lunes, 19 de noviembre de 2012

Agonía - Capitulo 32.

Vercega, 6 de junio


 La blancura de todo lo que lo rodeaba en conjunto con aquellos focos, que sin piedad pendían sobre su cabeza y a lo largo del techo de la habitación, estaban quemando sus ojos.
Él hacía lo imposible por mantenerse alerta, invertía todas sus fuerzas en ello, pero había una especie de fuerza oscura que lo invitaba a rendirse y sucumbir ante aquel letargo que lo abrumaba. De repente, en las lamparillas de luz incandescente que tenía sobre sí, comenzó a ver los ojos de la bestia que estaba acabando con su vida. Como demonios, ardientes, implacables, se abrían de par en par frente a él los ojos sombríos de la muerte que le aguardaba. Aquella mirada blanca, intensa, que dolía, lo llamaba a dejarse ir y a bailar en el limbo el vals de los No vivos. De pronto aquella idea lo cautivó por un momento. Estaba tan cansado… Aquel cuerpo que durante veinticinco miserables años había sido el mausoleo de su alma rota hacía tiempo había comenzado a agrietarse. Tenía los músculos entumecidos, le dolía incluso respirar y su mente comenzaba a balancearse peligrosamente en los riscos más altos y letales de la locura. 
 Su respiración lenta, débil y apenas audible comenzaba a agitarse. Un manto de sombras comenzó a ceñirse sobre aquella blancura inminente que lo ocupaba todo. Los parpados comenzaban a pesarle terriblemente y un dolor agónico y punzante comenzó a clavarse en su pecho como un hacha que lo abría lentamente, de arriba abajo. Quiso gritar, no soportaba aquello, más la voz no quiso subir por su garganta. Por primera vez en tantos años sintió la verdadera necesitad de quebrarse en llanto, pero no conseguía que su cuerpo respondiera.
 El pánico iba apropiándose de lo poco que quedaba de su ser. Sentía miedo porque sabía que ese era el fin. Después de tanto luchar, después de soportar aquella tortuosa vida a cuestas, derramando lágrimas de sangre y rompiéndose las uñas arañando las paredes para poder mantenerse en pie, finalmente estaba acabando. Aquel suplicio terminaba para siempre, y Dante comenzaba a preguntarse si de verdad había valido la pena levantarse después de cada caída durante tantos años, a un precio terrible, para terminar su vida en aquella terrible soledad, despojado de todas las personas a quienes había querido y bajo la mirada burlona de sus demonios, que venían a mofarse cruelmente de su agonía.
Se preguntó interiormente si ese sentimiento de vacío y despojo era lo mismo que habían experimentado sus padres en sus horas finales. Porque cuando ya estabas tan abajo, tan hundido en el pozo, el dolor físico pasaba a segundo plano. Cuando finalmente estabas muriendo, el cuerpo simplemente empieza a desvanecer, mientras el alma, enloquecida, rebota contra todas las paredes de tu mente, choca, explota, deja que sus llamas de memoria quemen tu cabeza como en una hoguera.
Su visión comenzó a nublarse gradualmente. Todas las formas que podía reconocer a su alrededor se volvían oscuras sombras amenazantes que se ondulaban con violencia y se acercaban vertiginosamente, soltándole su aliento de muerte en el rostro.
Aunque ya no podía distinguirlo, sabía que alguien acababa de entrar en la habitación. Se esforzó de forma sobre humana para disipar la neblina demente que alteraba su realidad, y descubrir de quien se trataba pero no lo consiguió. Solo sentía aquella presencia negativa más y más cerca cada vez.
De pronto, un rostro se materializó frente a él. Su madre estaba allí, y lo observaba con sus furiosos ojos inyectados en sangre. Al reconocerla, un miedo terrible comenzó a brotarle desde lo más profundo de su ser.
La mujer se veía igual a como él la recordaba. Su rostro bello, su cabello dorado como el oro, sus ojos cristalinos llenos de una ira irracional. Era ella, estaba seguro, tan seguro como de lo que pasaría a continuación. Había venido a buscarlo.
Repentinamente, aquella cara comenzó a cambiar. La deslumbrante dama que hasta hacía segundos había estado frente a sus ojos se transformó en una cosa amorfa. Su piel se retorcía y se arrugaba, como derretida, deformándole el rostro. La sangre corría por su semblante y horribles heridas comenzaban a abrirse en él. Se veía como un personaje sacado de alguna morbosa película de terror…Se veía exactamente como una persona que había sido calcinada viva.
Ecos aterradores comenzaban a atormentarlo. Gritos desesperados, agonizantes, retumbaban en su cabeza como si se tratase del mismo infierno.
—Oh, Dan…me has decepcionado —anunció con voz mecánica aquella cosa que pretendía ser una persona—. Siempre me has decepcionado, pero esta vez no tendré compasión contigo. Y que tu padre se apiade de ti, si es tan valiente.
Y comenzó a golpearlo.
Sentía el impacto de alguna clase de objeto golpear contra su pecho una y otra vez. El dolor era terrible, pero el miedo era más fuerte. De nuevo, volvió a ser aquel niño de siete años, acobardado, resignado, siendo abatido por el odio inhumano de una madre que lo detestaba.
Los golpes no cesaban y sus fuerzas comenzaban a flaquear. No sabía cuánto tiempo lo soportaría. Estaba matándolo.
Fijó su vista firmemente en los ojos de su atacante. La rabia de su madre se descargaba una y otra vez contra su cuerpo magullado, y parecía sonreír mientras lo hacía.
Eso lo hizo sentirse un poco mejor. Muchos años antes de que muriera, su madre había dejado de sonreír, mas hoy parecía feliz. Aterradoramente feliz.
De repente, con horror, descubrió que aquella persona no era su madre. Era Donna quien lo golpeaba y arremetía contra él. Y no sólo era Donna, también era su padre, y eran todas las personas que lo habían herido o abandonado. Y volvían a lastimarlo sin piedad ahora.
Quiso gritarles que se largaran, que dejaran de torturarle. Deseó con todas sus fuerzas poder decirles que había tenido suficiente. Quería llorar, prefería morir de una vez por todas a seguir soportando aquello. A revivir con una claridad aterradora a todos los fantasmas de su mente.
Y como si fuera un milagro, algo sucedió. Entre aquel bullicio de terror que lo aturdía, sonó una voz dulce y familiar. Una voz que había anhelado más que nada volver a oír alguna vez, y ahora se presentaba, cada vez más cerca, aunque no entendía sus palabras.
En la esquina de la habitación, más allá de la oscuridad y las sombras tenebrosas, una figura conocida y luminosa se acercaba a él con lentitud, disipando a su paso toda la penumbra que lo rodeaba.
Chris caminó hasta el borde de la camilla en la que Dante se encontraba, y con una sonrisa en su rostro, le tendió una mano.
— ¿Estás preparado para venir conmigo, Dan? —preguntó, sin dejar de mirarle.
Dante sabía lo que aquello significaba, pero en un impulso ciego por deshacerse de aquel sufrimiento y del sopor que lo adormecía, tomó la mano de Chris entre la suya sin vacilar.
Una paz instantánea abrazó su interior. Chris le ayudó a ponerse de pie, y codo con codo se alejaron lentamente de su lecho de muerte.
Pero antes de abandonar aquel sitio, Dante volvió la vista hacia atrás. La escena que encontró a sus espaldas le causó un impacto terrible.
Ahí seguía él, yaciendo inerte en aquella camilla de hospital, rodeado por un grupo de personas que vestían bata blanca y accionaban sobre él con sus rostros parcialmente cubiertos y los ceños fruncidos. Uno de esos hombres, aplicaba sobre su pecho dos manivelas que soltaban descargas eléctricas, haciéndolo estremecer.
— ¡Lo perdemos! —Exclamó alguien—. ¡Lo estamos perdiendo, maldita sea!
Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. Intentó creer que aquel muchacho no era él.
Aquel joven de veinticinco años, de piel mortecina, y delgado hasta los huesos, era declarado clínicamente muerto, pero nadie sabía que él había muerto mucho antes. Su alma había muerto hacía demasiados años, aunque hubiera permanecido respirando.
Sintió una mano cálida recaer en su hombro.
—Ven un momento, Dan, hay algo que quiero enseñarte —declaró Chris.
Dante asintió con la cabeza, y de pronto el entorno que los rodeaba cambió por completo.
Se encontraron en un largo y estrecho pasillo, lleno de ventanales que dejaban admirar la terrible tormenta que tenía lugar aquella noche.  
Había varias personas  sentadas en la extensa hilera de sillas que se enfrentaban a una considerable cantidad de puertas, todas numeradas. Pero una persona en especial atrajo toda su atención.
En el extremo norte del pasillo, había una muchacha de cabello oscuro, cuyo llanto desconsolado retumbaba cruelmente en toda la estancia. Se mantenía con la espalda arqueada y el rostro entre las manos, mientras los violentos sollozos la hacían estremecer.
Dante se vio impulsado a acercarse a ella. Se sentó a su lado, y colocó una mano en su espalda. Quería saber que le sucedía a aquella mujer para manifestar tal agonía.
En cuanto la tocó, la joven se quedó en silencio y levantó la vista repentinamente, confundida.
Él, observando aquellos ojos irritados y el rostro congestionado por el dolor, sintió un vuelco al saber que aquella miserable chica era la mismísima Leanne, y sufría por él.
Por primera vez desde que había ingresado al hospital, Dante sintió que no quería abandonar esa vida. No si hacerlo significaba la desdicha de Leah.
—Lo siento, Chris, creo que no estoy listo para irme de aquí aún —se disculpó, con un hilo de voz, mirando con el alma encogida a aquella aparición de su viejo amigo.
Chris negó con la cabeza y luego la movió indicando el extremo opuesto del pasillo. Dante miró en aquella dirección, justo en el momento en el que un chico aparecía allí.
El joven parecía no saber bien donde se encontraba, ya que miraba hacia todos lados con expresión desencajada, hasta que finalmente pareció encontrar su punto de referencia.
Por un momento Dante creyó que lo observaba a él, pero después entendió que en realidad miraba a Leanne. Ella pasó la vista distraídamente en rededor, y luego la volvió al piso. Un momento después volvió a observar, esta vez con más atención, al muchacho que se dirigía hacia ella. Los ojos se le dilataron y se puso de pie, manteniéndose paralizada en su sitio.
Al cabo de unos segundos, comenzó a correr  y se abalanzó a sus brazos. El chico la sostuvo en el aire, rodeándola fuertemente, correspondiéndole el abrazo.
La imagen empezó a disolverse para Dante, pero lo había comprendido. Los gritos y ruidos tormentosos de antes comenzaban a oírse de nuevo como desde algún lugar lejano, pero no sin antes poder identificar el susurro ahogado de Leanne al salir despedida por el pasillo:
«Ian»

12 comentarios:

Dont Go away dijo...

Al fiiiiiiiin! Holaaaaa :B

Oh Danteeee :_ me agarraste en un momento de mi vida muuuuuuy triste, y leí esto llorando, nunca lo hago, es decir nunca lloro y ahora..Bueno, me hiciste llorar jajaja

Emmm, aunque se fue mi personaje favorito me gusto que deje de sufrir, me hubiera molestado si me lo dejabas sufriendo, pero saber que pudo descansar en paz junto a su amigo me hizo sentir mejor...

Me encanto el cap y me re alegro que hayas vuelto, ahora me dejaste intrigada por como van a seguir las cosas entre Ian y Leanne...

Besos y subí pronto :P

Luna Violeta dijo...

¡Oh por Dios has vuelto! Juro que estaba esperando un nuevo capitulo desde hace casi tres semanas. Si que me has hecho sufrir... y con este capitulo ¡Aun más!
T_T No tienes una idea lo genial y maravillosamente escrito que esta la escena de Dante y sus demonios. Juro que es de las mejores descripciones que he leido en toda mi vida. Me quede con los ojos enormes de sorpresa mientras continuaba y estaba furiosa porque mi querido Dante estaba agonizando. ¡Dios! Haz hecho que me encariñe tanto con este personaje. Y por supuesto, que no me gusta la idea de que muera -.- Aunque me dejaste confundida un tanto con esa oracion final ¿los ruidos que escucha es porque se aleja con Chris hacia donde sea que valla o porque los medicos logran que vuelva? >.< No puedes hacerme más feliz y a la vez triste con el texto.
Sinceramente te luciste con todas las letras en este capitulo.
Espero con muchas ansias el proximo.
Un beso y cuidate! (^^)/

marymaria dijo...

Pobre Dante! me apena que haya sufrido tanto para morir, y más todavía que haya sufrido tanto en vida. Me quedo con un mal sabor de boca al no haberse realizado lo que yo tanto quería: que él y Leah tuvieran algo diferente a la amistad. De todos modos la historia me gusta, lo sabes, y espero impaciente el final.

Ayer me lei el cap, pero no tuve tiempo de comentar, me alegro de que se solucionara tu problema con el internet, un abrazo.

deвora ♥ dijo...

MEE ENCANTAA! No puedes dejar el capitulo asi!! Ha sido impresionante el capitulo de verdad! Me ha encantado :) Y por lo visto Ian ha encontrado a Leanne :D Espero que publiques pronto! Un besazo <3

ignacia dijo...

hola soy ignacia, poco a poco comienzo a volver a mi blog, te invito a que te pases a darle una vuelta, escribo independientemente, espero que te agrade lo que veas, se agradece de todo corazon que leas este mensaje y visites
http://honestamente-yo.blogspot.com
-ignacia♥

sunshine dijo...

al fin volviste!! jaja estaba temiendo que no iba a saber el final ! aunque no hubiese querido que Dante muera fue genial la forma en que describiste su agonia y por un lado es bueno que ya no sufra mas y se reencontro con su amigo, y leanne ya esta con ian!! :00 como?? q paso ahii ?
espero el prox cap no te tardes tanto!!!
saludos

Sandriita♥ dijo...

Puta, me has hecho llorar coño con lo bien que redactas y joder, que estoy llorando :'(

Espero que la sigas pronto y el final.. que ponga eso de que Leanne tenía el nombre de Ian no lo he entendido... quiere decir que Leah estaba llorando por Ian y no porque Dante estuviera a punto de morir? Pff igualmente, me has hecho llorar.

Un besito!♥

Orne dijo...

Hola!
Andaba medio perdida con tus entradas, pero hoy me puse al dia y lei los capitulos :)
Pobre Dante!! y me sorprendiste con lo de Ian y Leanne jajaja
Que linda imagen la del angelito!

Te felicito por los 90 seguiodores! espero que sumes muchisimos mas :D

Besosss

Sandra :3 dijo...

Síguela, que desde noviembre que no subes nada, estamos ya en diciembre y QUIERO QUE LA SIGAS :'( joliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin síguela, anda, que sino monto un pollo.

ASDLKAJSDLKAJSLKDJALD oc, no hace falta que sigas leyendo mis gilipolleces, ves a seguir ya tu novela porfi! :'(

Sandra :3 dijo...

PD: Un beso que antes me he olvidado y ya había enviado el comentario xD

Gallagher † dijo...

La calidad con la que escribís,me deja sin aliento,lo juro.Te admiro,tus palabras,esa forma de describir la agonia,todo,fue perfecto.Ni un solo error.
No veo la hora de que publiques el proximo.
Exitos!

R dijo...

mE ENCANTA tu blog! te gustaría que nos siguiearamos? que dices?
saludos