viernes, 20 de julio de 2012

Confesiones - Capitulo 24.

Triland Port, 1 de junio

 Samantha y Leanne se encontraban sentadas en el sofá de su apartamento, ambas en silencio, frente al televisor. Leah cambiaba distraídamente de canales con el mando a distancia, sin prestarle mayor atención a ningún programa en especial, y su amiga la observaba, con mirada ausente.
—¿Sucede algo, Sam? —preguntó Leanne de pronto.
—No, en absoluto —mintió, apartando la mirada.
—Te ves preocupada
Samantha soltó un suspiro y la miró con culpa.
—Pues sí. Estoy preocupada. Y la verdad es que sí sucede algo, Leah. Algo grave.
—Me asustas…
—Es que no he parado de pensar en ello. Sé que me matarás cuando lo sepas, pero no puedo seguir ocultándolo.
—¡Entonces dilo de una vez! ¿Qué es eso tan importante que me has ocultado?
—No sé ni por dónde empezar. Sé que no te lo tomarás bien. Te lo diré, pero aún así me gustaría que Dante estuviera presente.
—¿Dante? —inquirió, sin comprender.
—Sí, Dante. Llámalo y pídele que venga.
—Sam, por Dios, ¿qué rayos sucede ahora? ¿Qué se traen ustedes dos?
—Solo hazlo. Ya lo entenderás.
Leah poco convencida, se puso de pie y caminó hasta el teléfono.
Mientras, a sus espaldas, Samantha se deshacía en nervios. Todavía no sabía cómo demonios comenzaría a contarle lo de la llamada de Ian, y aunque Dante estuviera allí dudaba que pudiera hacer algo al respecto. Suspiró. Al menos tendría algo de tiempo para pensar que decir.
 Nadie respondía al teléfono en casa de Dante, y Leah comenzó a inquietarse. Al tercer intento, oyó del otro lado de la línea la voz de una mujer.
—Residencia Blaird, buenas tardes. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
—Buenas tardes. Soy Leanne. Me gustaría hablar con Dante, por favor.
—Lo siento, señorita, pero eso no será posible.
—¿Él no está en casa?
—Sí está, pero no puede atenderla.
—Es importante.
—El señor Blaird ha tenido una pequeña recaída de salud hace un par de horas —susurró la mujer, titubeando —. Tendrá que disculparme, pero no puedo comunicarla.
—¿Está enfermo? —preguntó Leah, con voz aguda, alarmada.
—Que tenga un buen día, señorita Leanne —concluyó la mujer, antes de cortar la llamada.
Leah estaba desencajada. Volvió a la sala donde estaba Sam, y ésta notó enseguida su cambio de expresión.
—¿Qué ha sucedido?
—Samantha, tú ayer has ido a ver a Dante, ¿verdad?
—Así es, ¿por qué preguntas?
—¿Te había dicho si estaba enfermo, o algo así?
—A decir verdad, no. Pero no se veía muy bien. Estaba muy pálido, incluso parecía más delgado. Pero cuando le pregunté al respecto me dijo que solo había tenido una mala noche, y bromeó sobre ello.
—Acabo de llamarle, pero no pude hablar con él. La mujer que atendió el teléfono me ha dicho que tuvo una recaída de salud y no podía comunicarme con Dante —farfulló, nerviosa—. No sé si debería hacerlo, pero creo que iré por su casa. La explicación que me han dado no me deja tranquila.
—Leah, no creo que sea lo mejor. Si ni siquiera te ha atendido el teléfono, dudo mucho que puedas verlo.
—Aún así lo haré. Sam, Dante no tiene a nadie aquí. ¿Qué tal si necesita algo y no sabe a quién acudir?
—Él tiene dinero. Dudo que algo le pueda llegar a faltar.
—El dinero no lo es todo. El saber que tienes a alguien ahí, preocupándose por ti, no se paga con nada.
Samantha suspiró.
—Está bien, hazlo. Pero ni bien tengas noticias me pones al tanto, ¿hecho?
—Lo tendré en cuenta —respondió Leah, tomando su abrigo y caminando hasta la puerta—. Cualquier cosa te llamaré. Hasta luego, Sam. Y recuerda que cuando regrese, tú y yo tenemos una conversación pendiente.
—Claro, lo recordaré —asintió Sam, mordiéndose el labio.
 Leanne salió del edificio y tomó un taxi enseguida. Le indicó la dirección y en menos de media hora se encontró frente a las puertas de la imponente mansión Blaird, esperando ser atendida.
Una mujer de aspecto mayor, seguramente el ama de llaves, le abrió la puerta y la invitó a entrar.
—Necesito ver a Dante —dijo Leah, con voz firme pero preocupada.
—El señor Blaird se encuentra algo indispuesto y no podrá recibirla esta tarde, señorita.
—Le ruego que le diga que estoy aquí, es importante.
La mujer soltó un suspiro.
—Usted ha de ser la mujer que llamó hace un rato. Leanne, ¿no es así?
—Sí, así es. Me ha dicho que Dante ha tenido una recaída de salud y la verdad es que me ha dejado muy intranquila. Siento haber venido sin avisar, pero quiero saber si Dante se encuentra bien.
—Creo que no podré ayudarla. Tengo órdenes explicitas de que nadie lo molestara. Por favor, señorita, solo hago mi trabajo.
—Escúcheme un momento, señora. Usted trabaja aquí y de seguro sabe que Dante no tiene personas muy allegadas. Yo soy su amiga, y necesito saber cómo está. Póngase en mi lugar.
Notó que el ama de llaves titubeaba. Miró nerviosamente a los costados, y finalmente posó su mirada insegura sobre los ojos de Leah.
—Acompáñeme a la cocina. Tal vez pueda decirle algo que sea de su interés —murmuró por lo bajo, y Leanne asintió, siguiendo sus pasos hasta la habitación continua.
—Permítame prepararle algo mientras conversamos —sugirió, con tono amable, mientras bajaba un par de tazas del estante superior—. ¿Té, café? ¿Qué se le ofrece?
—Café, por favor —respondió Leah, sin darle mayor importancia.
La mujer, con movimientos hábiles y prácticos se dispuso a preparar el café. Saltaba a la vista tenía años de experiencia.
—Primero que nada, ha de saber que puedo meterme en un buen lío por hablar de este tema con usted —comenzó, vacilante—. Pero aún así lo haré, porque soy testigo de lo solo y desamparado que Dante está en el mundo, y sé que es un buen chico, y no merece nada de lo que le sucede.
—¿Qué es lo que le sucede? —interrumpió Leah, alarmada.
—A decir verdad solo puedo compartir con usted mis deducciones, señorita, ya que nadie en esta casa sabe a ciencia cierta qué es lo que tiene el señor. Desde el primer momento a todos nos llamó la atención la gran cantidad de medicaciones que toma, y lo poco que se alimenta para ser un hombre de veinticinco años. Eso, sin contar las visitas de un médico que viene a la casa dos días a la semana. Hay días que el señor ni siquiera sale de su habitación, y la situación nos preocupa. Un día, Kathy, una joven empleada que trabaja aquí, se atrevió a preguntarle si algo le sucedía, pero él lo negó y eludió sus preguntas.
—¿Y qué es lo que le ocurre ahora? ¿Les ha dado alguna explicación?
—Que va, niña. Esta vez no ha sido necesaria una explicación, todos lo vimos desplomarse ayer en medio del salón. Desde temprano en la mañana había estado revolviendo papeles viejos, y haciendo llamados telefónicos. Se lo veía muy nervioso y estresado. Y a la hora del almuerzo, cuando se retiraba de la mesa, cayó desmayado sin más —se detuvo para deslizar la taza de café en dirección a Leanne—. Llamamos a su médico de siempre, lo atendió en su habitación y se retiró una hora después, negándose a darnos algún tipo de diagnostico. Y desde entonces, el señor no ha salido de su habitación. Esta mañana cuando Kathy fue a llevarle el desayuno, él le ha dicho que rechazáramos todos los llamados y eludiéramos a las visitas. Al parecer no quería ver a nadie.
Leanne guardó silencio unos minutos. Se encontraba shockeada por lo que acababa de oír.
—No es posible…—susurró, incrédula.
—No se preocupe, señorita. El señor es un hombre millonario, y tenga lo que tenga, hoy en día no hay tratamiento o medicina que el dinero no pague.
 Ambas se sobresaltaron al oír que la puerta de la cocina se abría. Para sorpresa de las dos mujeres, detrás de ella apareció un maltrecho y desarreglado Dante, quien les regaló una sonrisa, pero no pudo evitar su expresión de sorpresa.
—¿Leah? Que sorpresa verte por aquí. No te esperaba.
—Oh, Dante…disculpa por no avisar sobre mi visita.
—Nada de eso, mujer. Tú siempre estás invitada a venir aquí.
—Señor, perdone que me entrometa, pero ¿no debería usted volver a la cama? Aún no se ve del todo repuesto.
Dante hizo un gesto de desapruebo, pero no había enojo en su voz.
—En absoluto, me siento muy bien —respondió, volteándose para quedar frente a Leanne—. Leah, acompáñame.
 Leanne cruzó la casa, siguiendo a Dante, en dirección al despacho. Una vez allí ocuparon unos preciosos sillones que estaban cerca de una estufa a leña.
—Intuyo que tu visita tiene un motivo especial —comenzó él, mirándola a los ojos.
—Así es. He venido porque…—vaciló. Podría empezar a preguntarle qué era lo que le sucedía, pero recordó que eso podría traerle problemas a la empleada por hablar a espaldas de su patrón, así que por el momento decidió evadir ese tema—. Estoy aquí porque Sam me pidió que viniera —mintió.
—¿Sam? ¿Por qué?
—Pues no lo sé, eso supongo que me lo tienes que decir tú —improvisó Leah, dando palos de ciego—. Resulta que esta tarde estábamos conversando, y me ha dicho que tenía algo importantísimo que decirme, algo que no podía seguir ocultándome y que supuestamente, cuando yo lo supiera, me enfadaría mucho —notó como la expresión de Dante cambiaba y se volvía más seria. Tenía la certeza de que él sabía de lo que hablaba—. Luego se retractó y me dijo que viniera a hablar contigo, que tú podrías explicarlo mejor. Y bueno, aquí estoy.
El semblante de Dante guardaba un gesto desencajado
—¿Me estás diciendo que Samantha quiere que sea yo el que te cuente lo de la llamada?
—Exacto —contestó Leah, simulando seguridad, como si supiera de lo que hablaba.
Él se masajeó las sienes, estresado.
—No puedo creer que Sam me haga esto —dijo, casi para sí mismo—. No sé ni por dónde empezar.
—Pues, empieza desde el principio.
Soltó un suspiro apesadumbrado.
—Verás, Leah…—comenzó, cuando de pronto vio una sombra desde la puerta del despacho. Puso los ojos en blanco —. Será mejor que continuemos la plática en otro lado.
Se puso de pie, y Leanne repitió el movimiento sin preguntar nada. Ambos salieron del despacho, subieron al piso superior, y se adentraron a una habitación. Leah no tardó en darse cuenta que no era nada más ni nada menos que el dormitorio de Dante.
—¿Porqué hemos subido?
—Kathy, una de mis empleadas —respondió, sentándose a los pies de su cama—. Es una chismosa de primera, y le encanta estar enterada de todo. Estaba husmeando en la puerta del despacho, por eso decidí que saliéramos de ahí, ya que este tema es bastante personal y solo te incumbe a ti.
—¿A mí? —preguntó ella, sentándose a su lado.
—Así es…—concedió—. Leanne, lo que te tengo que contar no es un tema nada fácil de abordar, y aún no me creo que Sam haya creído era mejor para ti si te enterabas de esto por mi parte. De todas formas y ya que estamos aquí, te lo contaré, aunque sé que no te lo tomarás nada bien.
—Deja de dar vueltas, Dante. Dilo de una vez —exigió.
—Ian te está buscando —soltó, y notó como el color escapaba del rostro de Leanne—. Hace unos días llamó a Sam preguntándole por ti, pero ella le ha dicho que no sabía nada de tu vida, ni de dónde te encontrabas.
—¿Qué…qué estás diciendo? —tartamudeó, mientras unos temblores le recorrían el cuerpo— ¿Cómo que Sam le ha dicho que no sabía de mí? ¡¿Cómo ha sido capaz de hacer eso?! —gritó, mientras las lágrimas incontrolables bañaban su rostro lleno de amargura y rabia.
—Leah, esa no es toda la historia —dijo él, por lo bajo—. Y no hay forma de decir esto sin que te duela, así que solo lo diré. Él le confesó a Sam que estaba comprometido. Ian se ha comprometido con Donna.
En ese preciso momento Leanne cayó al suelo de rodillas, mientras se cubría el rostro con las manos, y lloraba desconsoladamente. Estaba destrozada. Él lo sabía.
Dante se agachó a su lado y la rodeó con sus brazos. Era consciente de que en ese momento cualquier palabra sobraba. Lo único que podía hacer por ella era estar ahí y brindarle un abrazo sincero.
Leah rodeó el cuello de Dante y lo abrazó fuertemente, sin dejar de sollozar y murmurar cosas que él no llegaba a comprender.
Ambos permanecieron allí durante un largo tiempo, sentados en el suelo, abrazados, mientras Dante le acariciaba el cabello y le susurraba palabras de ánimo.
Al cabo de un rato notó que la respiración de ella se tranquilizaba y su llanto había acabado. Se separó para verla y notó que estaba dormida.
La levantó y la llevó hasta la cama. No quería despertarla, sería mejor que descansara un poco para poder asimilar todo con mayor serenidad.
Se tumbó a su lado y la observó mientras dormía. Quería estar allí cuando despertara, y hacerle saber a Leah que no estaba sola en medio de toda esa agonía.
 Leanne abrió los ojos poco a poco y soltó un pequeño suspiro. Miró a Dante, y entornó los ojos.
—De todas las personas que hay en el mundo, ¿por qué justo Donna? ¿Por qué se casará con esa maldita bastarda que arruinó mi vida? —susurró con la voz quebrada.
—Aún estás a tiempo de evitarlo, Leah.
—¿Tan fácil se olvido de mí? ¿Cuatro meses fueron suficientes para que rehiciera su vida?
—No es así, Leah. Por algo ha llamado a Sam. Él quiere saber de ti.
—Ellos acabaron conmigo, Dante. ¿Qué quiere saber de mí? Ya no queda nada de la Leanne que él conoció hace años. La mataron. Esa Leanne acaba de morir hoy —gimoteó con un hilo de voz y los ojos cristalizados.
—No tienes que darte por vencida. Por favor, Leanne, tú eres fuerte.
—Que estúpida. Que estúpida fui —murmuró, desconsolada—. Mientras yo lo lloraba cada madrugada, mientras tenía pesadillas causadas por el dolor de alejarme, mientras yo solo soñaba con volverlo a ver, él se revolcaba con esa…
—Deja de pensar esas cosas. Todo esto ha de tener una explicación. Estoy seguro de que cuando Ian y tú puedan volver a hablar las cosas se aclararán…
—No. No, Dante, claro que no. Eso nunca pasará. Yo nunca, jamás en la vida volveré a buscarlo —declaró con voz firme—. Te lo juro por mi padre —concluyó, al tiempo que algunas lágrimas rodaban por sus mejillas.
—Nada de eso, Leanne. Por Dios, solo escúchate. Tú no eres así. Tú nunca te das por vencida. No puedes dejarlo todo inconcluso. No puedes simplemente dejarlo así, sin saber que fue lo que sucedió.
—¿Quieres saber lo que sucedió? Sucedió que nunca signifiqué nada para Ian. Sucedió que ni bien puse un pie en el avión, pensando en su bien y en el de su familia, él estaba flirteando con esa ramera, y ahora se casará con ella. ¡Sé olvidó de mí! ¿Entiendes eso?
Dante tomó el rostro de Leah entre sus manos, y la obligó a mirarlo a los ojos.
—¿Recuerdas aquella noche en la que te prometí que te sacaría de ese pozo donde estás metida? —le susurró, a centímetros de ella.
—Esto simplemente no puedes arreglarlo, Dante.
—Cree en mí, Leanne. Te juro que no te fallaré. Sé exactamente cómo solucionar esta tragedia.
—No puedo creerte, Dan. No hay forma de mitigar este dolor.
—¿No puedes solamente confiar en mí? Sé lo que hago, Leah. Y aunque no puedo explicarlo, conozco la forma de reparar todo esto.
Ella se apartó de él bruscamente.
—¿Cómo puedes pedirme que confíe en ti? —preguntó ella, cortante—. Dímelo, Dante. ¿Cómo confío en alguien del cual no sé nada acerca de su vida? ‘’No puedo explicarlo, no puedo explicarlo’’ ¿Es todo lo que sabes decir? Pues para mí no es suficiente.
—Sabes lo justo y necesario sobre mí. Lo demás no es importante.
—Para mí si es importante. Dijiste que me lo dirías. Prometiste que me lo contarías todo cuando estuvieras seguro de que yo te creería. Este es el momento.
—No lo sé, Leah…
—Tú lo sabes todo de mí. Sabes que perdí a mi madre siendo una niña, y a mi padre en la adolescencia. Sabes que soy huérfana y que viví en un hogar sustituto. También sabes todo acerca de quién es Ian y que fue lo que pasó con él. Y en cambio, ¿Qué se yo de ti? Un inglés de veinticinco años aparece de la nada y compra una enorme mansión en Monte Mercuccio. Único heredero de una fortuna exorbitante. ¿Y qué más? —preguntó, molesta—. Puedes confiar en mí, Dante, puedes contármelo ¿De qué tienes miedo? Estoy dispuesta a oírlo todo…
Él no respondió. Simplemente guardó silencio y apartó la mirada.
—Lo siento…—murmuró, con una voz apenas audible.
—¿Eso es todo lo que dirás? Bien, pues entonces lo siento yo. Disculpa, Dante, pero no puedo confiar en alguien a quien no conozco —sentenció, caminando hasta la puerta.
Salió al pasillo y las lágrimas comenzaron a brotar nuevamente de sus ojos. Estaba completamente sola. Sola y destruida.
 Cuando se dispuso a bajar las escaleras, sintió que alguien la tomaba del brazo.
—Está bien, Leah. Ven, te lo contaré todo…—dijo Dante, titubeando. 

15 comentarios:

Lala dijo...

Es hermosa, es muy atrapante, siguela. Me encantoo

Marie C. dijo...

Oh dio mio. Oh, OH. Esto era justamente lo que yo estaba esperando desde la bendita llamada, OH! Y al principio fue como, SE LO CONTARA! Pero luego llamo a Dante y fue un, ok no, no se lo contara y tardara mas en saberlo, y luego en la mansión, OH DIOS MIO! Pero definitivamente no quería que pensara de esa forma de Ian, quería que Dante le explicara, que la zorra manipuladora de Donna le dijo a Ian lo de dichosa carta escrita supuestamente por Claire! Diablos, me imaginaba esto algo diferente, pensé que Leah lo buscaría, al igual como esta haciendo ian. Pero me equivoque.-. Y que le sucede a Dante? Quiero decir, las recaídas el doctor, la discreción, Por que esta enfermo? Diablos Diablos, Ahora quiero el siguiente para saber la historia del chico misterioso. Diablos guapa esto esta mejor que una novela, Me encanta!
Besos!

VioleLittleCBieberܤ dijo...

Esta Genial! Síguela Pronto :)

Ya Subí Caps. En Mi Nove, Espero Que Te Pases, Besos c:

http://noovelasdejustinytu.blogspot.com.ar/

Luna Violeta dijo...

Joder... ¡AHHHHHH! ¿por que? ¿por que las cosas terminaron asi? Joder... >.< Mi pobrecito Dante, ¿que es lo que le pasa? dime que no es nada grave por me muero.. T_T Y ahy Sam, mi vida no sabe como encarar a Leah y acabar con los secretos.. y por dios Leah, me rompio el corazon al verla tan destruida, era sabido de que pasaria algo asi. Más vale que Ian no se case con esa maldita de Donna o sino yo misma lo ahorco.
Me encanta me encanta el capitulo.
Espero el proximo ya mismo, ¡me has dejado con toda la intriga!
Un beso :D

MeriiXún dijo...

Ohhhh que ganas de que cuente todoooo!! Y Leah actúa mal...debería pensar, que ella se fue sin darle una explicación, que esperaba que el la esperase toda la vida? Además, el no quiere a Donna...en fin, sigue pronto <3

marymaria dijo...

Que nervios! ya casi casi se sabe todo!! pero me da pena lo de Dante, parece ser que mi presentimiento era
fundado...

Lucía, por favor, antes de que Leah vuelva con Ian tiene que estar con Dante!!!!!

Un abrazo.

Twiggy.V dijo...

Me he leído el capitulo anterior y este... y esta muy interesante, estoy un poco perdida porque no he leído los primero capítulos, pero espero con los siguientes enterarme bien de todo jaja
besos :)

Ale Lighthart.(Mixxi) dijo...

No lo puedo cree, le dirá todo, enserio, le dirá TODO!!!!!!!
aaaaaah pobre de Leah, ella no merece sufrir mas, ella ya sufrió lo suficiente, pobrecita, no se que aria si yo estuviera en su lugar, seria como estar en medio de un huracán en donde sabes que si hay salida, solo que no vez...
Y dante aaaaaaah ya se me asía, que algo grave le sucedía, no puede ser, aaah espero que ayude a Leah, a mi tanto que me gusta ese personaje, es mi favorito, jajaja
publica pronto, linda...
Te cuidas:)
HASTA PRONTO♥!

victoria dijo...

Me MATAS!! con cada capitulo me matas! tu novela se pone asi bien interesanto con cada capitulo! deberías considerar de ser escritora[en especial de misterio con romance]escribes así súper bien! que transmites los sentimientos *-* & dejas con una intriga!... .-. hay no! si sigo no termino! jiji' >.< bueno ahora si con el capitulo: Dios! Sam debió decirle bueno no ahora que lo pienso no, porque ella de seguro le habría dicho que no lo buscará & todo eso :C en cambio con Dante el la ayuda & la apoya osea le dice que no se rinda & eso necesita para que vuelva a estar con Ian:3♥. Dante, Dante, Dante pensé que le iba a contar sobre la supuesta carta pero no :C uhuh & que pasa, Leah debería confiar un poco más en el aunque cierto no sabe casi nada sobre el :$ & que le pasa a Dante(? bueno linda espero & subas pronto besos

Lannii holls dijo...

Me encanto el capitulo
ya quiero saber todo acerca de dante
estoy muy intrigada publica pronto

Egnia dijo...

Me encanto el capitulo jeje
Tienes un Premio en mi Blog!! jeje
Muchos MuakiSs.. xD

deвora ♥ dijo...

ME ENCANTAAAA! :)
No puedes dejar asi el capitulo tienes que seguirlo :D
Publica pronto preciosa :))
Un besazo!

Dont Go away dijo...

¿Estas buscando que muera de emoción? ajajajajajajaja

Oh Dante jajajaja siempre es lo mismo, termino enamorada de él, y ahora quede super ansiosa por leer el cap que viene :B que por suerte ya lo subiste e.e jajaja
Lindaaaa, amo la nove, la amo con todo mi ser ajajaa
Aunque me molesta que Leah piense eso de Ian, porque él también fue engañado :_ espero que eso se arregle..

También quiero saber que va a decirle Leah a Sam :S porque si que se enojo con ella -.-

Bueno sigo leyendo porque voy a morir, ame el cap, lo ame, y bueno a Dante :B jajajaja

sunshine dijo...

:OOOOOO pobre leah , pero ya todo se esta aclarando que bien y quieero saber q le dira dante

Mariana dijo...

Por dios, dije para mí que este iba a ser el último capítulo y me iba a dormir (cosa que estoy diciendo desde hace rato), hasta mi hermana me echó del cuarto para poder dormir, y me leo este capítulo y...
CÓMO VOY A DEJAR DE LEER DESPUÉS DE ESO! Debería denunciarte o algo!
Respira.
Dante quiero saber de ti!
Así que, nada de dormir, y a leer.