jueves, 10 de mayo de 2012

Pesadilla - Capitulo 9.

Triland Port, 4 de mayo
Luego de la cena, cuando llegaron a casa, Leah se duchó y se vistió con su ropa de cama. 
A pesar del agotador día que estaba quedando atrás no tenía sueño. Se recostó sobre su cama y decidió continuar la lectura de un libro que hacía un mes y medio había empezado y nunca había terminado de leer. Pasada una hora decisistió de la idea. Su cabeza estaba en cualquier lado y parecía que Samantha y Steven estaban teniendo una discusión, aunque no podía llegar a escuchar que decían y a los pocos minutos bajaron la voz. 
Su mente volvió al momento en que Jenna rompió con Steven. Había visto el dolor genuino en los ojos de aquella mujer y hasta un tonto se daría cuenta de todo lo que había sufrido, aparentemente, por Steven. Incluso lo trató de mujeriego, y lo acusó de estar acostandose con ella. 
—Imposible...—susurró, con voz queda.
No le sorprendía que Steven fuera un mujeriego. Incluso tenía pinta de serlo. Pero lo de acostarse con ella le parecía totalmente incomprensible. No entendía como una chica con las caracteristicas de Jenna pensaba que su novio podía engañarla con alguien tan corriente como ella.
Jenna y Steve parecian el uno para el otro y la apenaba saber que tenía parte de la culpa de que hubieran terminado.
«A lo mejor se reconcilian», pensó.
 Ian no tardó en aparecer en sus pensamientos.
—Nosotros también eramos el uno para el otro —dijo para sí misma, con desconsuelo.
 Samantha se asomó de pronto por la puerta de su habitación, haciendola sobresaltar.
—¿Puedo entrar? —preguntó.
—Por supuesto. —repuso Leah, incorporandose y haciendole una seña para que se sentara a su lado.
Su amiga atravesó la habitación y se sentó a los pies de la cama.
—¿Con quién hablabas? —inquirió enarcando una ceja.
—Solo pensaba en voz alta. —respondió Leah con una tenue sonrísa.
—¿Sería muy estúpido preguntar en quién pensabas?
—En Ian —respuso enseguida, sin conseguir que su voz sonara firme. 
—Leanne, no creo que sea conveniente que...
—Porfavor Sam, no empieces. 
Samantha bajo la mirada y guardó silencio por un momento, y Leanne entendió que algo sucedía.
—¿Quieres decirme que pasa o tendré que adivinarlo? —preguntó Leah, con voz tranquila.
Sam la volvió a mirar y tomó sus manos entre las suyas.
—Leah, ¿qué piensas de Steven?
Leanne la observó sorprendida.
—¿Steven? ¿Qué pasa con Steven?
—Responde mi pregunta...
—Pues...no lo sé. ¿Qué debería pensar?
—No sé, tú dime. 
Suspiró.
—Dime a dónde quieres llegar.
—Solo quiero saber que piensas de él como persona. 
—¿Él te pidió que me lo preguntes?
—No, Leah, no. En absoluto. Soy yo quien lo quiere saber.
—No entiendo a que viene todo esto, Sam. Steven es mi amigo, o al menos yo lo considero así. Creo que es una buena persona.
—¿Te parece atractivo? —farfullo Sam, insegura.
De pronto soltó las manos de Samantha y cruzó los brazos sobre su pecho, entornando los ojos.
—¿Qué estás insinuando?
—No estoy insinuando nada.
Leah la miró esceptica y puso los ojos en blanco.
—Tendría que ser ciega o estúpida para no pensar que Steven es atractivo. 
—¿Entonces lo crees?
—Claro que lo creo, Sam. Pero, ¿que hay con eso? No significa nada.
Samantha caviló por un momento y agregó:
—¿Steve no significa nada, o el hecho de que sea atractivo?
—¡Venga ya, Samantha! —exclamó Leanne exasperada, poniendose de pie— ¿Puedes decirme de que va todo esto? Estás haciendo un embrollo que ni Dios entiende.
—Es que no estás siendo especifica. 
—Si que estoy siendo especifica. Mira, Sam, es claro. He dicho que Steven es muy atractivo y que...
—Habías dicho que te parecía atractivo, no muy atractivo...
Leanne la fulminó con la mirada. 
—Me estás estresando. Tienes que saberlo. 
—Creo que hay algo que no me quieres decir —observó Sam, poniendose de pie frente a su amiga.
—Y yo creo que me estoy sientiendo fatigada, y si no te explicas ahora será mejor que continuemos hablando mañana —se detuvo y suspiró pausadamente— ¿Porqué yo habría de ocultarte algo con respecto a tu primo? No hay nada que decir, Sam. Puedes creerlo. Si lo que te preocupa es que pueda surgir algo entre él y yo, puedes estar tranquila. Aún sigo demaciado herida por todo lo que pasó con Ian, y no quiero a otro hombre en mi vida. Y aunque lo quisiera yo no sería una buena novia. Sin Ian me siento incompleta, y si saliera con alguien no sería justo para él que aún siguiera llorando a mi ex. Mi corazón le pertenece a Ian, y siendo así, no hay nada que pueda entregarle a otro hombre más que una sincera amistad.
Samantha sopesó las palabras de Leah y finalmente asintió con lentitud.
—Está bien, Leanne. Lo siento, creo que estoy algo cansada y no estoy con todas las luces. Siento haberte puesto incómoda.
—Descuida. También yo estoy agotada. Será mejor que vayamos a descansar. 
—Si, mejor así —se acercó a Leah y le besó la mejilla—. Buenas noches.
—Buenas noches —respondió dedicandole una sonrísa.
Cuando Samantha se marchó Leanne se tumbó de espaldas sobre su cama y cerró los ojos. 
Presentía que algo se estaba cociendo detrás de ella y no sabía qué. ¿Porqué Sam venía de buenas a primeras con estos planteos sobre ella y Steven? 
No podía quitarse de ensima la sensación de que algo ocurría. ¿Sería que Steven le había dicho a Samantha que ella lo estaba intentando seducir? 
—Más vale que no. —se respondió en voz alta.
Ella nunca había dicho nada a Steven que se pudiera malinterpretar. Al contrario, era Steven quien flirteaba con ella. 
«¿Será que Steven piensa que le sigo la corriente porque voy detrás de él?», se preguntó. «No, de ninguna manera».
Leah daba por hecho que cuando él le coqueteaba lo hacía en plan de broma, por eso a veces ella le seguía el juego. Pero no lo hacía en serio. Leanne no tenía segundas intenciones con Steven, y la recorrió un escalofrío al pensar que él pudiera confundir las cosas. 
«Hablaré con él. No le daré lugar a que entrevere las cosas», se dijo en su fuero interno, antes de caer profundamente dormida. 
 En su sueño vió a Ian, como tantas otras noches. Estaban en una gran casa, con unos ventanales que daban la vista al lago Remembranzas. Ian la abrazaba por la espalda y le susurraba al oído todos los planes que quería llevar a cabo junto con ella. El sol se ponía y de repente, un gran estruendo en otra habitación desvió la atención de ambos. Ian se apartó de ella y fue a ver que sucedía. Leah, al ver que no regresaba fue por donde él hasta llegar a una cocina. Allí vió a Ian tendido en el suelo boca abajo, rodeado de un líquido que desprendía un olor que le quemaba la naríz. Leanne gritó desesperada y quizo avanzar hacia él, pero no podía moverse, y notó que ningún sonido salía de su boca. Sintió el ruido de una puerta cerrarse a sus espaldas y miró sobre su hombro. Era Donna, que la miraba con una sonrísa maligna y perturbadora. Su mirada estaba perdida y ausente, y sus ojos azules estaban abiertos desmesuradamente. Su pelo rubio estaba teñido de sangre, igual que su cara, sus manos y su ropa, y en su mano tenía un bidón de gasolina. Leanne quería avanzar a Ian y protegerlo, pero seguía sin poder moverse de donde estaba. Donna comenzó a vaciar el bidón sobre la cabeza de Leah, y ésta comenzaba a sentir el líquido tibio empapar su rostro. 
—¿Eres tan egoísta que preferirías hundirlo contigo por el simple echo de tenerlo junto a ti? —preguntaba una y otra vez Donna, con voz metálica y lejana. 
«¡Déjalo ir!» intentó gritar. Pero Donna la ignoraba, solo sonreía y la rociaba con gasolina, sin dejar de repetir la maldíta frase. 
De pronto, la voz de Ian sonó casi en su oído:
—Leah, tranquila. Todo está bien —susurró con voz dulce.
Leanne, desesperada, miró en dirección a Ian pero él ya no estaba allí. Tampoco estaba Donna. Todo ardía en llamas, pero ella no se quemaba.
—Cariño, aquí estoy —insistió Ian. Pero Leanne no lo veía por ningún lado. Solo fuego por todos lados.
—Ian, ¿dónde estás? —gritó, con la voz quebrada, intentando avanzar entre las llamas. 
Finalmente lo encontró, pero Ian si se estaba quemando. Se quemaba pero no gritaba, solo lloraba en silencio.
—¡Ian! —exclamó Leah tan fuerte que sintió quedarse sin voz.
—Me estás matando Leanne —susurró él, entre lágrimas. Una frase que sentía haber escuchado antes—. Tú me has matado. Asesinaste a la persona que más te amaba.
—¡No, Ian, yo no lo he hecho! Fue Donna. Ella lo hizo. Ian, te amo.
De pronto Ian comenzó a desintegrarse. A desaparecer con el humo y Leanne enloqueció.
—¡Ian, no me abandones! Te amo. Porfavor, no me abadones.
—Me has matado. Tú me has matado. —dijo con un hilo de voz, un segundo antes de desaparecer completamente.
Leanne, destrozada, se dejó caer sobre las llamas ardientes. Sintió como su cuerpo temblaba y se sacudía de un lado a otro. Pero no se quemaba. Nunca se quemaba. Quería morir. 
—Porfavor, Ian, vuelve. Yo te amo. —murmuró con la voz quebrada, mientras cerraba los ojos y perdía la conciencia. 
Nuevamente, una voz sonó a su lado. 
—Leah, estoy aquí. Porfavor, reacciona. Me estás asustando.
Leanne, deseosa de ver a Ian nuevamente, abrió los ojos desmesuradamente. Pero lo que vió a continuación la desconcertó. Estaba en su cuarto, en su casa, en su cama. Steven se encontraba reclinado a un costado de la cama, y la sacudía por los hombros con semblante preocupado. 
—Gracias a Dios —murmuró Steven más tranquilo al verla despertar.
Ella, aún desencajada, se palpó la cara y la sintió mojada. 
«Gasolina», pensó. Pero un segundo más tarde se dió cuenta de que eran sus propias lágrimas. La voz tan cercana que oía no era la de Ian, si no la de Steven, y el olor a ''gasolina'' que le quemaba la naríz era el olor insoportable a whisky que tenía éste. 
Comprendió que todo no había sido más que una horrible pesadilla, y comenzó a llorar, abrazando instintivamente a Steven, quien estaba casi tan desconcertado como ella. 
—Tranquila, cariño. Estás aquí —susurró él con ternura, acariciandole el cabello. 
Luego de unos minutos Leanne se separó un poco de él, sollozando. Steven le apartó con delicadeza un mechón de cabello que le caía en el rostro, y le secó las lágrimas. 
Cuando pudo reprimir el llanto notó lo desaliñado que se veía Steve.
—Estás ebrio —dijo Leah, en voz baja. 
—Eso no importa ahora, Leanne —reparó él, con sorna—. ¿Qué fue lo que soñaste? ¿Quién es Ian?
Leanne sintió como una puñalada en el estómago al oír su nombre.
—Eso es un asunto mío —repuso Leah, algo grosera. 
—Ey, tranquila —contestó él, con voz serena pero divagante, al tiempo que le acariciaba la mejilla—. Si no quieres que hablemos de eso, no lo haremos.
—¿Qué hora es? ¿Te he despertado?
—Las tres de la mañana. No, no me has despertado. He estado... meditando.
—Has estado bebiendo, que es diferente —le recriminó.
—No estoy ebrio.
—Por Dios, Ian, solo mírate...
Steven sonrió ampliamente.
—¿Ian? —preguntó él, divertido.
—Steven quise decir.
—Si el tal Ian te hace llorar así incluso en sueños no creo que sea bueno que me confundas con él.
—Él no me hace llorar.
—Pues no lo parece. Sólo tenías que oirte gritar...—dijo Steven, al tiempo que se hacía un lugar en la cama, recostandose al lado de Leah.
—¿Qué haces? —preguntó ella, enarcando una ceja.
—Descuida Leanne, mis manos estarán quietas. 
—Imagina lo que pensaría Samantha si nos encuentra acostados en la misma cama.
—Da igual. Ahora soy soltero, ¿no?
—Steven... —comenzó ella, con desapruebo.
—Relájate, Leah. No soy un acosador, ¿vale?
—Pero estás ebrio.
—¿Y qué con eso?
—No serías el primero que aprovecha a estar borracho para propasarse.
—Qué triste que tengas esa idea de mí —repuso él, mirandola inocentemente.
—Ya ves... no me fío de nadie.
—Sin embargo sigo aquí, acostado contigo, y aún no me has pedido que me vaya.
—Por más que te lo pidiera seguirias aquí, así que haz lo que quieras.
—¿Qué haga lo que quiera?
—Da igual, Steven —respondió Leanne con indiferencia, sin advertir del doble sentido de las palabras de Steven.
—No deberías haber dicho eso...
—¿Decir qué?
Steven acortó repentinamente la distancia entre sus rostros y le robó un cortó beso. Se apartó un segundo para ver la reacción de ella, y al ver que no lo rechazaba la volvió a besar, esta vez más intensamente.
Leanne respondió al beso de forma instintiva, pero no estaba del todo conciente de lo que estaba sucediendo. Después de unos minutos Steven se apartó de ella nuevamente para respirar, pero cuando intentó besarla de nuevo ella le dió la espalda y comenzó a sollozar. Steven estaba totalmente desconcertado. Se había esperado cualquier reacción, menos ésta. 
—¿Quiéres que me vaya? —preguntó en un susurró, tendido aún al lado de ella.
Pero no obtubo respuesta por parte de Leanne. Solo la escuchaba llorar en silencio.
Él, sin saber muy bien como actuar, simplemente la rodeo con sus fuertes brazos por la cintura, atrayendola hacia sí para abrazarla y contenerla, y para su sorpresa, Leah no lo apartó. 
Leanne, por su parte, no podía reaccionar. Solo lloraba y se repetía mentalmente una y otra vez: «Perdoname, Ian. Perdoname, Ian. Perdoname, Ian.»

12 comentarios:

deвora ♥ dijo...

Me encantaaa! :D Que de tiempo sin leer esta novela la verdad la echaba de menos :) Espero que publiques pronto! A ver que pasa con Steven y Leah :) Un beso!

MeriiXún dijo...

Por fin volviste, echaba de menos leer la novela. Me encantó el capitulo, mil besos linda :)

marymaria dijo...

Si que te hiciste esperar, ¿eh?

Pero bueno, al fin llegó la continuación. Que horrible sueño, pobre Leah. Y ese Steven... ya no me gusta!!!!!!!

Los chicos mujeriegos son tan malos... pero creo que Steven puede cambiar eso, no?

Espero leerte pronto =)

Esteer dijo...

Hola guapa!!

Gracias por tu visita...y por tus capítulos, mucho ánimo y adelante con la novela!

besos!!

Marie C. dijo...

Ah bueno, que el capitulo de hoy me sorprendió, y bastante.
Nunca espere ese beso, y jamas pensé que ella le seguiría. Lo que de por si estaba mas que segura era que se arrepentiría de ello solo por Ian.
Ian, Ian Ian. ¿Que sucedió con el? Donna, la mama los hermanos, que sucedió con todos ellos?
Guapa que tienes premio en mi blog!
Me alegro que volvieras, ahora solo me dan mas ganas de leer otro capitulo con Leah
Besos

RoCiio dijo...

HOLAA!
*_* HDAjdbgfuv ¡¡ME ENCANTÓ!! Dios, escribes tan bien, y esta novela es tan... ¡Perfecta! *-* ¡ME MATAS EN SERIO! Por dios, síguela cuanto antes, me gusta muchísimo, así que si puedes sube capítulo pronto :)
BESOOOS ;)

Luna Violeta dijo...

Hola!
Aquie me he hecho un descanso para leer todos los blog, y ¡esperaba este capitulo! Genial! >.<
Pobre Leah, ni en los sueños puede tener paz, y Steven ¡O se deja de joder con Leah o voy y lo golpeo! él no es para ella, además que su "conducta con el genero femenino" deja demasiado que desear.
Un beso y espero el proximo capitulo!
P/D ;) estare por aqui mientras mi conciencia me deje, ya que tengo un parcial la proxima semana.

victoria dijo...

O.o pero que paso??!!! O_o pobre de leah!! hasta en sus sueños aparece y ella misma se culpa! >.^ deberia hablar con el!! ;) eso estaria bien :D y steven!! que rayos le paso? .-. porque la beso?? porque ella le siguió?? y es obvio que tendria esa reaccion de ulpabilidad!! >.^ me dio muchaaa alegria que porfin publicaras!! :DD y si puedes hazlo pronto! xD! un beso

mientrasleo dijo...

Precioso, menudo final...
Besos

Mas duro que el Cielo dijo...

Ame este cap también jajajaja es como que si lo pongo en todos los caps vas a pensar que miento, pero no, es así :P

Linda amo tu nove, es demasiado genial, me da lástima Ian, quiero leer sobre él, su sueño fue horrible, pobre Leah...
No quería que Steven la bese en ese momento, pobre Leah ahora va a sentirse culpable, aunque me gusto la reacción de él de abrazarla :)

Bueno sigo leyendo me queda un cap y estoy al día :)

Noa dijo...

OMG. ¡Y hay un lío con Steven! TOOOOOOOOOOMA. *O*
Pero.. joder, qué triste.

sunshine dijo...

:O ya me termino de caer mal ian , esos chicos asi te lastiman demasiado , yo tambien quiero saber que paso con ian??

hermosa te dejo este premiio espero q te pases por mi blog y lo guardes

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