sábado, 8 de septiembre de 2012

Farsa - Capitulo 27.

Ville Navarra, 1 de junio

 La hermosa mañana acompañaba su estado de ánimo. Por alguna extraña razón, sentía una paz interior inexplicable. Algo que no experimentaba hacía mucho tiempo.
Ian se sentía satisfecho por haber podido escabullirse de su casa sin que Donna se diera cuenta, aunque en el fondo le parecía patético tener que salir a escondidas de su propia casa por miedo a que su prometida lo siguiera. Era ilógico.
 Después de trotar por un par de cuadras y rodear el parque, se sintió agotado. Esto le molestó, ya que antes su rendimiento físico era mucho mayor, pero la falta de ánimo y la pereza habían acabado con su espíritu deportivo.
 Decidió volver a casa. Tenía la certeza de que Donna estaba a punto de enloquecer. Podía hacerse una idea muy clara de la crisis de nervios en la que la encontraría cuando llegara, y se sabía de memoria el repertorio de reproches que le esperaba por el simple hecho de haber abandonado la casa sin previo aviso.
 Suspiró. No podía hacer nada contra ello, y al fin y al cabo, ya estaba acostumbrado.
Intentó no imaginar la tortuosa vida que le esperaba si se casaba con ella.
Sabía que Donna lo necesitaba, pero él no estaba seguro de poder soportar esa convivencia mucho tiempo más.
Por más que Ian aceptara ir al altar, no se sacaba a Leanne de la cabeza, y Donna era muy consciente de ello. ¿Cómo podía aceptar semejante cosa? No lo comprendía. Las actitudes obsesivas de Donna cada vez lo asustaban más, y reducían sus ganas de seguir en aquella casa.
Estaba al tanto de que la salud psíquica de Donna peligraba, y no podía dejar de sentirse culpable por eso. Sí, ella estaba actuando mal al retenerlo a su lado, pero ¿qué había de él? ¿Hacía bien en seguir junto a Donna por lastima? ¿Era conveniente seguir alimentando esperanzas de un matrimonio que nunca llegaría? ¿Estaba en lo correcto cuando se obligó a sí mismo a continuar con un noviazgo estancado que jamás iba a progresar? Ninguna de esas preguntas tenía respuesta, y atormentaban su mente todos los días.
 Trató de olvidarlo por un momento. No quería arruinar su repentino bueno humor con preocupaciones que no lo llevarían a nada.
 Llegó hasta la entrada de la mansión y abrió la puerta con cautela. Con un poco de suerte, Donna no advertiría su llegada y lo dejaría en paz por un rato.
Caminó en silencio por el vestíbulo y cuando se dignaba a subir por las escaleras, una voz masculina proveniente del living atrajo su atención. Se acercó sigilosamente hasta la puerta para intentar averiguar de quien se trataba sin ser descubierto.
— …porque sé que a pesar de todo eres una mujer inteligente y bella, que podría tener una vida maravillosa, en vez de tener que desperdiciar su juventud tras las rejas de una prisión, pero lamentablemente ese es el destino que tú misma te has buscado.
« ¿Desperdiciar la juventud en la prisión? ¿Quién rayos es este tipo?», se preguntó Ian en su fuero interno, agudizando el oído.
—No lo hagas, Dante. Te lo suplico. Siento mucho la muerte de Chris. Yo lo apreciaba, nunca quise que terminara de esa forma. Yo iba a casarme con él, lo sabes. Sé que tú haces todo esto por el rencor que sientes hacia mí, pero mandarme a la cárcel no lo revivirá a él.
 Advirtió la voz sollozante y torturada de Donna y esto lo alarmó. Meditó irrumpir en la sala y averiguar qué sucedía, pero temía que si lo hacía no le dirían la verdad. Optó por seguir escuchando la conversación, y esperar a que ese tal Dante se retirara, para así poder conversar con Donna y ponerse al tanto de esta situación que lo confundía.
—…Si no lo había hecho hasta ahora no fue porque me faltara valor, si no porque no quería que el nombre de él se viera implicado en estos asuntos turbios. Pero en cuanto conocí a Leanne y supe su historia, no lo volví a dudar.
Cuando Ian escuchó el nombre de Leanne sintió como su corazón se detenía. No podía ser posible. ¿Quién demonios era ese sujeto?
—… ya sabes lo que tienes que hacer si quieres que esos papeles no lleguen a la policía. Mañana por la tarde te llamaré, y espero que para entonces ya hayas hablado con Ian y estés preparando tu equipaje.
¿Ian? ¿Había escuchado bien? No daba crédito a lo que oía. ¿En qué diablos estaba metida Donna? Tenía la punzante certeza de que no era nada bueno.
Oyó que alguien se ponía de pie y se acercaba a la puerta desde el otro lado. Ian atinó a esconderse detrás del mueble de trofeos que tenía al lado, y observó como el hombre abandonaba la habitación. No pudo verle la cara, pero su particular forma de caminar le extrañó.
Sin titubear siguió sus pasos hasta el exterior de la casa. No sabía bien que estaba haciendo, solo seguía sus impulsos.
No parecía advertir la presencia de Ian a sus espaldas mientras lo seguía, pero cuando Dante estaba a punto de abandonar el terreno de los Covarenni y subir a un lujoso coche que aguardaba en la entrada, llamó su atención.
— ¡Oye, detente! —exclamó Ian, con voz firme.
Dante se volvió a ver, con semblante tranquilo. No parecía sorprendido. Tal vez no ignoraba realmente la presencia de Ian cuando intentaba alcanzarlo. Se mantuvo en silencio, esperando que continuara.
Ian vaciló, no sabía que decirle en realidad.
— ¿Tú… quién eres? — farfulló, inseguro.
—Mi nombre es Dante Blaird. Un gusto conocerte —respondió con naturalidad, sonriendo gentilmente, como si de un encuentro casual se tratara.
Esto molestó a Ian. Sentía que le estaba tomando el pelo.
— ¿Qué hacías en mi casa? —soltó, grosero.
El gesto amable de Dante se volvió sombrío y su boca trazó una línea recta.
— ¿Tu casa? ¿Tú eres…
—Brahian Higgins. Un gusto conocerte —interrumpió, imitando el tono formal de Dante, mofándose de él con una sonrisa burlona.
—Así que tú eres Ian... esto sí que es una sorpresa.
— ¿Disculpa?
—Olvídalo. Leah estará feliz de saber de ti.
Ian impulsivamente tomó con fuerza del brazo a Dante, con ojos centelleantes.
— ¿Cómo conoces a Leanne? ¿Quién demonios eres?
— Tranquilízate —ordenó con voz gélida, soltándose del agarre bruscamente—. Ya te he dicho quien soy.
—No estoy jugando.
Dante sonrió, divertido.
—Ya, no tienes porque enfadarte tanto. Solo bromeaba. Le sacas el misterio al asunto —suspiró, resignado—. Bah, que aguafiestas. En fin, de todas formas pensaba decírtelo.
—No quiero ser grosero, Dante, pero estás haciendo que me altere.
—Soy un amigo de Leah —contestó al fin—. Estoy aquí para ayudarla, y también a ti.
— ¿Ayudarnos?
—Ian, tengo que irme. Será mejor que entres. Creo que Donna tiene que hablar contigo.
—No puedes irte, aún no me has dicho nada.
—Lo siento, no tengo tiempo ahora. Además, tómalo como un favor a tu prometida. Le estoy dando una última oportunidad de ser sincera y hacer algo bien una vez en su vida —concluyó, poniendo un pie dentro del coche.
—Los he escuchado hablar en el salón —se apresuró a decir, tratando de detenerlo.
Notó como el rostro de Dante se volvía más pálido, si es que eso era posible.
— ¿Qué fue exactamente lo que escuchaste?
— Lo he escuchado todo —mintió, intentando conseguir algo más de información.
Dante sonrió.
—Eso es mentira. Si así fuera no estarías aquí preguntándome estas cosas. Venga, Ian, no pierdas el tiempo conmigo. Me encantaría quedarme aquí a conversar, pero tengo otros compromisos con los cuales cumplir. De todas formas, si todo sale como lo planeado, confío en que nos volveremos a ver más pronto de lo que imaginas —terminó de subirse al coche y agregó: —. Hasta luego. Ha sido un placer conocerte.
Ian resopló con disgusto, rendido.
—Hasta pronto, entonces —respondió, con voz neutral, para luego observar como Dante cerraba la puerta de su automóvil y se marchaba, doblando en la esquina y desapareciendo de su vista.
  Mientras caminaba de regreso a la casa un millón de cosas se venían a su cabeza.
¿Quién demonios era ese tal Dante Blaird y como podía ayudarle a él y a Leah?
Intentó reunir en una lista mental todas las deducciones que había podido sacar. La primera fue que Dante era un hombre con mucho dinero. Aunque eso no se mostraba en su vestimenta, tener un auto último modelo y un chofer que lo condujese no eran lujos que regularmente se permitiera una persona de clase media. Además, sus modales dejaban en evidencia una educación aristocrática.
La segunda cosa que había notado había sido su forma de hablar. A pesar de que tenía una perfecta pronunciación del idioma, se dejaba entrever que tenía un acento de otro lugar, por tanto supuso que era extranjero, y si no, había vivido mucho tiempo fuera del país.
Y la tercera y más importante: Dante conocía muy bien a Donna, y por alguna razón que él aún ignoraba, tenía una gran influencia sobre ella.
 Abrió la puerta de un empujón y se adentró a la casa, dirigiéndose directamente a la sala donde, suponía, estaba su prometida.
Al llegar allí no la encontró, y apretó los puños con fuerza. Algo le decía que lo estaba evitando.
Subió las escaleras, y escuchó un sollozo proveniente de su habitación. Suspiró. Solo Dios sabía lo que le esperaba cuando cruzara esa puerta.
Llegó hasta la habitación y vio a Donna sobre la cama llorando desconsoladamente, cubriéndose el rostro con ambas manos.
Se aproximó a ella con lentitud, y posó una mano sobre su hombro.
— ¿Qué sucede? —preguntó.
—Oh, Ian…—gimoteó, rodeando su cuello con los brazos—. Tengo que darte una noticia terrible.
— ¿Qué es lo que pasa, Donna? —volvió a preguntar, más interesado esta vez.
—Nuestra boda se cancela.
Se sintió culpable por el fuerte sentimiento de alegría que lo abordó al escuchar aquellas palabras.
— ¿De verdad? Me asombra oírte decir eso. ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión?
—Dante —contestó ella, con voz filosa.
— ¿Quién es Dante? —inquirió, fingiendo no saber.
—El tipo con el que te has cruzado en la entrada —repuso, apartándose de Ian para verlo a la cara—. Los he visto mientras conversaban frente al portón de la casa —agregó, ante la expresión desencajada de él —. Y tengo una idea muy clara de lo que te ha dicho. Me sorprende que sigas aquí después de escucharlo. Me alegra que confíes en mí lo suficiente como para haber hecho oído sordo a sus palabras venenosas.
—A decir verdad no sé de que hablas. Ese hombre lo único que me ha dicho fue que tenías que hablar conmigo, y que te daría una última oportunidad de sincerarte, o algo así.
—Vaya, resulta que ahora es un caballero —comentó Donna con sarcasmo—. Es increíble que no haya intentado llenarte la cabeza en mi contra. Supongo que no tiene el valor suficiente para decirte que ha venido a chantajearme.
— ¿Chantajearte?
—No tiene caso que te lo cuente, Ian. Sé que no me creerás, así que será mejor que juntes tus cosas y te alejes de mí si no quieres verte envuelto en problemas —advirtió, intentando reprimir el llanto.
—Donna, no llores, por favor…—rogó Ian, al tiempo que acariciaba su mejilla—. Soy tu novio, puedes confiar en mí. Quiero que me lo cuentes. ¿Por qué ese hombre quiere chantajearte?
Ella se enjugó las lágrimas con el dorso de su mano, y se aclaró la garganta.
—Hace algunos años, Dante era mi cuñado —comenzó, con voz titubeante—. Yo estaba comprometida con Chris, su hermano. Ambos eran hijos de Charles Blaird, el abogado de mi padre.
»La cuestión es que a tan solo unas semanas de mi boda con Chris, pasó algo terrible. Era el cumpleaños de su mejor amiga, y habíamos acordado encontrarnos en el restaurante donde se celebraría, pero mi coche estaba averiado y llamé a Chris para pedirle que pasara por mí. Era una noche oscura de invierno y una fuerte tormenta abrumaba la ciudad. Las autopistas estaban prácticamente inundadas.
»Se hacía tarde y Chris no llegaba. Comencé a impacientarme. Intenté llamarle para decirle que no viniera, era peligroso conducir con un clima así, pero él no respondía mis llamadas.
»Casi cuatro horas después sonó mi teléfono —Donna cerró los ojos con fuerza por un momento, y cuando los volvió a abrir estaban desbordados de lágrimas—. Era un oficial de policía. Chris había patinado con el coche y había impactado de frente con un árbol. Murió prácticamente al instante.
—Oh, lo siento mucho, Donna…—murmuró Ian, apenado—. Pero, ¿qué tiene que ver esta historia con que Dante intente extorsionarte?
—Él jamás dejó de culparme por la muerte de su hermano. Los Blaird cortaron todo tipo de relación con mi familia desde el funeral de Chris. Nunca pudieron superar esa perdida y se convencieron a sí mismos de que yo era la responsable de aquella tragedia, cuando no fue así. Dante quiere verme destruida, y eso intenta conseguir.
—No lo entiendo, Donna… —le interrumpió—. ¿De qué forma podría perjudicarte?
—Es que… hay una parte de la historia que no te he contado —Ella quebró nuevamente en llanto, pero al cabo de unos minutos logró controlarse y continuó: —. Me cuesta mucho decir esto, Ian, porque mi padre era todo para mí y siempre guardaré respeto a su memoria, pero él…no fue un hombre bueno. Él embaucó a muchas personas y salió impune de muchos altercados con la justicia. Todo eso gracias a su dinero y a su abogado. Charles Blaird era prácticamente su ángel guardián, y era quien se encargaba de cubrir a mi padre en sus negocios falaces. 
—Pero tu padre ha fallecido hace muchos años ya. ¿Qué tiene que ver todo eso contigo?
Donna tragó saliva, y soltó un suspiro ahogado.
—Ian, más de la mitad de las tierras que mi padre consiguió de forma fraudulenta están a mi nombre. Él era un hombre importante, y yo solo era una chica de dieciocho años en ese entonces, y en caso de que algo sucediera, su nombre no saldría manchado, o al menos no de forma directa. El punto es que gracias a su padre, Dante tiene en su poder suficientes pruebas en mi contra como para demandarme por estafa, y eso es lo que planea hacer.
— ¿Pero por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo?
—Sé que jamás creerás esto, Ian, pero te lo diré de todas formas y quedará a tu criterio confiar o no en mi palabra —tomó la mano de él y la apretó levemente—. Antes de perder contacto con ellos, Dante me juró que vengaría la muerte de Chris. Creí que esa amenaza había quedado en el olvido, pero no fue así. O en realidad así era hasta que por alguna extraña razón del destino, Leanne se cruzó en su camino. Al parecer se hicieron grandes amigos, o más que eso, aliados. Dante siguió mi vida desde cerca en el correr de estos años, y está al tanto de cada pasó que he dado. Y cuando él hizo saber a Leanne de mi compromiso contigo, ella estalló en cólera. El odio que ambos sentían por mí los hizo permanecer unidos, planeando la forma de hundirme, buscando el momento adecuado…
Ian dejó caer la mano de ella.
— ¿Leanne? ¿Odiarte? —Soltó una carcajada—. Oh, lo siento, Donna, pero me es imposible imaginarme a Leah confabulando un plan para hacerle daño a alguien. Ella no mataría ni a una mosca. Además, no tiene motivos para odiarte, ¿o sí?
—Leanne siempre envidió mi vida, Ian. Desde niña deseó todo lo que yo tenía, y el no poder conseguirlo hizo crecer en ella un incontrolable resentimiento contra mí. Al enterarse de que tú y yo estamos comprometidos enloqueció. Dante fue quien me contó de esto.
—Suficiente, Donna. Me niego a seguir escuchando tantas estupideces sobre Leanne —declaró Ian, poniéndose de pie.
—Supuse que reaccionarias así. Y me lastima profundamente, porque solo estás haciendo lo que ellos quieren. Ian, ellos quieren destruirnos. Dante me ha dicho que si no cancelo nuestra boda y me voy de la ciudad, lejos de ti, hará llegar a la policía todos esos papeles que me comprometen.
—Lo siento, Donna, pero simplemente me rehúso a creer que Leanne es partícipe de ese complot del que tú hablas. Ella nunca haría algo así. La conozco como a la palma de mi mano.
—No, Ian, no —repuso ella con firmeza—. Tú no la conoces. Puedo asegurarte que la Leanne de la que tú te enamoraste ya no existe más. Era una buena chica, incluso yo fui testigo de eso, pero el rencor y el odio la consumieron y acabaron con la bondad que antes tenía. Deja de engañarte. Abandona esa estúpida convicción que tienes de que algún día ella volverá a tus brazos porque no será así. Ella se marchó una vez, ¿lo recuerdas? No le importó romper tu corazón. Ni siquiera le importó que intentaras acabar contigo. Jamás volvió a llamar, ni a preguntar por ti. Nunca nadie volvió a verla en Remembranzas. ¿Tanto te cuesta aceptar que ella simplemente continuó con su vida sin ti? Siento ser tan dura, Ian, pero te digo esto porque te amo, y porque me parte el alma que prefieras ponerte de su lado antes de estar conmigo en estos momentos en los que estoy al borde del abismo. Fui yo quien salvó tu vida. Yo estuve ahí. Te di todo lo que siempre pudiste desear. Eres mi vida, y lo único que me queda en el mundo. Y yo soy lo único que tú tienes. Y sí, estamos solos, pero nos tenemos mutuamente y eso es todo lo que importa. Olvida el pasado y deja de herirte. Tú te mereces ser feliz, y aquí estoy yo para ayudarte a conseguirlo.
 Los ojos de él brillaban cristalizados, pero no dejó caer ni una lágrima.
—Tienes razón, Donna…—aceptó Ian, finalmente—. Lo lamento, sé que estoy siendo muy injusto contigo. Solo te pido que me entiendas y te pongas un poco en mi lugar, para que puedas solamente imaginar lo duro que esto es para mí. Dame tiempo. Déjame pensarlo. Es demasiada información la que necesito procesar, y ni siquiera estoy seguro de lo que haré.
—Piensa cuanto quieras, pero yo no tengo tanto tiempo. Dante me ha dado hasta mañana por la tarde para darle una respuesta, y sé que no está jugando. De todas formas eres libre de marcharte de aquí cuando quieras, no te culparé por ello, si es eso lo que te preocupa. Pero en lo que a mí concierne, no cederé ante sus chantajes. Puede que cancele la boda, pero no me iré a ningún lado.
—Pero si no lo haces acabarás en la cárcel. Tú misma lo has dicho, Donna, Dante no está jugando.
Ella sonrió de forma sombría, con una mirada tan ausente que hizo estremecer a Ian. En ese momento tuvo la seguridad de que Donna había perdido la cordura por completo.
—Ian…prefiero matarme antes de terminar en prisión.
—Deja de decir sandeces —ordenó él, con voz dura.
—No te alteres, cariño. Solo lo he dicho porque creo que es algo que tienes que saber.
—Donna, confió en que no harás ninguna tontería. Promételo, por favor.
—Me siento bastante fatigada ahora. Agradecería que me dejaras descansar un rato. Podemos seguir platicando más tarde, y terminar de acordar los detalles de nuestra boda.
— ¿Boda? ¿No habías dicho que se cancelaría?
—Invitados, vestidos, trajes, flores, decoraciones…. Ay, cielo, claro que no. Las bodas no se organizan solas.
Ian decidió abandonar la habitación en silencio, dejando en el aire las divagaciones de Donna, que cada vez demostraba estar más despojada de coherencia.
Tragó saliva, intentando aliviar el nudo que atenazaba su garganta. Sentía que la cabeza le explotaría en cualquier momento. Camino hasta el living y se dejó caer en el sofá, cerrando los ojos con fuerza. Tenía demasiadas cosas en las que pensar. El miedo de tomar la decisión equivocada abrumaba su corazón.
Dante no le había parecido un mal tipo. No lucía como una persona cruel que dedicaría su tiempo a planear como destruir a alguien. Todo lo contrario, daba la impresión de ser inofensivo. Claro que todas esas observaciones eran meras impresiones que no servían para nada.
¿Y qué pasaría si de verdad  solo intentaba ayudarlos? ¿Qué tal si Donna le había vendido una historia falsa solo para retenerlo? No, claro que no. El estado mental en el que ella se encontraba no le permitiría inventar semejante historia.
Solo tenía una certeza, y es que debía permanecer al lado de Donna aunque no quisiera. Mientras su cordura siguiera disminuyendo, no podría dejarla sola. Sabía que Donna sería capaz de cualquier cosa si se sentía acorralada. Incluso de terminar con su propia vida, y eso era lo que más lo preocupaba. No podía permitir que ella cometiera el mismo error que había cometido su padre. Nunca se perdonaría a sí mismo dejar que otro de sus seres queridos acabase con su vida. Intentaría evitarlo a toda costa, aunque hacerlo significase su propia infelicidad. 


10 comentarios:

Nancy ✝ dijo...

Escribes fenomenal, enserio. ¿Nunca se te ha ocurrido publicar en otro lugar donde haya más lecturas y comentarios?

Lannii holls dijo...

Gracias por este capitulo estuvo mas que genial, tu escribes increíble me alegro que hallas vuelto y pasa por mi blog cuando puedas

besos :)
Lanny

Luna Violeta dijo...

No, ¿por que? NOO OTRA VEZ NOO ¡Mierda esa Donna ya me tiene harta! -.- inventar todo esa basura en menos de un segundo y con la psiquis a punto de irsele al diablo.. hay que reconocer que es muy fuerte, por demás.
¡¿Que le pasa a Ian?! Ni que le ponga un dedo encima a mi, quiero decir, a Dante.
Me alegro que hayas regresado, ya estaba perdiendo las esperanzas!
Re-bienvenida! (^3^)/

sunshine dijo...

holaa oye comenze a leer tu blog , vi que comentaste en uno mio hace muchoo rato jeje y ps me ha gustado voy a ponerme al dia con tu nove y te seguire :D

si pudieras pasarte por mi blog seria magnifico
http://sunshine-unamigomisterioso.blogspot.com/

http://sunshine-justinlove.blogspot.com/

besos :)

Orne dijo...

Hola Lu! que lindo que actualices, amo tu escritura :)
Nos seguimos leyendo...
Besitos!!

Marie C. dijo...

¿Porque llegue a pensar que Donna haría lo que Dante le exigía? ¿Porque?
Y por mas Ian hablo con Dante, le creyó a Donna. Si si, puede que Dante sea un desconocido para el, pero el conoce a Leah, e Ian también sabe que Donna esta mal de la cabeza, DEBIO CREERLE. Y no, no no. Como pudo creer lo que Donna decía de Leah? la amaba! LA AMA y creyó eso? Es en serio? Nooo! Ian me decepciono. Y Donna me sigue encantando. sabe que puede ir a la cárcel si no hace lo que Dante le pide, y aun así, inventa una nueva historia, todo para poder quedarse con el inocente de Ian, cariño, si eso no es obsesión, no se lo que sea.
Esto se pone tan interesante :3 Aun mas de lo que ya estaba!
Yo tan solo espero un nuevo capitulo pronto
Besos guapa!

Luna Violeta dijo...

¡Tienes un premio en mi blog!
*desaparece*
Un beso.

Dont Go away dijo...

Deje un comentario enorme y no lo guardo y se borró...Eso es genial (Sarcasmo) jajaja

Lindaaaaaa, me encanto el cap, al fin vuelvo a leer esta nove, la extrañaba :B
Donna, grrrr la odio, yo pensé que ella iba por fin a ceder y hacerle caso a Dante, pero noooo, es taaan terca que sigue en su posición y lo peor es que inventa cosas contra Dante y su familia, nunca se cansa no? jajaja

Aunque quiero saber que va a pasar cuando Dante vea que ella no cumple su parte del trato e.e

Iaaaan, por favor que él descubra la verdad, no veo la hora de que eso pase jajaja

bueno linda, vi que cerraste tu blog personal, espero que de todas formas por acá nos cuentes como te va :) que ahora espero que andes genial :B
Y además de eso gracias por ponerte al día con mi novela, sos una dulce :) Nos leemos lindaaaaa, espero ansiosa otro cap si?, besitos :)

sunshine dijo...

:OOO y yo pense q al fin donna iba a hacer lo correcto , hjhjhihj pero como puede inventar todo eso en un segundo y estando medio loca?? la repeto en serio maldita vibora
por favor q dante haga algo!! q ian vuelva a ver a leanne
jeje me acabo de dar cuenta que comente hace tiempo cuando descubri tu blog y ps no habia tenido tiempo d eleerlo me alegra haber encontrado tiemmpo, ya te he dicho q me gusta mucho remembrazas , espero q sigas
saludos :)

Mariana dijo...

La odio.
Dante tenía todo preparado perfectamente, todo.
Tendría que haber entregado todo a la policía sin avisarle, aunque se hubiera perdido del acting de Donna... Bueno no sé, pero ella es tan... Cómo se le ocurrió que aceptaría así nada más? Para ser sincera, yo pensé que aceptaría...
Ay, e Ian ahora la va a apoyar. Genial.