martes, 16 de octubre de 2012

Hasta siempre y nunca - Capitulo 31.

Triland Port, 5 de junio

 No había podido dejar de dar vueltas en la cama en toda la noche, sin lograr conciliar el sueño. Cuando la luz del alba comenzó a filtrarse por las rendijas de la persiana, Leah supo que era en vano seguir intentándolo, Morfeo no quería acogerla en sus brazos.
Miró el reloj, que daba exactamente las 7:35 a.m. y se incorporó de la cama. Caminó hasta el baño, y se dio una ducha rápida. Luego se dirigió a la cocina y decidió prepararse un café fuerte.
Dio una vista rápida en derredor  y suspiró. Tanto silencio la perturbaba. Hacía ya tiempo que Steven no vivía con ellas, y Sam no había pasado en casa aquella noche. Había salido a cenar con un misterioso chico X, del cual no había querido dar detalles aún, y le sugirió que no la esperara para cenar. Sonrío al recordarlo. Le gustaba ver a su amiga feliz. Se lo merecía más que nadie.
 Dante apareció en su mente de pronto. Tomó entre sus manos la taza de café humeante y se encaminó hasta la mesa, aún con él en su cabeza, recordando todas las cosas que le había contado de su vida, y de la forma en la que se había ensañado con ayudarla. Desde el primer momento, cuando eran completos desconocidos, Dante le había brindado una confianza que Leah no había encontrado en nadie jamás. Aún cuando ella se mostraba desconfiada, incluso mezquina, él jamás había perdido los nervios y siempre se mostraba igual, tranquilo, imperturbable, neutral. Era prácticamente imposible descifrar las emociones que Dante experimentaba, ya que no dejaba que estas se vieran en su exterior. La única ventana que reflejaba sus pensamientos eran sus ojos. Aquellos ojos negros como la noche, sombríos, profundos. Aquella mirada vacía, ausente, rota, que hablaba de un dolor inconmensurable, de maltratos e injusticias, que no contrastaba con la sonrisa siempre dispuesta que él solía esbozar.
Se sentía profundamente culpable por haber desconfiado de él alguna vez. Dante tenía un corazón tan bueno y  honesto como un niño pequeño, pero poseía a la vez la sabiduría y experiencia de un anciano. Así como algunas personas transforman sus experiencias dolorosas en una armadura de odio y rencores, él había podido canalizarlo en lecciones aprendidas que lo habían ayudado a madurar y a entender que la vida tenía sentido solo si se ayudaba a los demás con intenciones desinteresadas y salidas del corazón.
Ahora hacía cuatro días que no lo veía. Recordó aquella conversación que habían tenido en su casa, cuando después de haberle contado todas sus tristes experiencias le había sugerido que hablara con Sam para que ella le contara con detalles sobre la llamada de Ian. También había comentado algo sobre saldar cuentas con alguien, y le había jurado que muy pronto todo habría vuelto a su sitio.
Después, rememoró el momento en el que Donna había caído en su casa hecha una fiera, declarando que esperaba un hijo de Ian. Cuando Leah escuchó aquello casi pierde la cabeza, pero Dante había intercedido alegando que Donna viviría su supuesto embarazado en la cárcel. Luego de eso la mujer había enloquecido, y se había ido de ahí hecha una bola de nervios. Dante tranquilizó a Leah asegurándole que aquello del embarazo era mentira, y cuando ella preguntó que había querido decir con eso de que Donna iría a prisión, Dante se limitó a decir que solo era parte de su estrategia.
Leah no había comprendido muy bien a qué se refería, pero en ese momento había optado por no preguntar más. Se encontraba muy confundida y perturbada por todo lo que había oído, y no quería seguir fastidiando a Dante. Pero ahora que ya habían transcurrido días, y la ausencia de Dante comenzaba a notarse más, Leah había empezado a inquietarse, especialmente porque en el fondo de su corazón tenía un extraño presentimiento sobre todo aquello que había ido aumentando con los días, sumado a que cada vez que intentaba llamar a Dante al móvil saltaba el contestador automático.
Era consciente de que podía llamarlo a su casa, o ir allí directamente, pero no quería molestar. Le preocupaba estar agobiando demasiado a Dante, y meditaba la idea de si todo aquello de la ausencia no lo hacía para que ella le diera un respiro.
Suspiró, estaba resignada. A esta altura ya había entendido que el misterio siempre formaría parte del aura de Dante y aquello no cambiaría.
 De pronto escuchó el ruido de la cerradura, y la puerta abrirse, y a continuación el suave repiqueteo de unos tacones que se escuchaban más y más cerca.
Segundos después, apareció Sam caminando sigilosamente hasta la cocina, y sonrió sorprendida al ver allí a Leah.
—Vaya, ¿tan temprano y despierta?
—No he podido dormir en toda la noche.
—No me digas, te has estado preocupando por mí y no has podido dormir. Oh, que tierna eres —contestó, bromeando.
—Que va, ni recordaba que no estabas en casa —repuso, siguiéndole el juego a la vez que reía.
—Auch, eso ha sido cruel —se quejó Sam, caminando hasta la mesa y sentándose frente a Leanne—. Y yo que me he estado preguntando toda la noche si estarías bien sin mí. Eres muy insensible.
—Deja de mentir, de seguro el chico X te ha tenido tan entretenida que ni siquiera recordabas que habías dejado aquí sola y abatida a tu triste amiga.
Ambas soltaron una carcajada al unísono.
—Bueno, a decir verdad sí, lo siento. Es que ese chico es una dulzura, niña.
— ¿Y sigues en plan de ocultarme su identidad?
—Efectivamente.
—Venga, Sam, ya suéltalo. ¿O planeas decírmelo cuando estén por irse al altar?
—Ya, está bien, te lo diré. Es que hace varias semanas que estamos saliendo. No te lo había dicho hasta ahora porque no sabía que tan enserio iba la cosa…
— ¡Sam! —protestó Leanne.
—Sí, sí, sé que te lo debería de haber contado desde un principio, lo siento. Es que sabía que te emocionarías por mí, pero no quería que lo hicieras hasta no estar segura de cómo iría todo.
— ¿Eso significa que ahora es algo formal?
—No sé si decir que es formal, ya que aún no somos novios, pero venga… ayer me ha llevado a su casa por primera vez ¡Vive solo! Es un chico súper simpático y emprendedor. Creo que te agradará.
—Aún no me has dicho su nombre.
—Se llama Andrew, ¿no es un nombre precioso? Dios, escucha como hablo. Parece que estuviera más enganchada de lo normal —sonrío, se la notaba realmente contenta—. Pero espera, todavía no te he dicho lo mejor. ¿Sabes dónde vive? ¡En Remembranzas! Mira, que loco el destino, que me ha llevado a conocer a un chico de tu pueblo de la infancia. Quizá incluso se conocen ya…
Leah la observó extrañada y visiblemente sorprendida.
— ¿Andrew? ¿De Remembranzas? ¿No será…—unos golpes en la puerta principal la interrumpieron.
— ¿Esperabas a alguien? —preguntó Sam de pronto.
—No, a nadie. ¿Quién rayos viene a esta hora?
Sam se encogió de hombros, mientras se ponía de pie.
—Descuida, yo iré a ver.
Salió de la cocina y tardó unos minutos en volver. Cuando regresó, tenía una expresión extraña.
—Leah, te buscan en la entrada.
— ¿A mí? ¿Quién es?
Sam puso los ojos en blanco y suspiró.
—Será mejor que vayas a verlo tú misma.
Poco convencida se levantó de su sitio y se encaminó hasta la entrada. Su sorpresa fue grande cuando al asomarse a la puerta vio a una persona de pie, con un enorme ramo de rosas rojas que cubría su rostro, y llevaba una nota en la que se leía ‘’Discúlpame’’.
Hubo un pequeño momento de silencio. Leah aún no comprendía la situación.
El hombre fue retirando lentamente el ramo, hasta dejar ver su rostro. Steven, sonriendo tímidamente, apareció tras él.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella, cortante.
—He venido a disculparme por lo que pasó la última vez que nos vimos —comenzó, titubeante, extendiéndole las flores—.  Lo siento mucho, Leah.
Leanne tomó las flores, pero no hizo amague de dejarle entrar.
—Steven, te comportaste como un animal con Dante. Ni siquiera tenías motivo para golpearlo, y aunque los tuvieses seguiría estando mal.
—Lo sé, y lo siento. Entiende, Leanne, los celos me estaban matando.
— ¿Celos? ¿Celos de qué? Mira, Steve, tal vez te has tomado muy enserio lo del compromiso, pero sea lo que sea, te aclaro que tú y yo solo éramos amigos.
—Pero tú me besaste.
—No. Tú me besaste.
—Da igual, porque no me detuviste.
Leah resopló, irritada.
—Venga, Steven, será mejor que dejemos las cosas así.
—Quieres dejarlo así porque sabes que tengo razón, ¿verdad? Vamos, Leah, no está mal que estés interesada en mí, solo dilo. A decir verdad, siempre lo supe.
— ¡Deja de ser tan egocéntrico, por Dios! —exclamó Leanne, molesta—. Siento decepcionarte, Steven, pero no. Nunca estuve interesada por ti. Éramos amigos, y como amigo te apreciaba muchísimo, pero tú confundiste las cosas y te volviste sumamente fastidioso —se detuvo para respirar, y le devolvió las flores—. Toma, llévatelas. No las quiero. Ahora será mejor que tú y tus flores desaparezcan de mi vista en este momento porque estoy perdiendo los nervios.
—No puedo creer que me trates de esta forma, Leah. ¿Por qué te empeñas en aferrarte a tu pasado? Porque es por lo que me rechazas, ¿no es así? Aún guardas la esperanza de que ese tal Ian vuelva por ti.
—No toques ese tema, Steven. No sabes ni siquiera de lo que estás hablando.
— ¡Es que estoy seguro de que es eso! Y si no, peor aún, estás saliendo con Dante. ¿A que sí?
— ¿Cuándo te volviste tan imbécil?
—Es que no concibo la idea de que me rechaces así. No puedo creerlo.
—Tu arrogancia me da asco, Steven. Te ruego que desaparezcas de mi vista si no quieres ponerme histérica.
— ¿Y si no me marcho, qué? ¿Gritaras hasta que me exploten los tímpanos?
Leanne lo fulminó con la mirada, y luego soltó un suspiro resignado.
—Está bien, me rindo. Entra —respondió condescendiente, haciéndose a un lado.
Steven la miró extrañado pero no vaciló en entrar a la casa. Caminó hasta el living, dejó las rosas en un florero, y se sentó en el sofá. Luego observó como Leanne tomaba unas llaves, su abrigo, y se encaminaba a la puerta.
— ¡Oye! ¿A dónde demonios vas?
—Puedes quedarte aquí todo el tiempo que desees, Steven, pero no me quedaré yo también a soportar tu presencia —concluyó, desapareciendo tras la puerta.
Steven apretó los puños, y gruñó con rabia al escuchar como su prima se carcajeaba desde la cocina escuchando el pleito.
Sam caminó hasta la sala, y se quedó mirando a Steve desde el umbral de la puerta.
—Date por vencido, Steven. Te advertí desde un principio que Leanne no era la chica ideal para ti.
— ¡Cierra la boca! —gritó él, furioso por la jugada de Leah.
—No tienes que escucharme si no quieres, pero en el fondo eres consciente de que en tu estrategia de conquistarla no contabas con enamorarte de ella.
—No estoy enamorado, Samantha, deja de decir estupideces.
— ¿Ah, no? Pues te comportas como si lo estuvieras. Y déjame decirte que tus escenitas de despecho son patéticas, Steve, déjalo ya.
—No recuerdo haberte pedido opinión al respecto.
—Resulta que estás en mi casa, y puedo decir lo que se me pegue la gana, ¿cómo lo ves?
Él se puso de pie, y caminó hasta la puerta de entrada como alma que lleva el diablo.
—Púdrete, Sam —rugió entre dientes, al tiempo que salía del apartamento pegando un portazo.  
Samantha soltó una estrepitosa carcajada. Amaba hacerlo enojar.
—También te quiero, Steve.
Se extendió en el sofá y cerró los ojos, relajada. Había dormido realmente poco la noche anterior, pero valía la pena por haberla pasado con Andrew. Sonrió feliz. Tal vez al fin había encontrado al hombre de su vida.
Se puso de pie y decidió tomar un largo baño de burbujas. Más tarde se hizo algo de almorzar, y se preguntó interiormente dónde se había metido Leanne.
El sonido del teléfono al sonar rompió el silencio del lugar. Sam resopló, disgustada. Temía que fuera Steven, no tenía ganas de seguir hablando con él, pero la idea de que fuera Andrew la impulsó a ponerse de pie y contestar la llamada después de que sonara durante unos minutos.
— ¿Samantha? —habló una voz perturbadoramente conocida desde el otro lado.
—Así es. ¿Quién habla ahí? —preguntó ella, con curiosidad.
—Sam, soy yo. Ian…
Al escuchar aquello Samantha pudo sentir como su rostro se encendía de rabia.
—Ah, tú. Vete al demonio —gruñó, a punto de cortar.
— ¡No! ¡Por favor, te ruego que no cuelgues!
— ¿Qué rayos quieres, Ian? ¿Seguir atormentando a Leah? No te lo permitiré. No dejaré que te burles de ella —le espetó, sin reparo alguno.
—Oh, Sam, por el amor de Dios, tienes que escucharme.
—Tienes 10 segundos —cedió, de mala gana.
—Escucha, Samantha. Ni siquiera he llamado para que me comuniques con Leanne, solo quiero que le hagas llegar un mensaje de mi parte, nada más.
—Continúa…
—Primero promete que lo harás.
—Venga ya, Ian. No estás en condiciones de exigirme nada. Tú solo habla, y yo evaluaré si contárselo o no  —repuso prepotente.
—Es muy importante para mí, Sam, por favor…
—Bah, que eres insoportable —se quejó, irritada —. Bien, te lo prometo. Ahora dime.
—Dile que necesito verla. Que ya no hay nada con Donna, y que lo sé todo. Estoy arrepentido, y no podré vivir en paz si no hablo con ella pronto. Dile que si está dispuesta a oírme, la esperaré esta tarde a las cinco, a orillas del lago Remembranzas, bajo del roble donde solíamos descansar. Ahí estaré, y la esperaré todo el tiempo que sea necesario. Si no aparece, entenderé que no quiere saber de mí, y no volverá a tener noticias mías nunca más.  Eso es todo.
Samantha no podía creer lo que oía. Tantas cosas abrumaron su cabeza que no sabía si aquello que él le decía era bueno o malo para Leanne.
—Si tanto la necesitas, ¿por qué no vienes por ella? —inquirió inconscientemente.
—No la obligaré a verme si no quiere hacerlo. Solo dejaré que ella decida. Confío en que le harás llegar el recado. Gracias, Sam.
—Lo haré. Adiós —concluyó finalmente, cortando la comunicación.
Se encontraba en shock. Se dejó caer en una silla, mientras meditaba qué sería lo correcto. Una fuerte sensación de dejavú la invadía. Se sentía exactamente igual que cuando Ian había llamado preguntando por el paradero de Leanne. Ahora parecía saberlo todo, porque ni siquiera había titubeado al dar por hecho que Sam tenía contacto con ella.
No entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero algo tenía claro: esta vez sí se lo diría a Leanne.
Volvió a ponerse de pie, tomó el teléfono, y marcó el número del móvil de Leanne. Sonó un par de veces, y ésta atendió.
— ¿Qué sucede, Sam? ¿Steven se ha marchado ya? —se apresuró a deducir.
—No, Leah, no tiene nada que ver con eso. Mira, te diría que vinieras para decírtelo personalmente, pero creo que cuanto antes lo sepas mejor.
—Me asustas cuando hablas tan seria, Sam…
—Mira, cariño, iré al grano. Ian acaba de llamar a casa. Ha dicho que si estás dispuesta a verlo, te esperará esta tarde a las cinco bajo el roble que está a orillas del lago Remembranzas. Dijo que si decidías no ir, lo entendería y no volvería a molestarte.
Escuchó un silencio sepulcral al otro lado de la línea.
— ¿Ian? —fue lo único que llegó a murmurar Leah, ahogada por el nudo creciente de su garganta.
—Siento soltarte esta bomba así como así, Leah, pero tenías que saberlo.
—Está bien, Sam. Has hecho lo correcto. Gracias —respondió, conmocionada, con una voz totalmente ida y ausente.
Leanne cortó la llamada y se quedó unos minutos mirando a la nada. No podía creer lo que había escuchado.
«Esta tarde, a las cinco…» repitió en su fuero interno, aún incapaz de asimilarlo.
¿De verdad estaba preparada para ver a Ian en aquel momento? Ella no olvidaba lo fácil que Ian la había superado. Todavía recordaba con un dolor punzante que Ian no había vacilado en correr a los brazos de su peor enemiga a buscar consuelo. Aquello le dolía profundamente, y no estaba segura de querer perdonarlo.
Miró su reloj de mano. Era consciente de que llegar a Remembranzas le constaría un par de horas, pero aún estaba a tiempo si decidía hacerlo.
Se encontraba tan confusa que no sabía ni siquiera que pensar.
De pronto Dante volvió a su mente, y ese mismo pensamiento fue el que le dio la respuesta que necesitaba. Iría a verlo, le contaría lo de la repentina llamada de Ian y dejaría que el juzgase a su criterio que era lo que tenía que hacer. Confiaba seriamente en lo que Dante le diría, ya que hasta ahora nunca le había fallado, y necesitaba de una opinión centrada y objetiva como la suya.
No perdió más tiempo y emprendió camino hacia Monte Mercuccio.
 Debido al tráfico, demoró más de lo que esperaba. Sabía que el tiempo le jugaba en contra ya que en caso de que decidiera finalmente ir a Remembranzas, tenía que llegar a las cinco allí.
Cerró los ojos por un momento e intentó relajarse. De nada servía agobiarse de antemano. Solo trataría de mantener la mente en blanco y confiar en el juicio que Dante le diera.
Cuando por fin llegó a la mansión, su corazón comenzó a latir desenfrenadamente. Tenía un malestar terrible y no entendía a que se debía aquella sensación. Se convenció de que era todo provocado por su psicosis mental y se dignó a llamar a la puerta. El ama de llaves abrió enseguida, y notó que los ojos de la mujer brillaron en lágrimas apenas la vio.
— ¡Gracias al cielo que has venido, niña! —exclamó, estrechándola en brazos al tiempo que quebraba en llanto.
Leanne no comprendía nada, y su cara de desconcierto total llevó a la mujer a apartarse, secar sus lágrimas, e intentar explicarse.
—Por favor, entra. Hay algo muy serio que tengo que contarte —comenzó, haciéndose a un lado y dejando que Leanne se adentrara a la casa.
Ambas caminaron en silencio hasta la sala. La mujer indicó a Leah que tomara asiento y aguardara allí un momento, al tiempo que desaparecía tras las puertas del despacho de Dante.
Volvió a aparecer tras un par de minutos, con los ojos cristalizados nuevamente, y un papel temblando entre sus manos.
— ¿Usted es la señorita Leanne Winick, no es así? La muchacha que había venido aquí hace unos días buscando al señor Blaird —inquirió, más como una afirmación que como una pregunta, intentando fuertemente reprimir el llanto.
—Así es, soy yo. Y me está asustando, señora. Agradecería profundamente que me explicase que significa todo esto.
El ama de llaves se sentó al lado de Leah y tomó su mano, mirándola a los ojos.
—Verá, señorita Winick, la cuestión es que el señor Blaird no ha vuelto a casa en tres días. La última vez  que lo vimos, él apenas podía hablar y mantenerse en pie. Estaba muchísimo más pálido y delgado, después de haber pasado todo el día anterior encerrado en su habitación —soltó un pequeño sollozo, pero hizo lo posible por contenerse y seguir—. Nos pidió a todos que nos reuniéramos en la sala, y que esperásemos a que bajara. Cuando lo hizo, con ayuda de su chofer, nos saludó a todos con un beso y un abrazó, y nos dio las gracias por haber sido una familia para él. Luego de eso, solicitó que nadie hiciera preguntas y que volviéramos a nuestras actividades de rutina. Nadie se atrevió a desobedecer, aunque todos sabíamos que algo andaba terriblemente mal. Volví a la cocina, y al cabo de media hora el señor requirió mi presencia en su despacho. Fui hasta allí sin vacilar, y él… me entregó este sobre —dijo, mostrándoselo a Leanne, que la observaba perpleja—. Me dijo que confiaba en mí y que por eso me encomendaría esa misión. Me pidió expresamente que si tú volvías por aquí preguntando por él, te diera este sobre de su parte. Pero si no volvías a la mansión nadie podía llamarte y avisarte de lo acontecido, ni mucho menos enviarte la carta por correo, o hacértela llegar por otra persona —la mujer se detuvo por un par de segundos, tragó saliva y continuó—. Supongo que todo esto lo explicará en la carta, o quizás no, pero ahora está en tus manos, tal y como el señor me lo había pedido —se puso de pie y tomó una larga bocanada de aire—. Te dejaré sola. Estaré en la cocina —concluyó la mujer, dejando a Leah sola en medio de la sala, con aquella carta en la mano.
Leanne no podía reaccionar ante lo que había escuchado. No comprendía que era lo que estaba sucediendo realmente. Sus manos temblaban y sudaban, temerosa de lo que pudiera leer cuando abriera aquel sobre.
Cerró los ojos, suspiró, y se llenó de valor para hacerlo. Abrió el sobre, en el que se leía claramente ‘’Leanne Winick’’, y extrajo de él la carta.
Era un papel suave y de textura lisa, saltaba a la vista que no había sido elegido al azar. En él estaba gravado el mensaje, con una letra limpia y clara.

‘’Monte Mercuccio, 3 de junio

  Querida Leanne:
Si estás leyendo esto es porque has ido a buscarme y no me has encontrado. No sé cuánto tiempo habrá pasado ya de mi partida, pero probablemente ya me encuentre muy lejos de casa.
 He estado pensando en este momento desde el día en el que te conocí. Desde aquella noche en la terraza, en la que te vi llorando y supe que cambiarías mi vida.
 Tal vez en este tiempo que hemos vivido juntos has llegado a pensar que soy una persona buena, o posiblemente has creído que soy fuerte por haber soportado todas esas historias de mi vida que hace tan poco te conté. Quizá no sea así, pero en caso de que lo creyeras, déjame decirte que estás equivocada. No soy bueno, ni mucho menos fuerte, solo soy un tonto cobarde y egoísta. ¿Qué por qué digo esto? Te lo explicaré.
Cuando llegué aquí, a Monte Mercuccio, mi vida carecía de sentido. Me fui de Italia intentado escapar de aquellos recuerdos atormentadores que por las noches no me dejaban dormir, pero en el fondo sabía que estaba condenado. No importaba a donde fuera, o en que rincón del mundo intentara esconderme, aquellos demonios del pasado venían siempre por mí y me encontraban, destrozando mi cordura y estabilidad mental.
La noche en la que llegué a esta casa, y te vi, algo cambió dentro de mí. Me encandilaste con esa luz interior y entendí enseguida que había algo especial en ti. Luego hablamos cuando nos encontramos en la terraza, y ese halo de tristeza que había en tus ojos me perturbó profundamente.
Fui muy egoísta, Leah, porque aún siendo consciente de que no podría quedarme por mucho tiempo a tu lado, insistí con verte, una y otra vez, hasta lograr que te encariñaras conmigo.
 Aquel día en el que fui a tu casa, y más tarde me contaste toda la historia de Ian y lo que había sucedido, sin darte cuenta me diste un motivo para vivir. Desde ese maldito momento en el que te abracé y lloraste en mi hombro, soportando aquel sufrimiento terrible, supe que no descansaría en paz hasta quitarte de encima esa carga. Te lo prometí, y aunque no me creíste, puedo decir con orgullo que lo logré.
Ayer, he mandado a prisión a Donna, la vil autora de todos los pesares de tu vida.
Me extendería demasiado si te contara con detalles la razón por las cuales ella está ahora tras las rejas, pero en resumidas cuentas te diré que yo conocí a Donna hace muchísimos años. Ella también me causo mucho dolor, empujando al suicidio a mi mejor amigo, y después de tantos años volví para hacer justicia por todos aquellos que hemos sufrido por su causa.
Seguro ahora Ian está esperando por ti, si es que ya no se han encontrado de nuevo. Él podrá contarte todo con más detalles, y de seguro lo comprenderás.
 Estoy casi seguro de que no esperabas mi partida. Y sabes, no suelo llorar desde hace muchos años, pero créeme que he lagrimeado al escribirte esto. Rayos, está siendo más difícil de lo que esperé.
Solo queda disculparme, Leah. Te pido perdón desde lo más profundo de mi corazón por no haber podido decirte todo esto en la cara. Y es que me he despedido de tanta gente a lo largo de mi vida, de tantos seres queridos que he perdido para siempre, que no sería lo suficientemente fuerte como para soportar despedirme de ti también, y ver tus lágrimas, y causarte dolor, y escucharte pedirme que no me vaya, porque simplemente no puedo quedarme. Lo siento, solo soy un cobarde.
Discúlpame por no tener el valor necesario para decirte la verdad. Por no haber tenido el coraje de confesarte que estoy enfermo hace mucho y no me queda demasiado tiempo de vida.
Elegí venir a esta ciudad para morirme lejos de todo aquello que me había destruido, y apareciste tú, y cambiaste por completo el rumbo de las cosas. Dejé de estar tan vacío y comencé a sentir que en realidad no quería morir. Me volviste a la vida, me diste un motivo por el cual luchar, y levantarme cada día. Verte me hacía feliz y fui tan egoísta al aferrarme a esa alegría, que ni siquiera pensé en el daño que te haría cuando tuviera que alejarme. Entenderé si me odias, Leanne, no merezco menos que eso. En este momento me odio a mi mismo si tu corazón está sufriendo por mi culpa, mas me voy satisfecho por tener la certeza de que al fin podrás volver a los brazos de Ian, como has anhelado todo este tiempo.
Fuiste el milagro más grande de mi existencia, Leanne Winick, y jamás dejaré de agradecerte eso. Y ruego a Dios encontrarte en otra vida, porque eres la clase de chica de la que me hubiera gustado estar enamorado.
 Si has leído esta carta demasiado pronto y hace poco me he marchado, te pido por favor que no me busques. No deseo que me veas en este estado en el que casi no tengo fuerzas para sostener este lápiz con el que te escribo, y no soportaría verte sufrir una vez más.
 Jamás olvides que me fui de aquí feliz de haber cumplido mi palabra, tan feliz como espero que tú también lo seas, al lado de Ian y de todas esas personas que tanto te aman y te cuidan.
Hasta siempre y nunca, Leah.
Te quiere eternamente, Dante.’’

14 comentarios:

Sandy dijo...

No sabes todo lo que he llorado leyendo esto. ¡Dante no se puede ir! D: :'( Buff que me pongo sentimental :'( Enserio me he puesto a llorar con la carta porque es tan aldlajdlkjalskd que me ha llegado al corazón. Espero que Leah encuentre a Dante y... ¿cómo que muere? D: IMPOSIBLE TT No te agobio con mis paranoias ... muchos besos guapa síguela^^

Dont Go away dijo...

Oh Fuck, mis ojos quedaron medios cristalizados y eso que no lloro por nada e? :___ Ohhh Dante :( Dios justo él? :___

Bueno no se, Steve un idiota y ahora mi preguntaaaaaaa, Va a ver a Ian?, POR FAVOR SI, así Dante no se fue en vano :B

Necesito leer mas, siento como que muero de ansias jajajaja, es demasiado genial tu novela, que Dante no mueraaaa! jajajaj

Bueno comento super rápido, perdón por el comentario corto, pero paso a la velocidad de la luz (? jajaaja Besos preciosa y cada vez mejor tu novela, ni lo dudes :)

deвora ♥ dijo...

MEEE ENCANTAA! Si te soy sincera he llorado con la carta, que pena que le pase eso a Dante :S Bueno publica pronto :) Un besazo :D

Luna Violeta dijo...

Te odio TT_TT ¡¿Por qué?! Me has dejado muy mal con todo este capitulo! ¡No, Dante no! Justo él... -.- De antemano te digo que no me gusta para nada esto. *es mi personaje favorito, T_T* Y en cuanto a Steve.. bueno es un idiota. ¡Pobre Sam! Más vale que ese Andrew halla cambiado, no se merece permanecer con alguien tan ruin.
Me sigo negando rotundamente que dante muera... *entra en negacion total*
Espero con ansias (muchas) el proximo capitulo.
Un beso (^^)/

Lannii holls dijo...

Que lindo capitulo me encanto, ya quiero el encuentro entre Ian y Leanny...

Chaito

sunshine dijo...

awww ahora si me hiciste llorar jeje yo sabia que algo le pasaba a Dante pero noo que no muera D:
demasiado linda la carta como tan sniff :`(
y definitivamente falta que leanne vuelva a ver a ian sueño con nese reencuentro !!

saludos :)

Simple Life dijo...

Holaaa, aqui estoy:)
me gusta mucho tu historia tembie, y me a encantado la frase de que la vida solo tiene sentido si se ayuda a los demas de manera desinteresada, qe razon lleva!
bueno, te sigo, un beso!

marymaria dijo...

Hola Lucía.

Por fin se confirman mis sospechas!!! no quiero pecar de presuntuosa, pero realmente estaba casi segura de que Dante estaba enfermo. Me hubiese gustado que se quedara con Leah!!! si ya sé, el principal es Ian, pero a mi juicio, le hubiera dado un vuelco tremendo y maravilloso a la historia.

Espero el desenlace, y la siguiente novela que espero nos brindes. Un abrazo.

Nancy ✝ dijo...

¿DANTE? NOOOO. Es increíble la manea en que escribes, y que hagas capítulos tan lagos y hermosos.
Yo también escribo novelas y se lo difícil que es.
Te admiro, un beso enorme!

Milagritos † dijo...

Te juro y re juro que llore,me quiero morir,literalmente.Es que Dante..fue tan bueno y tuvo que salir siempre adelante,solo.
Se muere,se murió,no lo se.Pero sigue siendo igual de terrible.
Esta mas que decir que muero por el proximo.Que andes genial!

Gig! K'rrera dijo...

Hey¡¡ Premio para ti en mi blog¡¡ Pasate

Joanice Begazo dijo...

Acabo de encontrar tu blog, así q te imaginaras que he estado leyendo todo el día x que simplemente no podía dejar de leerlo, no había encontrado una historia tan conmovedora como la que acabo de leer, una historia que me llegara tanto el alma e hiciera que me libere de todos los sentimientos que entraron en mi.... no he llorado, he derramado un mar de lágrimas
Me encanta como escribes y lo q escribes
XOXO

Lau R dijo...

Linda!... Sabes, amo leer, y afortunadamente está mañana encontré tu blog... y adivina que? Si! llevó todo el día leyendo, no podía parar... es una historia profunda, conmovedora, realista, romántica pero no demasiado (No me gusta mucho lo excesivamente romántico y cursi), increíble y simplemente Perfecta!... Esas palabras que plasmaste en el blog, llenaron mi alma, lograste sumergirme en la historia y llegar a mi corazón, y eso solo lo logran los excelentes escritores!... Es una trama, una redacción y un sentido único, original y maravilloso... Amé cada momento, cada palabra, cada párrafo en la historia... Pero si te soy sincera, me gusta mucho más Dante que Ian... después de todo fue Dante quien la sacó de la depresión en la que Ian la dejó... Amo a Dante, tiene ese toque misterioso, desconocido y arriesgado que me encanta... Lloré (Y no suelo llorar) cuando leí su carta, es decir, recordé la primera vez que salieron, cada palabra, cada gesto, cada momento, y me dio mucha nostalgia pensar que después de todo lo que hizo por Leah, finalmente esté así de enfermo... y que no permita que Leah lo apoye en su debilidad, después de todo lo que él la apoyo... No quiero que Dante muera, y aunque sé que eso le daría un toque realista a la historia, quiero que el se recupere... no se, Ian también es encantador... Pero es que Dante es perfecto!... Como sea, en tus manos está la continuación de esta historia, y confío plenamente en que será maravillosa... se que sea lo que sea que escribas, va a ser mucho mejor de lo que yo pueda si quiera imaginar, así que solo resta pedirte... que por favor publiques pronto, moriré de la impaciencia de no saber lo que vendrá, de no saber el porvenir, de no saber lo que le espera a nuestros personajes...

Besos!
Lau

Tati Neyra dijo...

oww me encanto tu blog
te sigo :3
Ojala te pases al mio
http://desdemimenteentrelineas.blogspot.com/ ohttp://elblogsitokawaiidetati.blogspot.com/ cdtm te espero, saludos.