jueves, 4 de octubre de 2012

Traicionado - Capitulo 29.

Ville Navarra, 2 de junio

 Caminaba de un lado a otro del pasillo, frente a la puerta de la habitación de invitados. La preocupación e incertidumbre lo estaban carcomiendo por dentro.
Recordó nuevamente la pequeña discusión que había tenido con Donna el día anterior, cuando ésta había llegado llorando y sumamente alterada a la casa. La había encontrado en una crisis de nervios e ira que nunca imaginó de ella, que solo se dedicaba a romper y tirar al suelo todo lo que podía, gritando y maldiciendo histéricamente a todo pulmón.
Ian había intentado detenerla, mientras le hacía una pregunta tras otra, intentando averiguar que le sucedía. Pero ella hacía caso omiso. Él, harto de sus insolencias, la tomó fuertemente por los hombros y la obligó a tranquilizarse, pero Donna se zafó del agarre como una fiera, y comenzó a gritarle que se fuera de la casa, que no lo quería volver a ver nunca más.
 Ian intentó no perder los nervios, pero ella se rehusaba a abandonar su actitud delirante y enardecida. Finalmente, subió las escaleras como alma que lleva el diablo y se encerró en la habitación de invitados, de donde no había vuelto a salir.
No comprendía que había sucedido, pero sabía que no era nada bueno. Temía por la salud psíquica de Donna, y el miedo a que hiciera algo irracional o atentara contra su propia vida lo aterraba profundamente.
Dio un largo suspiró y se dejó caer, rendido, en un diván que se encontraba en el pasillo. El agotamiento mental al que Donna lo había empujado en los últimos días era increíble. Estaba estresado, necesitaba un respiro. Pero sabía que no podía quejarse. Él había aceptado el compromiso con Donna, y aunque le costara el alma estaría con ella hasta las últimas consecuencias. Era lo mínimo que le debía después de todo lo que había hecho por él.
 Se mantuvo allí durante un largo rato, esperando a que Donna recapacitara y abandonara la habitación, pero eso no sucedía y él comenzaba a impacientarse.
Se puso de pie, estaba decidido a tirar la puerta abajo si era necesario, pero cuando se dignó a hacerlo, una de las empleadas de la casa apareció de repente, visiblemente agitada.
—Señor, buscan a la señora Donna —farfulló, retorciéndose las manos.
— ¿Quién es? Ella no puede atenderlos ahora.
—Entonces será mejor que baje usted —advirtió, con ojos temerosos.
 Ian tomó una bocanada de aire y caminó hasta las escaleras arrastrando los pies. Al llegar al piso inferior, la situación lo dejó perplejo. Cinco hombres aguardaban en medio del vestíbulo, cuatro de ellos estaban uniformados de policía, y a medida que avanzaba se percató de que el quinto era Dante.
—Buenas tardes, caballeros… —saludó Ian, inseguro, mientras su mirada confundida iba de un rostro a otro.
—No tan buenas, Ian…—repuso Dante, mirándolo de forma compasiva.
— ¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó, con un tono más severo que el anterior.
—Usted debe de ser el señor Higgins, ¿no es así? —inquirió uno de los oficiales.
—Sí, así es. Y exijo saber qué rayos está pasando.
—Tenemos una orden de captura contra la señorita Donna Covarenni Sans —declaró otro de los oficiales, extendiendo frente a Ian el papel de detención —. Por tanto, procederemos a arrestarla.
 La vista de Ian comenzó a oscurecerse. Aquello no podía ser cierto. ¿Donna, arrestada?
Tal vez todo lo que ella le había contado era cierto después de todo. Quizá aquello solo era consecuencia de no querer aceptar los chantajes de Dante, y por eso la detenían.
Pero si eso era así, entonces… ¿también Leanne había participado en aquella confabulación?
No, de ninguna manera. Eso no podía estar pasando.
—No se llevaran a Donna —rugió Ian, de forma casi inconsciente.
—No puede oponerse a ello, señor Higgins. Si se niegan a cooperar, tendremos que sacarla a la fuerza.
— ¡No se llevaran a Donna! —repitió, fuera de sí, empujando con fuerza al agente de policía.
—No me obligue a detenerlo a usted también, ¡esto es desacato a la justicia! —exclamó el hombre, irritado.
—Oficial, no será necesario —intervino Dante, intentando calmar las aguas—. Tenga un poco de comprensión y sepa entender el estado de nervios de Ian.
El policía resopló, malhumorado, pero decidió omitir el pequeño altercado.
—Procedan —ordenó a los demás oficiales, y los cuatro hombres se adentraron más a la casa.
Ian hizo un violento amague de detenerlos, pero Dante lo contuvo, sosteniéndolo por los hombros.
—Ian, tu actitud solo está empeorando las cosas. Sé que ahora no entiendes nada, pero cuando este episodio pase lo comprenderás. Te lo prometo.
Cegado por la ira y la confusión, Ian se soltó del agarre y le atinó un puñetazo a Dante en el rostro.
—Te estás burlando de mí, ¿no es así? Me dijiste que habías venido a ayudarme, pero no era cierto, ¿verdad? Tú y Leah solo se estaban riendo de mí todo este tiempo, y se han aliado para arruinar mi vida.
Dante llevó la mano a la boca, donde había sido golpeado, y miró sus dedos llenos de sangre.
—Eso es mentira, por Dios. No sé qué es lo que Donna te ha metido en la cabeza, pero nada de eso es cierto. Solo te está manipulando, Ian, date cuenta.
Éste lo ignoró, y se encaminó a las escaleras, por donde habían ido los policías. Dante intentó detenerlo, poniendo una mano en su pecho.
—Ian…
—Apártate de mi camino —ordenó, con ojos centellantes, y subió las escaleras rápidamente.
Dante fue detrás de él, y cuando ambos llegaron al pasillo lateral del piso superior, observaron como los oficiales sacaban a Donna esposada de la habitación.
Ian nunca la había visto tan decadente y desalineada. La mujer pataleaba y gritaba a toda voz, histérica, víctima de una cólera incontrolable, mientras dos de los oficiales hacían lo posible por controlarla.
Levantó la mirada y sus ojos se encontraron de frente con los de su prometido.
—Tú, eres un maldito traidor —acusó a Ian, con un odio ferviente—. Después de todo elegiste a Leanne, ¿verdad? ¡Eres una basura! ¡No puedes permitir que me hagan esto! —chilló.
—No, Donna, yo solo…
— ¿Porqué no aprovechas para contarle a Ian todo lo que has hecho, Donna? —Interrumpió Dante—. ¿Por qué no le cuentas que fuiste tú la culpable de que Leah abandonara Remembranzas? ¿Por qué no confiesas que la chantajeaste, así como después chantajeaste a Claire, escribiendo esa carta falsa para que Ian se apartara de ella?
— ¡Cierra la maldita boca, Dante!
—Vamos, Donna, ¿qué pasa? ¿No eres tan valiente para confesar las atrocidades que has hecho? ¿Acaso Ian no sabe que fuiste la causante de que tus padres fallecieran, sólo por quedarte con su fortuna? Venga, dile como hiciste para empujar a Chris al suicidio después de usarlo. Cuéntale que humillaste a Leanne, y te aprovechaste de su bondad para hacerla creer que todas las desgracias de Ian eran su culpa. Quiero escucharte, vamos. Cuéntale, maldita perra.
— ¿Todo eso es cierto, Donna? —inquirió Ian, con los ojos dilatados, sin poder salir de su estado de estupefacción.
Ella quebró en un llanto incontrolable que la ahogaba.
—Solo quería que me amaras, Ian —gimoteó, con un hilo de voz—. Todo lo he hecho por amor, perdóname.
Ian, con la mirada ausente, se acercó más a ella hasta que sus rostros quedaron totalmente enfrentados.
— ¿Todo eso es cierto? —repitió, con voz gélida.
— ¡Perdóname, Ian! ¡Te amo! Solo quería lo mejor para ti.
Las lágrimas acudieron rápidamente a los ojos de él. No quería creer lo que oía. Quería despertar de aquella pesadilla
—Siempre estuve enamorada de ti —continuó—. Era consciente de que con Leah nunca llegarías a nada, ni tendrías todo lo que te mereces. Solo quise darte una vida mejor, mi amor. Lo siento, perdóname —rogó, con voz lastimera.
—No quiero tu amor, bastarda —rugió, luchando por retener las lágrimas en sus ojos—. Prefiero quemarme en el mismo infierno antes de amarte a ti.
—Eso es lo que nunca soporté de ti, Ian. Eres un maldito desagradecido. Tu madre es una puta loca, y tus hermanos estaban muriendo de hambre. Después del suicidio de tu padre nunca pudiste volver a encaminar tu vida,  y lo sabes. Cargabas a rastras con una familia que en el fondo no soportabas, y perdías tus días trabajando en una asquerosa tienda por un sueldo que no te daba ni para caramelos. A su vez, tenías tu romance barato con una ramera mediocre como Leah, y te limitabas a soñar que algún día, mágicamente, saldrían de esa desgracia. Yo te saqué de ese pozo, Ian, y deberías agradecérmelo con tu vida. Has usado y abusado de mi dinero, ¿y ahora así me tratas? Eres muy poco hombre, Ian, me decepcionas profundamente.
—Sí, mi vida nunca fue la mejor. Disculpa, princesa, no todos nacemos en una cuna de oro como tú. Es cierto que en mi familia había altibajos, pero no te permitiré que digas que no los soporto, porque los amo a pesar de todo, y eso nunca cambiará. No esperaré que lo entiendas, Donna, tú no sabes lo que es amar, tú no sabes lo que es una familia. No conoces el valor de trabajar, sudar y esforzarte por salir adelante. No sabes, ni nunca sabrás, lo que es dar todo de ti por alguien importante. No entiendes que significa tener amigos, y personas en las quienes confiar, y recargarte cuando estás dolido.
»Leah no es ninguna mediocre, y mucho menos una ramera, y lo nuestro no era un romance barato. Nosotros nos amábamos. Sí, teníamos una vida difícil, pero ¿sabes qué? Éramos felices. Y ahora tengo la certeza de que tú nunca, jamás en la puta vida sabrás lo que eso significa.
El gesto de Donna había cambiado por completo. Había abandonado el lugar de victima que se había esforzado en actuar hasta ahora, y mantenía el ceño fruncido, con una mirada sombría y perturbadora.
—Oh, Ian, me has llegado al corazón. Si no estuviera esposada, creo que hasta te aplaudiría —contestó, sarcástica—. Muy bien, habéis ganado, pero no puedo evitar reírme al escucharte alardear de esa felicidad que dices haber tenido. No puedo no reírme al oírte hablar de esos amigos, cuando Andrew, tu mejor amigo, me contaba absolutamente todo lo que hablaban, y se acostaba conmigo sabiendo que yo era tu prometida. No puedes hablar de amigos, teniendo una amiga como Claire, que conociendo lo que había sucedido realmente con Leanne, y sabiendo dónde se encontraba, te lo ocultó todo este tiempo sin decirte una palabra.
»Ahora, dime una última cosa, Ian… ¿sigue siendo felicidad cuando todo lo bueno de tu vida es una mentira?
—Eso no puede ser cierto… —susurró Ian, incrédulo, con un nudo en la garganta y los ojos cristalizados.
— ¿De qué te sorprendes, Ian? Drew siempre fue un envidioso que vivió a tu sombra toda su vida. Estaba enamorado locamente de Claire, pero claro, ella solo tenía ojos para ti. No podía odiarte más, y aproveché eso a mi favor, por supuesto. Me acostaba con él para que pudiera vengarse de ti, y a cambio él te llenaba la cabeza de papelitos para que olvidaras de una vez por todas a Leah. Ambos ganábamos, era perfecto.
»Claro que con Claire fue más difícil. Me molestaba que ella estuviera detrás de ti. A decir verdad, me ponía enferma de los celos. Y no solo eso, sino que también nos escuchó hablando a mí y a Drew de lo que había sucedido con Leanne, y se enteró de todo. Yo tenía muy claro cuánto te adoraba esa chica, pero también era consciente de que bajo ningún concepto te confesaría cual era el paradero de Leanne, para que fueras corriendo a buscarla. En eso tuve razón, pero al pasar un tiempo se volvió fastidiosa. Decía que no soportaba ocultarte más aquel secreto, y decidió que te lo diría. Obviamente no iba a permitir que eso sucediera, entonces fue cuando escribí aquella supuesta carta que te hice llegar, en la que ella se dirigía a Leah, y le contaba de una supuesta aventura que tú y ella tenían a escondidas. Por suerte la recibiste a tiempo, y me creíste a mí. Admiro la confianza ciega que me tenías, ya que ni siquiera quisiste escucharla. Eres algo terco y temperamental Ian, pero eres leal como un perro, eso siempre me encantó de ti.
Ian se mantuvo estático en su lugar. No creía lo que estaba escuchando. Acababa de entender que había sido traicionado por todos en quienes había confiado hasta su vida, pero se negaba a asumir que aquello fuera cierto.
—Tal vez, y después de todo, de verdad Leanne era la única persona que te amaba realmente —continuó Donna, con voz filosa—. Pero no supiste verlo, Ian. Elegiste el camino fácil, e hiciste a un lado aquella historia en vez de ir corriendo tras ella a buscarla. ¿Y cómo le has agradecido su fidelidad? Olvidándola, y comprometiéndote con una chica que prácticamente no conocías. Bravo, Ian, no esperé menos de ti. En el fondo siempre lo supe, tú y yo somos iguales.
— ¡No vuelvas a decir eso, maldita! ¡Jamás seré tan vil y despreciable como tú!
— ¿Qué tan seguro estás de ello? Míranos, Ian, los dos estamos solos. Nadie daría un centavo por nosotros. Y es que en última instancia, las acciones de tu vida te condenan para siempre.
Ian se llevó la mano al pecho, desgarrado, rendido. Sentía que el mundo de pronto se estaba derrumbando encima de su espalda.
—No imaginas cuanto te odio, Donna…—masculló entre dientes, con un desprecio que ardía.
—Está bien que lo hagas, Ian. Eso no me lastima. Me conformo con saber que nunca en tu puta vida olvidarás mi nombre. No imaginas cuan feliz me hace esa certeza —concluyó, sonriendo cínicamente.
—Eso ha sido suficiente, Covarenni. Ya, llévensela —ordenó uno de los oficiales a quienes la tenían sujeta.
Esta vez Donna no forcejeó, ni se negó a cooperar. Se alejó tranquilamente, con una sonrisa de triunfo pintada en la cara.
 Una vez los policías abandonaron la casa, Ian comenzó a sollozar por lo bajo, cubriéndose el rostro con ambas manos.
Dante aún permanecía a su lado, con el rostro acongojado por la escena que acababa de presenciar.
Apoyó con firmeza una mano en el hombro de él, a modo de consuelo, y soltó un suspiro.
—Tranquilo, Ian. Todo ha terminado.

10 comentarios:

Gig! K'rrera dijo...

ME FASCINO¡¡ No sabes cuanto queria que llegara este capitulo¡¡ ya venia siendo hora de que Leanne e Ian fueran felices¡ AWWW espero que sigas publicando¡¡
Besos¡¡

marymaria dijo...

Blogger me esta jugando una mala pasada!! borro mi comentario anterior =S

Pero no importa. Estoy esperando la siguiente historia! por que vas a publicar otra, no?

Esa Donna malvada. Pero ya tendrá lo que merece. Y que bueno que ya se aclaro todo. Un abrazo.

Dont Go away dijo...

Wow y reeee wow, ES DEMASIADO GENIAL!, ame este cap, sobre todo porque al fin, al fin Ian sabe toda la verdad y por boca de Donna :B
¿Ahora? me queda la duda de...¿Qué va a hacer con Claire, con Drew y sobre todo con Leah?...Diossss!

Y Dante, pobresito le pego :_ jajajaja Me encanta demasiado jajaja

Wow, en verdad me quede fascinada con el cap...No me esperaba eso del mejor amigo de Ian, ahora se porque la descripción decía que envidiaba a Ian xD jajajaja
Bueno nada, quiero leer masssssss, tu novela sin dudas es una de las que mas me gusta :B Sos excelente como escritora te felicito :)

Luna Violeta dijo...

¡Oh por dios! *grita de los nervios* ¡No puedes haber cortado alli el capitulo! D: ¡Era hora, joder! ¡Pudrete en el infierno Donna! ¿y Drew tambien? Pues a mi nunca me ha gustado, y Clarie, lo siento pero creo que le faltaban un par de neuronas. Lo unico en lo que me quejo es en el golpe a mi (querido) Dante ¡Mendigo Ian, que encima que le salvan las papas del fuego, le da una paliza a dante! -.- Si estaba más ciego que un muercielago... y en la confesion de donna debo de reconocer que tiene razon, se olvido en un parpadeo de Leanne.
Ahhh! stoy super ansiosa por leer (el ultimo) el proximo capitulo!
Un beso enorme (^^)/
P/D Me he reido a más no poder con tu comentario ¡lo siento por lo del trueno! >.< Espero que no te haya dejado sorda XD

Lannii holls dijo...

Awwwww Me encanto Este capitulo por fin Ian se entero de todo y esa Donna va pagar por mala wiii que alegria,ya quiero leer el encuentro de Ian y Leah me muero por ver el siguiente capitulo...

publica pronto :)

Marie C. dijo...

Creo que desde que Dante aparecio y se entero de lo de Donna he esperado este momento. No no, desde que Leah hablo con Donna y ella tuvo que marcharse, ¡No! he esperado esto incluso ANTES de que a ti se te ocurriera escribir una historia, si, desde ahi, justo alli es que yo he esperado esto. Y JODER. Que fue maravilloso. Encantador, si cariño, este capitulo es encantador. Incluso cuando Ian con su terquedad golpeo a Dante, con una desquiciada Donna pidiéndole disculpas y luego su revoltosa mente sacandole en cara todas aquellas cosas. Encantador.
ES QUE LA AMO. Amo la forma en que le escupio todo en cara a Ian, y luego saliendo alli con esa maldita sonrisa de: Si baby, todo salio como quería. Soy la maldita reina del lugar. Ella, incluso cuando esta en la perdición, es sorprendente. Esto fue incluso mas de lo que esperaba.
Pero ahora lo interesante sera ver que tal Leah con Ian. Porque me imagino que finalmente ira tras ella no? A ver si lo perdona tan facil.
Maniática psicodelica y manipuladora Donna, donde llegaste a terminar. Me encanta :3
Besos guapa!

glo.. dijo...

Hola, gracias por tu comentario en mi blog, de verdad que me gusto, y si, nuestras hermanas son felices hay que aceptarlo! Je! Besos y cuando tenga tiempo me leo todo!

Cammila Wickedness dijo...

Holiss!!!
Joo gracias por seguirme *-* En serio espero que te guste mi nove y yo ya me pondré al tanto de la tuya, aun no te sigo porque estoy desde mi teléfono pero te prometo que apenas me conecte te seguiré :)
Bue... era eso xP Me encantó el diseño del blog :3 nos leemos bye c:

Cämila dijo...

Que novelita! Esta genial, ame el personaje de Donna! La menera en que le dijo todo a Ian fue genial e.e jajajaja. Te mando un beso enorme y te sigo <3 no me puedo perder esta novela!

sunshine dijo...

:OOOOOOO dios !! ameee el cap! al fin estoy al dia!! :D
donna al fin dijo todo pero cruel hasta el ultimo segundo pobre ian! :S
pero al menos ya sabe todo, no me imaginaba lo de su amigo que mal , pobre ian toda su vida fue un engaño pero ahora tiene q buscar a leah tienen q estar juntos!!!
muero por leer eso
saludos !!