *_* y que mal lo de su mama , pobrecito , que sera lo que penso leanne??

Mariana dijo...

Hola!
No sé por donde empezar...
Primero que nada, no sé si ya lo dije o no, pero igual es bueno repetirlo: escribes maravillosamente! Increíble! Me encerraste en la historia, en el problema de Ian, creaste a sus hermanos en mi mente, a su madre, toda la situación, de verdad, sigue escribiendo porque tienes un talento enorme!
Iba a dejar para leer el próximo mañana, pero me atrapaste, así que voy al cuatro!
Un beso!