miércoles, 30 de mayo de 2012

Dante - Capitulo 15.


Monte Mercuccio, 15 de mayo
Una noche glacial se abría paso sobre la gran ciudad, coronada por una enorme, brillante y bien centrada Luna.
 Dante, con su postura encorvada, se mantenía de pie frente al enorme ventanal, en la penumbra de su biblioteca. En una mano sostenía una copa de vino, y en la otra, entre sus delgados y lánguido dedos escondía un mechero. 
—15 de mayo... —susurró y el cristal de la ventana se empañó con su aliento.
 Su memoria retrocedió exactamente catorce años atrás, y los recuerdos, como flechas incrustadas en su mente volvieron.
La palabra «piromanía» apareció en su cabeza. Un incendio, un funeral. Acusaciones, psicólogos, perdidas, dolor. Pastillas, terapia, otro funeral. Pero esta vez no había dolor, solo tranquilidad. Luego llegó la mayoría de edad. La tan añorada libertad e independencia. Y dinero, mucho dinero. 
Eres el único heredero vivo de los Blaird, Dante. Ahora todo te pertenece —le había dicho alguien una vez. Pero el no lo quería, no lo necesitaba. 
Y más tarde, responsabilidades. Problemas, y culpas. Remordimientos del pasado. Miedo, inestabilidad, y más pastillas. Y cada 15 de mayo una rosa roja sobre aquella fría tumba, en un cementerio de Londres. No una corona de flores, ni siquiera un ramo. Una sola rosa. Ella no merecía más.
Pero esta vez no podría ser. Ahora él se encontraba a miles de kilómetros de esa tumba, y por primera vez en catorce años no habría una rosa roja allí ese día. 
«Clic, chas», ese sonido nuevamente. Ese maldito sonido que había atormentado su mente durante tantos años, ahora por fin sabía que era.
—Clic, chas —dijo en voz alta al tiempo que lo hacía con el mechero. Levantó la tapita, y giró el rodillo, encendiendo la pequeña llama, para luego apartar el dedo y dejar que se apagara. 
«Clic, chas», el único recuerdo que tenía de aquella noche momentos antes de que todo ardiera en llamas.
«Sabía que no estaba loco», pensó y dejó escapar un suspiro. Pero ahora que más daba. Ya habían pasado demasiados años, y el verdadero autor de aquel incendio por el cual Dante había sido culpado ya estaba muerto hacía diez años. Pero él no lo olvidaría. Ahora estaba seguro de lo que había pasado, y podría jugarse la cabeza a que su padre lo había provocado todo.
 Dante giró sobre sus talones y caminó hasta una mesa en medio del salón. Dejó allí la copa de vino, y sacó de un florero una rosa roja, enorme y hermosa. La acercó a su nariz y aspiró el dulce aroma. Luego la tomó por la punta del tallo, y encendiendo nuevamente el mechero la prendió fuego, y la dejó caer sobre la mesa de cristal, observando como se consumía lentamente. 
Sopló las cenizas, y éstas se esparcieron por el suelo con ligereza. 
—Clic, chas —repitió, al tiempo que una leve sonrisa se pintaba en sus labios.
 La luz de la biblioteca se encendió de pronto, y Dante se encontró con la mirada aterrada de su joven criada. Él no recordaba su edad con exactitud, pero la chica no tenía más de 19, o 20 años. Tenía el cabello recogido en la nuca, y lo observaba con los ojos abiertos desmesuradamente. 
Dante, al percibir el miedo de la muchacha, sonrío con amabilidad para cortar la tensión.
—¿Sucede algo, Kathy?
—No, no, en absoluto —farfulló nerviosa—. Disculpe, no quería molestarlo, señor Blaird. Es solo que me ha parecido sentir olor a quemado, y...
—¿Y creíste que estaba intentando incendiar la mansión? —soltó una corta carcajada—. Dime, querida Kathy, ¿será que el apellido Blaird siempre estará ligado a la piromanía?
—Oh, perdóneme señor Blaird. Yo no quería insinuar eso. No fue mi intención ofenderle.
—No lo has hecho, tranquila —respondió él, cordial, avanzando hacia ella—. ¿Aún no está lista la cena?
—En un rato, señor.
—Bien —repuso, y se dignó a abandonar la biblioteca—. Ah, Kathy, por cierto...barre esas cenizas, por favor —agregó con tono divertido, y una sonrisa algo burlona.
 Una vez Dante estuvo fuera, Kathy se apresuró a hacer lo que le había ordenado y volvió a la cocina, a reunirse con los demás empleados de la casa.
—Tenias que haberle visto —le decía a la cocinera, que escuchaba atentamente—. Cuando entré en la biblioteca le vi ahí en la oscuridad con las luces apagadas, en medio de la sala, sonriendo como un desquiciado y con un mechero en la mano. También oí que decía algo en voz baja, pero no distinguí sus palabras. Dios santo, fue una escena de lo más macabra. 
—Deja de exagerar, Kathy. Eso de la piromanía es solo un rumor malintencionado —respondió la otra mujer, con mirada escéptica.
—¡Que no, Rebecca, que no! Además el suelo de la biblioteca estaba lleno de cenizas, lo juro. Mira, tú cree lo que quieras, mujer. Pero yo no se cuanto tiempo podré seguir trabajando en esta casa.
—Déjame decirte que eres una tonta si vas a dejar un trabajo como este por esos estúpidos rumores, Kathy. El señor es un hombre tranquilo, educado y super amable con todos, y gracias a él puedo mantener a mis hijos. Lo demás no me interesa.
—¿Te has fijado en todas las medicaciones que toma? ¿Y que me dices sus visitas al psicólogo?
—Kathy, por favor, deja la paranoia. En los tiempos en que vivimos cualquier persona tiene citas con el psicólogo, y eso no significa que estén locos. 
—Hasta he llegado a escuchar que mató a su propia madre, y estuvo internado en un hospital psiquiátrico de Suiza donde no podía ni siquiera recibir visitas. Lo han soltado solo porque pagó por ello, no porque le dieran el alta... ¡es un puto enfermo!
Rebecca se volteó para quedar de frente con Kathy, y le dirigió una mirada fastidiada.
—Es increíble. Tienes más imaginación que mi hija de 6 años. Deja de decir esas cosas, o nos meterás en problemas a las dos. El señor es sólo un tipo excentrico, y algo raro, pero al fin y al cabo es solo un muchacho de 25 años que no tiene a nadie más en el mundo que a si mismo. ¡Ni siquiera tiene amigos! Es duro vivir solo desde tan joven, no importa cuanto dinero tengas.
—Si está tan solo por algo será...
—Sí, claro que es por algo. Porque el mundo está plagado de gente cerrada como tú, que juzga lo diferente y se llena la cabeza de paranoias irracionales, justificando prejuicios absurdos y completamente estúpidos. Joder, Kathy, que el tipo ese no te ha hecho nada malo. Te trata de maravilla, te da trabajo, y te paga un salario que excede bastante la media normal. Déjalo vivir y que haga de su vida lo que quiera, por Dios.
Kathy guardó silencio un momento y bajó la cabeza.
—Tienes razón, Rebecca. Lo siento...
—Da igual, niña. Tómalo como un consejo. No puedes ir por la vida dejándote llevar por lo que dicen los demás. Ahora ve, y avísale al señor que la cena estará lista pronto.
 Kathy abandonó la cocina, y fue en busca de Dante. Lo encontró tendido en el diván de su despacho, leyendo un libro.
—Con su permiso, señor. Vengo a avisarle que la mesa estará puesta en un momento. 
—Oh, muchas gracias. Pero por favor, dile a Rebecca que prepáre la mesa para cinco.
—¿Tiene invitados esta noche, señor?
—No, pero me gustaría que me acompañaran en la cena de hoy.
—¿Nosotros?
—Así es. No me apetece comer solo, y aunque suene extraño, ustedes son las personas más cercanas que tengo.
La muchacha sintió una oleada de culpa en su interior. 
—Como usted diga, señor. Le avisaré a Rebecca enseguida.
—Gracias, Kathy.
Cuando Kathy avisó a los demás que esta noche cenarían con Dante, todos compartieron el estado de sorpresa, pero aún así nadie declinó la oferta. 
En el momento de la cena, Dante estaba sentado a la cabecera. La ama de llaves a la derecha, el mayordomo a la izquierda, y luego Kathy, y Rebecca. Era algo bastante inusual, por tanto los empleados se sentían un poco incómodos con la idea de comer junto a Dante. 
—Cuando era pequeño y aún vivía en Londres, a veces iba a cenar a la casa de Chris, un viejo amigo de la infancia. Sus padres eran muy amables, y tenían unos cuantos hijos. Siempre a la hora de la cena se sentaban a comer todos juntos, en una mesa enorme, y charlaban, y reían. Era una escena muy bonita de ver, y para mí, siendo un niño, era algo desconocido. Esas situaciones familiares nunca se daban en mi casa —comentó de pronto Dante, con voz nostálgica.
—¿Sus padres no cenaban con usted? —se atrevió a preguntar Rebecca, para continuar la charla.
—No, casi nunca. Nunca tuvieron una buena relación conmigo, especialmente mi padre. A decir verdad, nunca tuvieron una buena relación con nadie que viviera en mi casa. Mi padre me trataba muy mal, y a los empleados peor aún. Los insultaba, los trataba con desdén, pero ninguno se atrevía a renunciar. En aquella época era difícil encontrar trabajo, y muchos preferían soportar el maltrato a quedarse sin empleo —tomó un sorbo de vino, y continuó—. Me dolía mucho que los tratara así. Esos empleados supieron ser mi familia durante toda mi infancia, y odiaba ver la forma en que mi padre los denigraba. Había una anciana a la que yo quería mucho, era el ama de llaves. El día que mi padre le dio una bofetada por dejar caer sin querer un juego de cerámicas, me juré a mi mismo que si un día tenía criados nunca les levantaría la voz siquiera. 
—Muy noble de su parte, señor —repuso Theressa, el ama de llaves.
—No es cuestión de nobleza, es simple humanidad. Si hoy por hoy tengo empleados es porque no podría ocuparme de esta casa yo solo, no para sentirme superior ante personas que dependen de un sueldo para coexistir.
—¿Y qué fue de la vida de su amigo, señor? ¿Ya no tiene contacto con él? —inquirió Kathy, alzando la mirada.
—Falleció.
—Oh, lo siento...
—Si, también yo —admitió Dante, con tono controlado—. Es curiosa la forma en que el destino me ha ido quitando a todas las personas importantes en mi vida. Creo que a lo largo de mi existencia cuento más funerales que años cumplidos —comentó, con una amarga sonrisa. Pero en la mesa fue el único que rió del chiste. Los demás compartieron miradas de pesar, y comprensión. 
—Es una triste estadística —contestó Kathy, por lo bajo, como con miedo de ser oída. Sentía que ya había metido la pata.
—Si que lo es. Dímelo a mí... —suspiró—. La vida a veces puede ser muy frágil, querida. Es como si todos viviéramos abrazados por un fuego inapagable. Sufriendo, siempre sufriendo por una cosa o por otra a lo largo de la vida. Y al final, no importa cuanto tiempo estés quemándote... sabes que acabarás reducido a cenizas. 
 La metáfora de Dante creó un clima de incomodidad y nerviosismo, pues sabía que había rozado un tema del que nadie quería hablar.
Dante tomó el ultimo sorbo de vino, carraspeó y se puso de pie.
—Si no les molesta, me retiraré a mi habitación. Gracias por la cena, y la amena conversación. Buenas noches —concluyó él.
—Buenas noches, señor —respondieron todos al unísono.
 Luego de despedirse, abandonó el comedor y se dirigió a su despacho. En realidad no tenía ganas de dormir aún.
Escuchó pasos a su espalda, y se giró a ver. Edward, el mayordomo, se dirigía hacia él.
—Señor, he olvidado decirle algo. Hoy en la tarde, cuando usted salió, recibió una llamada. Una muchacha...Jenna, si mal no recuerdo.
—¿Jenna Biancciani? —preguntó interesado, sin poder disimular la sorpresa.
—Así es.
—Oh, Edward, ¿cómo no me has avisado antes? Quedará muy descortés que no haya devuelto la llamada.
—Disculpe, señor Blaird. No volverá a ocurrir. Ella dejó un número telefónico. Ha dicho que podría llamarla si le apetecía conversar. Lo he dejado anotado en un papel, sobre su escritorio.
—Bien. Gracias, Edward.
—Con su permiso, señor. —repuso el mayordomo, dando una pequeña reverencia y abandonando el despacho.
Dante caminó hasta su escritorio, y como esperaba, encontró allí el número telefónico. Miró el reloj de pared. 22:04. Sería demasiado imprudente llamarla a esas horas, mejor esperaría al otro día.
Sonrió. Volver a saber de ella le había alegrado la noche.
Se dejó caer en el sofá, y cerró los ojos.
«El compromiso de Jenna y Steven es tan falso como decir que estoy del todo cuerdo», pensó, y se rió de su propio chiste interno. Y poco a poco le fue ganando el sueño, mientras en su mente dominaba el pensamiento de que «Jenna» ni siquiera se llamaba así.

Muchísimas gracias a todas las que se tomaron la molestia de dejarme opiniones y sugerencias en el capitulo anterior. La verdad es que me llenan de animo y me ayudan a seguir con esta historia. Después de este, ya llevo tres capítulos escritos, pero de ahí en más empezaré a poner en práctica todo lo que me han dicho.
Gracias por pasar por aquí, un abrazo.

14 comentarios:

MeriiXún dijo...

Me encanta :3 besitos

Luna Violeta dijo...

*-* ya te he dicho que adoro como escribes? y que amo a Dante? :D Es que es tan misterioso y lindo, que >.<... lo siento Ian pero Dante es mi numero 1♥!
Siento mucha curiosidad por su pasado, y se nota que es bastante triste... en cuanto a esa Kathy haber si deja de hablar pavadas antes de que yo misma la golpee!
Y mas le vale a Leah que se aleje de Dante, no necesitamos más "huevos a la tortilla" jajajjaja XD
._. en serio que se aleje de él.
Me encanta :)
Besos y espero el proximo.

marymaria dijo...

Hola, Lucia? no sabía tu nombre así que de ahora en adelante te llamaré por el =)

Me gustó mucho el capítulo! no tenía nada extraordinario, pero justo eso me encantó. Relataste situaciones comunes, prácticamente nos cantaste la historia de Dante y nos diste a conocer su personalidad y su drama, todo en una narración sencilla pero elegante. Excelente!

Espero pronto el siguiente capítulo y que bueno que nuestras opiniones te hayan servido. Un beso.

Nicole- dijo...

Gracias por pasarte, linda historia, un beso :3

Anibal dijo...

He quedado atrapado con Dante!
Intentaré ponerme al día esta semana con los capítulos anteriores...Un abrazo desde Chile y felicitaciones por tu pluma. Pasa por mi página y compartimos poesia y pintura.

Saludos!
www.poetrizado.blogspot.com

Marie C. dijo...

Guapa! Lamento tardar en comentar, ya sabes, el virus y todo eso
A ver Dante, Si, me parecio un poco misterioso y bastante tetrico en este capitulo. Me intrigo bastante sus visitas al psicologo y las pastillas que debe tomar, Porque? La verdad no me imagino a Dante como alguien peligroso, solo de alguien del cual tener un poco de cuidado. Y en serio me esta carcomiendo la duda sobre el como conoce a Leah. De donde?
Me gusto mucho que hicieras una entrada escrita especialmente a el. Y me gusta su punto de vista ante sus empleados. Espero que esos capitulos que tienes escritos los publiques pronto linda
Besos!

Esteer dijo...

super genial!! Sigue así...

besitos de verano!

Orne dijo...

Muy buena historia! :D

Nancy dijo...

Me gusta mucho como escribes♥

victoria dijo...

mil perdones por no haber comentado!! todo "gracias" a mi papá!! grr ¬¬'

los dos capitlos me encantaron!!están asi como de O_o :
Ian!! que bine que el siente que hay algo más de lo que le dijo Leah, tiene que seguir así, y que no le importe lo que le digan de "ya olvidala", "solo te hizo sufrir" o "es una perra" grr que no se deje llevar por eso! y esa Claire! arsg! que maldita! si tanto lo quieere le tiene que decir la verdad! que Leah se fue por el "mejor" de Ian y todo eso en vez de ver a su amigo sufriendo, llorando, sin poder seguir, cuando podrán estar juntos de nuevo!!
Linda, si te quedan muuuy bien los capitulos! y la nspiración ya llegará
este capitulo Woa! que creyean que Dante hubiera matado a su propia madre?? no! D: y pero aun que fue su padre!, que lo creyeran loco y todo eso :C pero aun asi el sigue sieno bueno *.* con sus emplead@s y todos ellos y como sabe sobre "jenna"??
ya verás como te salen los demás capitulos iguales de perfectos que estos! ;) bueno espero leerte pronto besos...

Orne dijo...

Comento de nuevo para avisarte que tienes un PREMIO en mi blog :) Besitos.

Dont Go away dijo...

Holaaaa linda :)
¿Cómo estas?, espero que mejor :B
Agradezco que te haya vuelto la inspiración porque sinceramente amo leer tu novela, como ya dije miles de veces, tenes un don para escribir :) Un placer leer tu novela...

Bueno el cap me encanto, me da mucha pena por Dante y al mismo tiempo es un personaje que me genera demasiada intriga, ¿Cómo sabe todo lo de "Jenna"? oh ya me voy a leer el otro cap porque en verdad me quede intrigada...
Igual me encanto como trata a sus empleados, y ame como describiste sus emociones y su historia así sabemos un poco mas de él...

Sigo leyendo :B

Noa dijo...

Lucía preciosa. <3.
Aquí estoy nuevamente intentando ponerme al día con tu historia. Tenía ganas de, más o menos sentir cierta tranquilidad en mi mente para poder sentarme y leer.

Dante es algo... dramático, pero es curioso, muy curioso.

Gracias por todos los comentarios que me has llegado a dejar, por tu atención, halagos, por todo.

sunshine dijo...

quen bueno saber mas de dante!! aunq si esta triste y un poco tetrica su historia y q onda con leah?? esta interesada en el ?
y xq el sabe tanto de ella ?? o.o