domingo, 22 de julio de 2012

Recuerdos - Capitulo 25.

Monte Mercuccio, 1 de julio
 Volvieron a la habitación de Dante, y se sentaron nuevamente a los pies de la cama. Ante el silencio que se había interpuesto entre ambos, y una tensión creciente, él comenzó a hablar.
—Antes que nada tienes que saber que no es una bonita historia —advirtió—. Y entenderé si luego de escucharme te pones de pie y te largas, para no volver a verme.
—Diciendo eso me haces creer que lo que leí sobre ti es cierto.
—¿Y qué has leído? —preguntó él, como si no supiera.
Leanne vaciló.
—Que eres un pirómano, y que…tu madre murió a causa de ello.
—¿Qué he asesinado a mi madre, quieres decir?
—No digo que haya sido intencionalmente…—respondió ella, insegura, pero Dante la interrumpió.
—Leanne, calla —ordenó—. Te contaré la historia desde el principio, y luego eres libre de opinar lo que quieras
Leah asintió con la cabeza, en silencio.
—Bien… ya sabes que nací en Londres, hijo de unos padres ambiciosos y fríos, podridos en dinero, que se llevaban el mundo por delante. Un matrimonio por conveniencia que terminó en desgracia. Mis padres no se querían. Es más, llegué a pensar que se detestaban, pero por alguna extraña razón, frente al mundo simulaban ser una pareja perfecta. Para la sociedad, los Blaird eran una familia feliz, pero esa definición estaba muy lejos de la realidad. Puertas adentro, mi casa era un infierno, especialmente para mí —se detuvo un momento y tragó saliva, como si lo que viniera a continuación fuera doloroso—. Mi madre odiaba los niños. El hecho de que me concibieran se dio solamente porque tenía que nacer un heredero varón, que sería en un futuro un hombre de negocios, exitoso, y que llevaría orgullosamente el buen apellido Blaird. Esas eran sus expectativas, y al ver que yo no cumplía con ellas, y con la personalidad dominante que esperaban de mí, me despreciaron. Mi madre nunca se tomó la molestia de ocultar el gran aborrecimiento que sentía por mí. Cuando tenía seis años, la cantidad de palizas que mi madre me había dado eran incontables, y esa cantidad aumentaba con el tiempo, al igual que la violencia con la que me golpeaba.
»Nunca llegué a comprender por qué me odiaba tanto. Siempre había sido un chico tranquilo, que raramente hacía travesuras, pero cuando las hacía las pagaba muy caras. Era un niño acobardado. Mi madre me amenazaba y me advertía de que si yo hablaba con alguien sobre sus maltratos, me abandonaría. Vivía con miedo, y por eso intentaba ser obediente y hacer todo lo que se esperaba de mí. Sabía que un paso en falso podía costarme una golpiza.
»Mi padre estaba al tanto de los maltratos de mi madre, pero no hacía nada por mí. Cuando la veía golpearme se limitaba a quedarse en el marco de la puerta observando, con impotencia y expresión acongojada. Lo cierto es que él también tenía miedo. Suena extraño, pero él vivía sometido a la abrumante y agresiva personalidad de mi madre. Nunca me defendió, prefería hacer como si nada pasara. Ignoró toda su vida mi dolor, y ni siquiera le importaba.
»Se repitió la misma situación hasta que tuve once años. Hasta aquella fatídica noche en la que todo ardió en llamas y mi vida se fue al diablo por completo. Recuerdo que ese día, extrañamente, los empleados no estaban en casa. Solo estábamos mi madre y yo. Me desperté por el fulgor dorado que entraba por la puerta de mi habitación, y el calor abrasador que me envolvía. Salí de la cama, y en cuanto puse una mano en el picaporte noté que estaba tibio. Eso pareció muy extraño, así que decidí ir a buscar a mi madre y ver que sucedía. Su habitación estaba frente a la mía. La puerta se encontraba abierta, y lo que vi cuando me asomé a ella fue lo más terrible presencié jamás. Esa imagen me acompañará por el resto de mi vida —los ojos de Dante se empañaron de lágrimas—. Mi mamá estaba en el suelo, envuelta en una bola de fuego, como el resto de su habitación. Gritaba, estaba agonizando —se detuvo y cerró los ojos con fuerza. Al cabo de uno segundos soltó un suspiro y continuó—. Y no hice nada por ella. Me quedé allí parado durante unos minutos, sin pensar en nada, y luego me eché a correr. Corrí por el pasillo y bajé las escaleras, no sin antes notar que gran parte de mi casa estaba prendiéndose fuego, pero eso no me detuvo. Me escondí en el sótano y permanecí allí, abrazando mis rodillas y sollozando en silencio, hasta que la policía me encontró prácticamente un día después. Pero eso no había sido todo. Hubo algo que me impulsó a huir de ahí en ese preciso momento, sin hacer nada por mi madre. Algo que me dio la certeza de que esa noche no estábamos solos mi madre y yo en esa casa —un escalofrío recorrió su cuerpo—. Sentí un sonido a mis espaldas. Un sonido diferente, aparte del crujir de todo lo que se quemaba. «Clic, chas» —guardó silencio por un momento, apretando los puños—. Ese maldito sonido me atormentó durante años. Lo escuchaba en mi mente todo el tiempo, una y otra vez.
»Cuando me sacaron del sótano, yo me encontraba totalmente aturdido. La mansión se había reducido a ruinas, y todo estaba rodeado de gente, policías y ambulancias. Pasaban los días, y yo no mostraba señales de recuperarme del trauma vivido. Me encontraba en silencio y con la mirada perdida todo el tiempo, excepto cuando me daban ataques de ira y rompía todo lo que tenía a mí alrededor. Mi padre, para tenerme controlado, pidió a los psiquiatras que me mantuvieran medicado. Y entre antidepresivos, tranquilizantes y pastillas para dormir, permanecía dopado prácticamente todos los días.
»Los medios de comunicación nos acosaban, y especulaban abiertamente sobre las causas del incendio y la muerte de mi madre. Y aunque al principio solo eran rumores, las sospechas de que yo había provocado el fuego intencionalmente crecían cada vez más. Luego del funeral, mi padre decidió mudarnos a Italia. Una vez allá, y pasado un mes aproximadamente, fue cuando por primera vez salió en televisión la noticia de que el único heredero de los Blaird, con tan solo once años, había asesinado a su madre. Las pruebas se acumulaban en mi contra. Cuando me sacaron del sótano, encontraron sospechoso el hecho de que hubiera tenido la lucidez para esconderme en el único lugar seguro de la casa. Y cuando los médicos me revisaron y vieron mi cuerpo magullado y lleno de moretones, empezaron a investigar mi historia. Los maltratos de mi madre salieron a la luz, y tuvieron una razón más que suficiente para pensar que yo tenía motivos para odiarla y matarla, aunque no era así. Pero eso, sumado a un largo historial de piromanía a lo largo de las generaciones Blaird, me convirtió en el culpable perfecto.
»Empezaron a investigarme y a hacerme preguntas a las cuales yo me negaba a responder. Seguía muy traumado por todo lo que había presenciado, y la presión que me ejercían no me ayudaba. No entendía por qué la gente creía que yo había asesinado a mi propia madre, y eso me afectaba a tal punto que empecé a creer que era cierto. Todos los recuerdos de esa noche se habían borrado por completo de mi mente. Solo tenía la imagen de mi madre agonizando entre las llamas, y ese atormentador sonido que sonaba todo el tiempo en mi cabeza.
»Nunca tuvieron pruebas suficientes para declararme culpable, aunque todo el mundo lo creía. Pero pasados unos años, la gente se fue olvidando del caso y ya no éramos el centro de atención. Incluso mi padre parecía haber olvidado todo lo que había sucedido. Nuestra vida en Italia fue muy diferente de lo que había sido. Mi padre pasaba fuera de mi casa, y me ignoraba por completo, mientras yo pasaba el tiempo solo, luchando con mis remordimientos.
»Cuando tenía quince años, mi padre falleció, pero eso no significó nada para mí. Éramos como dos desconocidos, y su ausencia se había adentrado en mi vida desde la infancia. Pero mi inestabilidad psíquica y emocional empeoraba cada vez más. Había llegado hasta tal punto que yo mismo me consideraba culpable de la muerte de mi madre. El no poder recordar lo que había sucedido exactamente me turbaba terriblemente. Me volví prácticamente dependiente de las pastillas y los antidepresivos. Mi vida se iba en picada. Había sufrido demasiado para haber vivido tan pocos años, pero gracias al apoyo incondicional que me brindaba Chris, mi mejor y único amigo, pude salir de ese hoyo.
»Cuando fui mayor, tuve una revelación. Todos los recuerdos que mi mente había bloqueado durante todos esos años volvieron a mí de un golpe. Recordé cada detalle de esa noche, y por fin supe qué había sido lo que había originado ese «Clic, chas». Era el sonido de un mechero, y el tercero que había estado en la casa, parado a mis espaldas ese día, había sido mi propio padre. Tuve esa certeza en cuanto lo recordé, pero ¿qué más daba? Mi padre ya había muerto, y de nada valía culparlo ahora, aunque aún no puedo evitar sentir un escalofrío cuando recuerdo que estuve viviendo cuatro años más con un hombre que había intentado asesinar a su mujer y a su hijo, quemando su propia casa. Nunca pude comprender sus motivos. Pero bueno, supongo que la piromanía es así. No se puede encontrar lógica en ese tipo de enfermedades mentales.
»Tarde muchos años en recuperar el control de mi vida, pero a poco me fui recuperando y encontrando motivos para vivir. Las personas que habían arruinado mi existencia ya estaban muertas, y ya no había nada que hacer. No habían podido conmigo. Yo estaba allí, vivo, y tenía que seguir luchando. Estuve prácticamente diez años intentando sanar mis heridas. Intentando abandonar el rencor, y perdonar a mis padres por haber robado mi infancia, por haber roto mi alma y mi cordura. Por haber destruido mi vida. Tratando de salir adelante sin evadirme, y especialmente, entender que yo no fui culpable de nada, sino que fui la principal víctima de toda esta tragedia.
 Para cuando Dante terminó de hablar, Leanne se encontraba llorando, mientras apretaba con fuerza la mano de él. No tenía palabras. De todas las cosas que se había imaginado, no se esperaba una historia tan dura.
Dante levantó la mano y le acarició la mejilla.
—No llores, tonta —le susurró, mientras le dedicaba una sonrisa torcida—. No tiene caso hacerlo ahora.
—Lo siento tanto por ti, Dante —sollozó, sin soltarlo—. No te mereces nada de lo que te ha sucedido.
—Nadie lo merece, Leah. Pero lo bueno es que en última instancia los dolores sufridos son lecciones que hemos aprendido.
—Perdóname. Perdóname, fui muy estúpida. No debí hacerte revivir todos esos recuerdos. Solo debí confiar en ti —farfulló, abrazando fuertemente a Dante.
—No te disculpes. Fui yo quien te prometió que te lo contaría, ¿lo recuerdas? Siempre cumplo mis promesas —respondió él, correspondiéndole—. Por eso es que debes creerme cuando te digo que te ayudaré.
—Es que no veo como encontrarás una manera de ayudarme.
—Tú déjamelo a mí. Ahora tal vez sea mejor que vayas y hables con Sam sobre la llamada de Ian y te lo cuente con detalles. Yo iré a visitar a una vieja conocida, para saldar unas cuentas pendientes, pero cuando regrese, te juro que todo volverá a su lugar. 

18 comentarios:

deвora ♥ dijo...

MEE ENCANTAAA!! :D
Publica pronto cada vez esta mas interesante la historia :D
Un besazo <3

Lannii holls dijo...

Genial este capitulo y
pobre Dante por todo lo que tuvo que vivir pero bueno me encanta tu historia es tan diferente

chaoo cuidate :3

MeriiXún dijo...

Pobrecito Dante, jope si es más mono...aisss

victoria dijo...

haahaha! hay no! te juero que se me salió una lágrima! vivir en tantos maltratos! :C que tu papá mate a tu madre & que te culpen de eso! que feo!, que triste infancia, adolescencia bbueno todas las etapas con ese dolor, con eso sentimiento de culpa :C.Morir quemad@ D: que feo! es una de las maneras más horribles para morir! & más si ves a tu mamá en ese lugar :C.Pobre de Dante por eso tiene ese aura tan tan.. tan Dante xD! hay no! pobre de el :C.
Linda espero y puedas publicar pronto besos

Luna Violeta dijo...

T_T ¡¡NOOOOO!! Mi pobrecito Dante! :'( No me queda corazon para decir lo triste de su historia... ¡Maldita hija de p****, su madre y su padre! ¿Como pueden haber destruido la vida de su hijo? Ya sospechaba que Dante habia tenido una vida demasiado tormentosa... y ahora queda esa zorra de Donna ¡Yo misma la mataria! ¬¬ Me jode que Leah desconfie de alguien como Dante ¡Si es un pan de dios ese chico!
Espero el proximo capitulo con muchisimas ansias
Un beso :D Y escribe pronto... >.</

Luna Violeta dijo...

Ah si ya me olvidaba ^^U ¡Te juro que me encanta la nueva cabecera del blog! Es preciosa *-* *hasta he pegado un grito de emocion*
Ahora si, nos leemos pronto!

marymaria dijo...

Hola Lucía.

Que terrible toda la historia de Dante. Me cuesta creer que hayan mujeres que odien a sus hijos. No es extraño que los hijos seamos malagradecidos y desarrollemos rencores hacia nuestros padres, pero ¿ellos hacia nosotros? En serio que me es dificil entender.

¿Sabes? Tengo la sensación de que Dante no ha contado la historia completa de su vida. Hay algo más, estoy segura. Veremos si acierto.

Un beso y espero el siguiente capitulo.

Ale Lighthart.(Mixxi) dijo...

Estupenda!!!!
Que fue el caso de Dante, si que ha sufrido muchisimo y en realidad eso no se lo merece, bueno nadie merece sufrir tanto, pero mírenlo el es mejor persona que sus padres y eso es de admirar no cualquiera persona toma la decisión de hacer lo correcto de vivir sin rencor y sin dolor, en perdonar a sus padres que ellos fueron los causantes de todos sus males.
Y Leah solo espero que de ahora adelante aprecia mas a Dante, ya que se nota que es una persona noble y de buen corazón..
Publica pronto...
Te cuidas:)
HASTA PRONTO♥!

Dont Go away dijo...

No puedo haber amado tanto este cap, aunque fue triste :_
Al fin se sabe la verdadera historia de mi Dante, sisi, ya lo declare mio :P jajajaja

Me encanto como relataste todo, como contaste la historia, muuuuy ingeniosa la verdad :B
Me encanto, quiero saber mas sobre como va a ayudar a Leah, la amiga con la que tiene cuentas pendientes es Donna?; quiero leer sobre eso :B

Bueno linda espero el cap que viene, perdón por tardar en comentar, comenté el cap anterior también y a vos gracias por comentar mi nove, sos una dulce :B besos hermosaaaa

VioleLittleCBieberܤ dijo...

Te Juro Que Lloré, Pobre Dante Lo Que Ha Sufrido. MALDITOS!
Tienes Que Seguirla, Se Hace Interesante Cada Vez Más.

Espero Que Pronto Te Pasas Por Mi Blogs.

BESOS<3

Simple Life dijo...

hola, me gusta mucho tu blog y por eso me encantaria que leyeses mi hitoria:
http://doblescaminos.blogspot.com.es/
es una historia de amor al igual que esta, pero no tiene tantos seguidores, claro :/ por eso te lo digo a ti, que mucha gente sigue tu historia, porque creo que si a ti te gustase mucha mas gente se interesaria por la mia
muchas gracias y felicidades por tu blog, es realmente fantasctico! sigue asi, besos

camy dijo...

Hola Lu!!!!
TENES UN PREMIO EN MI BLOG.
Un beso grande.
Camy...

Marie C. dijo...

Guapa tienes premio en mi blog:**

Miracles dijo...

Holussssssssss,tanto tiempo.Todo bien?,espero que si :D
Ame el capitulo,la manera en que conto Dante su historia,su vida,fue hasta casi imagino.Olvidate que me imagine escena por escena.Sos una genia.
Quiero el siguiente,quiero saber que va a pasar con Donna,y principalmente Ian.Estoy que muero por volver a saber algo de el.
Nos leeeeeeeeemos diosa,beso♥

girlsrules dijo...

me as dejado sorprendida sigue subiendo porfaA! ME a encantado la entrada! besitoss

LOBEZNA dijo...

Cuando puedas, pásate por mi blog. Gracias y un saludo.

sunshine dijo...

la historia de dante!! pff no puedo creerlo que feo!! espero leer pronto lo q sigue ya tengo q dejar la compu saludos

Mariana dijo...

Parecía que estuviese ahí en cada una de las palabras de Dante, cada escenario fue creado para que creyera estar ahí... Impresionantemente triste la vida que los padres le dieron a Dante, e impresionante como logró salir de todo eso, y gracias a la estúpida gente y sus rumores él llego a creerse algo de lo que no tenía ni remotamente la culpa... No se lo merecía ni él ni nadie...
Pero Dante, te guardaste un secreto? Qué es la enfermedad esa que te persigue? Eh? Necesito saber!
Y ahora se fue por Donna...
Uf!
Yo voy a leer otro...