lunes, 21 de mayo de 2012

Prometidos - Capitulo 12.


Monte Mercuccio, 6 de mayo

 Aún no comprendía cómo se había dejado convencer.
Leah iba sentada en el coche de Steven, mientras él conducía en silencio, con una estúpida sonrisa en la cara, hasta la casa de sus padres.
—Nunca dejaré de agradecerte esto... —dijo de pronto.
—Tengo miedo Steven. Lo arruinaré todo, soy muy torpe.
—No pienses así, mujer. Vamos, piensa en otra cosa. Cuando quieras acordar todo esto habrá terminado.
—¿Hace cuánto no ves a tus padres? —preguntó Leanne, en un intento por cambiar de tema.
—No lo sé... ¿dos años tal vez?
—Uff, eso es mucho.
—No tanto como yo quisiera... De verdad, Leah, no los soporto. Esto es tan malo para ti como para mí, y si lo hago es solo porque quiero que se vayan y dejen de fastidiarme por un tiempo.
—¿Y que pasará cuando se den cuenta de que tu boda nunca llega?
—Esto es solo para darme un poco más de tiempo para inventar una excusa creíble de porqué me peleé contigo. Si le digo que me has dejado por coquetear con otra, nunca me lo perdonarían y sería oficialmente la vergüenza de la familia.
—Hablas como si de verdad fuera tu prometida...
—Así tenemos que sonar, Leah, como si de verdad fuéramos novios. Y no te olvides, esta noche te llamarás Jenna.
—Está bien, lo recordaré.
—Ah, Jen.. solo una cosa más... —dijo metiéndose la mano en el bolsillo de su chaqueta, y sacando una cajita negra—. Sería conveniente que lo lleves puesto. Ya sabes...
Leah tomó la cajita, y obtuvo de ella un hermoso anillo de brillantes.
—Es increíblemente hermoso... —comentó, al tiempo que se lo ponía.
—Entonces valió lo que pagué por él —repuso Steve, con una sonrisa torcida, sin despegar los ojos del parabrisas.
 Al cabo de unos 15 minutos, se encontraban tocando timbre en la puerta de una lujosa mansión. Leanne no daba crédito a sus ojos. ¿Cómo Steven siendo hijo de unos padres que tenían tanto dinero podía estar viviendo de prestado en la casa de su prima? Empezó a creer que la relación de él con sus padres era peor de lo que ella se imaginaba.
Le temblaban las piernas. No recordaba la ultima vez que se había sentido tan nerviosa. Se miró en el reflejo de la ventana y por un momento creyó que no era ella. Demasiado maquillaje. El vestido muy escotado y ajustado. El color negro no la favorecía. Tenía miedo. No. Mejor dicho, tenía pánico. Quería salir corriendo y volver a ser Leanne.
«Tú no eres Jenna, deja de fingir », ordenó una voz en su cabeza.
—Calla...—se murmuró a si misma.
Steven la observó extrañado y suspiró.
—Estás hermosa —le dijo por lo bajo, como leyendo sus pensamientos, al tiempo que le pasaba un brazo por la cintura.
Leah respiró profundo y se tranquilizó un poco.
La puerta se abrió, y un mayordomo les dio una amable bienvenida.
—Oh, señor Cacciatore. Bienvenido. Cuanto tiempo sin verlo.
—¿Qué tal estás Gregory? Si, es verdad. Mucho tiempo ha pasado —respondió adentradose a la casa, tomando a Jenna del brazo.
 Al llegar al living, vislumbró a sus padres sentados en los sillones, tomando una taza de té. Constanza, la madre, fue la primera en verlos y en ponerse de pie para saludarlos.
—¡Steven, hijo, bienvenido a casa! —exclamó Constanza, besándole las dos mejillas. Su padre, Bernard, también se puso de pie y le estrechó la mano.
—¿Como están? Los he echado de menos —mintió Steve, con su acostumbrada sonrisa.
Leanne se mantenía a unos pasos de distancia, observando la sintética escena familiar que parecía sacada de una película norteamericana. Después de las preguntas de rutina, llegó el momento que Leah temía.
—Bueno, papá, mamá... les presento a mi futura esposa, Jenna Biancciani —anunció con tono orgulloso y animado Steven.
—Es más bonita de lo que imaginaba... —comentó con ojos brillosos Constanza, observándola risueña.
—¡Y tiene apellido Italiano! —agregó Bernard, victorioso—. Por favor, tomen asiento mientras esperamos la cena.
 Estuvieron un buen rato conversando sobre temas triviales. Leanne evitaba todas las preguntas que podía, y hablaba solo cuando era necesario. Steven no se movía de su lado, y se mantenía tomando su mano para infundirle valor de algún modo.
 Al ver que la hora de la cena no llegaba, Steve se empezó a impacientar.
—Se está haciendo tarde, ¿qué esperamos?
—Oh, es que falta un invitado —respondió Constanza, algo nerviosa—. Tendríamos que haberles comentado de esto antes, pero no hubo oportunidad. Como ya saben, hemos vuelto de Italia porque vendimos esta casa. Y nos pareció una buena idea invitar al comprador a cenar con nosotros. Ya saben, para asegurarnos de que esta casa quedará en buenas manos...
—Hay un detalle que tal vez les incomode un poco —interrumpió Bernard—. Verán, yo tuve la oportunidad de encontrarme una vez con el hombre que compró la casa, y bueno, la verdad...
—Es un hombre algo excéntrico...
—Un majara, venga ya.
—¡Bernard! —exclamó Constanza.
—Es la verdad, querida. Ese tipo parece salido de un manicomio.
Steven y Leanne intercambiaron miradas de confusión.
—O sea que han invitado a un psiquiátrico a comer con nosotros, ¿es eso?
—No, cariño, claro que no —le tranquilizó su madre—. Él no es un psiquiátrico ni mucho menos. Al contrario, es un joven inglés, exitoso y con mucho dinero.
—Y se viste como un pordiosero...
—¡Bernard, porfavor!
—Bueno, digamos que no es de nuestra categoría. A lo que queremos llegar es que no lo observen demasiado, ni con desdén...
—Nos dices a nosotros que no lo desdeñemos y lo acabas de llamar pordiosero...—espetó Steve, con un tono irritado.
—No importa que parezca un tipo algo raro, no podemos perder esta venta, hijo —explicó su madre—. A pesar de su peculiar... personalidad, es un hombre poderoso.
Steven frunció el ceño ante la ambición e hipocresía de sus padres. Más no respondió nada y guardó silencio.
 Segundos después tocaron el timbre.
—Debe de ser él —se anticipó Bernard, con una sonrisa.
Todos se mantuvieron en silencio. Escucharon algunos murmullos en el vestíbulo y un momento después apareció Gregory anunciando la nueva llegada.
—Acaba de llegar el señor Blaird.
—Oh, no lo hagas esperar Gregory. Invitalo a entrar.
 Cuando finalmente Blaird entró en el living todos lo observaron intentando disimular la sorpresa. Y es que no era para menos. Decir que aquel hombre —que no aparentaba ni treinta años— desencajaba entre tanta elegancia era quedarse corto.
Llevaba puesta una sudadera gris, y unos jeans desgastados. Su piel cenicienta en contraste con su pelo negro azabache y unos desmesurados ojos igual de oscuros le daban una apariencia inquietantemente sombría. Su porte tampoco era nada elegante. Se mantenía parado, rígido, con las manos en los bolsillos, mientras miraba nerviosamente de un lado a otro.
«¿Éste es quién compró la mansión o su criado?», pensó Steven.
 Bernard se aclaró la garganta y se puso de pie para recibirlo.
—Buenas noches, señor Blaird. Lo estabamos esperando —le dijo, tendiendole la mano.
Blair le tomó la mano torpemente, y Bernard notó como su pulso temblaba.
—Llámeme Dante, porfavor —respondió con voz serena y amable —. Siento la demora. Tuve un pequeño problema con el chofer.
 Cuando todos se sentaron en la mesa y se dispusieron a cenar parecían una familia normal en una comida festiva. Lo único que allí desentonaba era la presencia de ese tal Dante Blaird, que estaba sentado justo frente a Leanne y la miraba descaradamente. A Leah la perturbaba, y creía saber porqué: por una extraña razón aquel hombre le recordaba demasiado a Ian. No físicamente, pero era algo que ella no sabía explicar. La forma en la que había entrado y se había plantado en la sála, robando la atención de todos con su aura atrapadora...
«Venga ya, te estás volviendo loca, Leanne», se dijo así misma, meneado la cabeza.
 Para su suerte, no tuvo que intervenir demasiadas veces en la conversación de la cena. El que parecía llevar las riendas del asunto era Dante, quien hablaba con tal educación que los había dejado a todos atónitos.
Según lo que contaba, él no tenía familia. Había sido hijo único de un matrimonio por conveniencia, que acabó por arruinarle la vida en cuestión de años. Bernard alegó que al menos había tenido la suerte de haber heredado tal fortuna él solo, pero Dante negó que eso fuera cierto. Si bien ahora, y con tan solo 26 años tenía más dinero del que podía recordar, era una persona muy infeliz.
—Ni todo el dinero del mundo podría compensar el calvario por el que me hicieron pasar mis padres durante quince terribles años—había respondido Dante.
 Todo había sido mucho más llevadero de lo que Leah se había imaginado, y sabía que la razón era la presencia de Dante, que había acaparado toda la atención de la noche. Era increíble lo mucho que había cambiado la impresión que Leanne —y todos los demás— había tenido de Dante a primera vista. Había pasado de creer que era un millonario loco y excentrico a tener la certeza de que se encontraba frente a un joven amable, modesto, educado, y muy golpeado por la vida.
 Después de que retiraran la mesa, y mientras los hombres tomaban una última copa de vino, Constanza se acercó a Leanne.
—Estoy muy feliz de que vayas a formar parte de nuestra familia, Jenna. Me llena de orgullo saber que mi hijo al fin sentará cabeza gracias a una muchachita que logró enderesarlo. Pensé que eso nunca iba a suceder...
—Oh, no hable así señora Cacciatore. Steven tiene muchas cualidades para enamorar a una mujer. He sido yo la afortunada de que me eligiera para ser su esposa. Estoy muy ansiosa por que llegue la boda. Y luego de conocer a su maravillosa familia más aún —repuso ella, con una sonrisa, intentando parecer convincente.
—Me alegra que sepas lo afortunada que eres, querida. No cualquiera tiene el privilegio de ser la esposa de un Cacciatore. Y aprovecharé la oportunidad de que podemos hablar sin que los demás escuchen para decirte algo. Los Cacciatore somos una familia honrada y tradicional, y no nos gusta vernos envueltos en escándalos que puedan llegar a ensuciar nuestro apellido...
—Pero, ¿porqué me dice esto? —le interrumpió Leah, mientras sus piernas comenzaban a temblar.
—Te lo diré más claro, Jenna, y espero que entiendas lo que te quiero decir. No estaría muy bien visto que la flamante prometida de mi hijo fuera sorprendida en situaciones extrañas con un muchacho millonario recién llegado de Inglaterra, ¿verdad?
—¿Pero que rayos...
—Aunque no lo creas soy una mujer astuta y bastante espabilada, y no he pasado por alto las miradas que cruzaban tú y el jóven Blaird. No sé de dónde se conocen, o que pasó allí, pero espero no enterarme de que mantienen contacto mientras seas la novia, y futura esposa de Steven. Quiero creer que es casualidad que Blaird se haya mudado a Monte Mercuccio, y no porque tú también vivas aquí.
—Señora Cacciatore, usted está confundida. Yo no había visto al señor Blaird nunca en mi vida, lo juro.
—Porfavor, jovencita, aunque mi apariencia pueda engañarla tengo unos cuantos años más que usted, y he conocido a muchas caza fortunas en mi vida como para no identificar a una cuando la tengo enfrente. No es difícil adivinar como has encandilado a mi hijo; con una cara bonita y un escote piensas que cualquier muchacho caerá a tus pies, ¿no es así? Pues ten en cuenta que aunque mañana me vuelva a Italia, te tendré vigilada. Y si quieres llegar a ser una Cacciatore, te conviene hacer las cosas bien.
—Señora, yo...
—Aquí a terminado nuestra platica por esta noche. Estoy algo cansada y necesito dormir. Una de las empleadas les ha preparado uno de los cuartos de huéspedes para ti y Steven; es evidente que ha bebido bastante y en ese estado no puede conducir, por tanto pasarán la noche aquí. Ahora, con tu permiso, me retiro a mi habitación —concluyó, alejándose con una sonrisa falsa.
 Leanne apretó los puños. Se sentía desbordada por la prepotencia y falta de respeto de Constanza. Pero no podía hacer nada, al menos por esa noche seguía siendo su casa y Leah tenía que atenerse a las reglas.
Steve apareció de pronto y la abrazó por la cintura, dándole un suave beso en el cuello.
—Estás aprovechándote de la situación... —gruñó Leah, por lo bajo.
—Eso y que estoy un poco ebrio —respondió él, con una sonrisa compradora.
—Si, claro. Decir que estás ebrio es tu excusa favorita, ¿verdad?
—Si quieres intento conducir y vemos cuanto logro avanzar sin estrellarnos contra una columna.
Leanne suspiró, resignada.
—¿Así que nos toca pasar la noche aquí?
—Eso parece.
—Steve, promete que no te propasarás.
—Oye, eres mi prometida, ¿no? —dijo poniéndose frente a ella, sonriendo burlonamente.
—Hablo en serio —advirtió Leanne, con voz firme.
—Venga, Leah... me gustas, pero no soy ningún violador. Ahora dejemos de hablar así, alguien nos podría escuchar.
 Después de que subieran a la habitación de huéspedes y se perpararan para dormir, ambos se acostaron en la enorme cama que se encontraba en medio de la habitación.
Steve se puso de costado y miró a Leanne fijamente.
—Eres increíble, Leanne. Me has salvado la noche. Te juro que estaré eternamente agradecido por lo que has hecho hoy.
—Venga Steve, no fue para tanto...
—¿Hay algo que pueda hacer para compensar el favor que me has hecho?
 Leanne caviló un momento.
—No, en absoluto —repuso, dándose la vuelta y mirando al techo.
—¿Segura?
—Así es...
—De todas formas te debo una —murmuró Steve, repitiendo el movimiento de Leanne y quedándose tendido boca arriba.
—Sera mejor dormir, Steve...
—Tienes razón, hasta mañana, cariño...—respondió, acercándose a ella y dándole un beso en la coronilla.
—Que descanses —dijo Leah, por lo bajo, al tiempo que se giraba y le daba la espalda.

13 comentarios:

MeriiXún dijo...

Como siempre, me encanta el capitulo, aiiis que asco me da la madre de Steven ¬¬ un beso guapa )

deвora ♥ dijo...

ME ENCANTAA :D Me cae mal la madre de Steven jaja bueno espero que publiques pronto! Un besazo! :D

Milagros, la androide. dijo...

que hermoso textoooooooooooooooo. no me gusta la madre de Steve u.u

RoCiio dijo...

HOLAA!
*-* ¡FANTÁSTICO! Me fascinaste :D me gusta mucho de veras. La madre de Steven es una completa (......) XD mejor no lo digo, aun que se sepa jaja. Espero que la sigas muuy pronto, ya quiero seguir leyendo tu novela :)
AHH, y felicidades con retraso :3
BESOOOS ;)

marymaria dijo...

Ahora si que me encandilaste. Quiero otro capítulo ya!!!!

No opinaré respecto a las tonterías de los señores Cacciatore, ni a la reprobable (discúlpame pero a mi me lo parece. El solo hecho de haber pedido a Leah que haga algo así me parece incorrecto) actitud de Steven. Quiero saber más de Blaird!!! (me referiré a él por su apellido: me gustó!)

Espero que publiques prontísimo. Que bueno que se arregló lo de tu pc, el 21 también fue el cumple de una buena amiga mía (ojalá la hayas pasado lindo) y muchas felicidades por las visitas!!! y prepárate por que de seguro se te vienen mil más =)

victoria dijo...

¬¬' no me cayó para nada bien la mamá de Steven, osea qien se cree ella para hablarle así a Leah y por más inventar cosas!! y aparte que es muy hipócrita!! :S pensé que iba a ser más educada!! al igual que el Sr. puff! ni por ser de la "alta" sociedad tienen respeto!! :S.
Steven!! aprovechado!! jaja ok'no >.^ por lo menos respeta su respuesta!
El Sr. me enojó algo, solo porqe tiene apellido Italiano se enorgullese!! pff! asi o más convenencieros?? .-.

ESTAS SON LAS MAÑANITAS QUE CANTABA EL REY DAVID.... jajaja felicidades!! aunque sea atrasado :S jeje ñ.ñ un beso y publica pronto

Luna Violeta dijo...

Pues feliz cumpleaños! aunque ya sea 23 u.u... Debido a algunos contratiempos no me pase antes, pero (ojo) siempre me pàsare por aqui, sea una semana despues, para ponerme al dia con los capitulos!
Bien... ¡pero que vieja impertinente y desvergonsada! ¬¬ mucho lujo, mucho lujo, y la educacion al caño eh? Y el padre de Steven, bueno no me cayo tan mal como la bruja de su madre. Steven... steven, va a terminar mal la cosa, si sigue asi. Y *-* Dante! awww... me he enamorado! XD Me encanta me encanta! Cuenta más de él si? Y Leah, yo que ella empiezo a pensar que hare luego de q steven se lanze a la pileta vacia.
Un beso y precioso el capitulo! Espero con ansisa el proximo!:D

Simpre un poco más. dijo...

Hola, me encantó tu blog. Te sigo.
Espero que te guste el mio :)

[ http://creoentualma.blogspot.com.ar/ ]

Dont Go away dijo...

Oh, ame el cap, primero porque fue GENIAL y segundo porque al fin pude leerlo, nunca llegaba a terminarlo de todas las veces que entré :P

FELICITACIONES por las 1000 visitas, las tenes mas que merecidas, tu novela es demasiado genial :B

Bueno ahora comento sobre el cap, sensacional, Dante, o me encanto su personaje, no se,pero tiene algo que a mi también me atrapo :P jajajaja Constanza -.- grrr la odie, es detestable :/

Bueno quiero seguir leyendo así que voy a leer el otro cap que has dejado, por cierto, recién veo el cambio del blog, me encanto, veo que te gusta modificarlo así que mejor no me acostumbro a su aspecto :P
Bueno linda sigo leyendo :)

Dont Go away dijo...

A por cierto soy del blog Mas Duro que el Cielo, pero como comencé otra novela ahora se llama Dont go Away...Me gustaría que la leas, solo subí el trailer :B besitos lindaaaa

Esteer dijo...

Precioso!! ^^

besos

Noa dijo...

hsdcbgidugfb
Me encanta éste Steve y cada vez más. *o*

sunshine dijo...

q tal la mama ?? pff .-.
me encanta dante jj :D
saludos